
En los artículos: Psicología Electoral de las masas I y II de este semanario, estudiamos de la mano del sociólogo Gustavo Le Bon, cómo el individuo integrado en una masa, experimenta intensas modificaciones en su conducta.
Hoy, continuaremos en la misma línea de estudio, pero esta vez con las luces de Sigmund Freud. En su artículo Psicología de las masas –posterior a los estudios de Le Bon- indaga un poco más en la búsqueda del por qué el individuo que forma parte de una masa psicológica, logra intensificar su afectividad, se desinhibe y su egoísmo encuentra coto. Los efectos en la psiquis del individuo cuando forma parte de una masa, tienen una importancia central en el camino al socialismo.
Extraeremos lo mas valioso de los estudios de Le Bon y Freud, para indagar en eso que ellos llamaron el alma colectiva. Comprenderla, podría significar para la Revolución Bolivariana la superación del carácter impulsivo, irritable y poco perseverante de las grandes masas e ir tras una organización social que nos regrese el sentimiento de pertenencia y del deber.
DEL IMPULSO ESPONTÁNEO A LA ORGANIZACIÓN
Le Bon y Freud coinciden en que, en determinadas circunstancias, la moralidad de las multitudes puede resultar más elevada que la de los individuos que la componen. Por ejemplo, un antisocial pude sentirse motivado a un cambio de actitud si existe un entorno favorable que lo absorba.
También coinciden en que sólo las colectividades son capaces de un gran desinterés y alto espíritu de sacrificio: “…el interés personal, que constituye el único móvil de acción del individuo aislado, no se muestra en las masas como un elemento dominante sino en muy contadas ocasiones…”
Esta es la primera lección para los revolucionarios. No se ha preguntado usted ¿por qué las marchas y movilizaciones de la oposición venezolana son tan escasas en convocatoria y frecuencia, y a pesar de ello su fuerza electoral es casi pareja a la del chavismo?, ¿por qué los 5 millones de votos de la oposición no se modifican a pesar de las grandes movilizaciones del chavismo que nos dan la sensación de amplia ventaja?
Tomando la enseñanza de estos estudiosos de la psiquis, lo primero en que debemos diferenciarnos de la oposición, es que en esencia, ellos solo trabajan en ese interés personal del que hablan Le Bon y Freud, y que hoy se expresa en el voto aislado. Mientras que la revolución, en esencia debería trabajar necesariamente en la movilización, pues es la mejor forma en que las mayorías logran vencer el egoísmo, sentir desinterés y sacrificio.
Ahora bien, ¿qué tipo de movilización es la que requerimos, cómo trascender a la movilización constituida a la velocidad del rayo, y disuelta de igual forma? Veamos lo que nos dice Freud: “…es condición necesaria que entre los individuos exista algo común, que un mismo interés los enlace en un mismo objeto, que experimenten los mismos sentimientos en presencia de una situación dada…y que posean…la facultad de influir unos sobre otros. Cuanto más enérgica es esta homogeneidad mental, más fácilmente formarán los individuos una masa psicológica y más evidentes serán las manifestaciones de un alma colectiva…”
A nuestro parecer, el único interés común que permanece en el tiempo es: el trabajo para la sociedad. No es un capricho de unos sectarios pedir que los medios de producción estén en manos del Estado. En el caso de Venezuela, para que las masas participen de esta alma colectiva de la revolución es necesario que las grandes industrias de la manufactura, los alimentos y los servicios estén en manos del Estado.
Algunos han propuesto que para construir el socialismo en Venezuela, es suficiente con preservar la industria petrolera y las industrias básicas, pero resulta que la mano de obra empleada por este sector es mínima, mientras que el alma colectiva del país, sigue bajo el interés personal de los capitalistas. Sin movilizar, sin marchar, sin hacer grandes esfuerzos, la oposición sigue hegemonizando el alma de muchos.
LA NECESIDAD DEL JEFE, DEL LÍDER
Freud encontró que existen multitudes efímeras y multitudes duraderas, y se cuestionó acerca de los factores que facilitan su preservación. Descubrió que la diferencia entre las efímeras y las duraderas es que las primeras no poseen jefe y las segundas sí. Esta observación de la psicología de las masas es muy importante para la preservación de la Revolución en el tiempo. Despeja del camino las teorías anarcoides cuyo lema es nadie manda a nadie o nadie enseña a nadie, que le quitan la posibilidad de organizarse en circunstancias favorables y de preservarse en circunstancias de peligro.
Adicionalmente Freud observó que una masa psicológica duradera es homogénea en ideas, necesita de coerción externa y tienen un alto grado de organización. En términos políticos podríamos decir que para que las masas revolucionarias permanezcan cohesionadas, necesitan del jefe, de una ideología, de un partido y de una organización.
Como Freud no era un político sino un medico psiquiatra, escogió dos organizaciones que le eran propicias para describir las particularidades de su estabilidad: la Iglesia y el Ejército. Ambas poseen un alto grado de organización que las protege de la disgregación.
Nos dice: “…En la Iglesia y en el Ejército reina…la ilusión de la presencia visible o invisible de un jefe (Cristo en la iglesia católica, y el general en jefe, en el Ejército), que ama con igual amor a todos los miembros de la colectividad. De esta ilusión depende todo, y su desvanecimiento traería consigo la disgregación…”
Freud sostiene que la Iglesia se vale del pensamiento de que Cristo es un bondadoso hermano mayor o una sustitución del padre. Este aliento anima a la igualdad de todos los fieles, pues todos son participes del amor de una especie de gran familia.
De forma análoga dice Freud, que en el Ejército desde el punto de vista de la estructura, cada capitán es el general en jefe y el padre de su compañía, y cada suboficial el de su sección. Esta necesidad de sustitución de la figura paterna que nos ha legado la familia autoritaria del capitalismo, hace que el socialismo en sus orígenes, necesite de líderes carismáticos capaces de conservar las masas en torno a ellos, y por su puesto, en torno a la materialización de las ideas socialistas. Muchos niegan la necesidad de esta fase inicial, menospreciándola como hiperliderazgo y similares.
Pero un jefe no puede ser cualquiera que se proclame, no puede ser un Carmona Estanga por ejemplo. Nos dice Freud: “…es preciso que posea determinadas aptitudes personales. Deberá hallarse fascinado por una intensa fe (en una idea) para poder hacer surgir la fe en la multitud. Así mismo, deberá poseer una voluntad potente e imperiosa, susceptible de animar a la multitud carente por si misma de voluntad…”
Nosotros agregaríamos, que el líder debe estar consciente de las necesidades de su tiempo histórico, que sepa que sin la superación del lucro, de los intereses personales y del egoísmo, la especie está destinada a extinguirse.
En resumidas cuentas, entre las muchas contribuciones de Freud a la humanidad, los bolivarianos le agradecemos el esclarecimiento de que la mejor campaña electoral es aquella que moviliza las masas en torno a ideas homogéneas y en torno a un líder. Para cerrar nos regala un excelente slogan: “…El egoísmo solo encuentra un límite, en el amor a otros…”
Fuentes:
Freud, Sigmund (1921) Psicología de las masas. Sigmund Freud Obras Completas Volumen I, pag 1140-1179. Editorial Biblioteca Nueva Madrid, 1948.