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Cuenta Salvador Allende en su escrito titulado El primer encuentro con Fidel y el Che, que cuando conoció al Che, le dijo: “Comandante”. En seco el Che le contestó: “Mire Allende, yo sé perfectamente bien quién es usted. Yo le oí en la campaña presidencial del ´52 dos discursos: uno muy bueno y uno muy malo. Así que conversemos con confianza, porque yo tengo una opinión clara de quién es usted”.

Ese golpe de sinceridad hubiese ofendido a cualquiera. Pero Allende desde ese instante, sintió afecto, respeto y de inmediato lo consideró su amigo.

Hasta el final de sus días, guardó como uno de sus mayores tesoros, una edición de La guerra de guerrillas cuya dedicatoria rezaba: “A Salvador Allende, que por otros medios trata de obtener lo mismo. Afectuosamente, Che.”

Allende ante esta sentencia, reflexionó diciendo: “Había diferencias, indiscutiblemente, pero formales. En el fondo, las posiciones eran similares, iguales” (1).

Esas diferencias fueron las que permitieron a la Revolución Cubana de Fidel y el Che, sobrevivir más de 50 años y a la vía chilena de Allende, le dieron solo tres años intensos de vida.

Llevar a cabo una Revolución por la vía pacífica tiene sus argumentos y su mecánica. A continuación veremos el ejemplo más cercano que tiene la Revolución Bolivariana, de una Revolución Socialista que trata de mantenerse en el poder dentro del juego “democrático” electoral.

CAMISA DE FUERZA POST ELECTORAL

Más de tres millones de chilenos el 4 de septiembre de 1970, fueron a depositar su voto para elegir el presidente. Pero ninguno de los candidatos logró la mayoría absoluta, así que al Congreso le tocó decidir quién debía ascender al poder.

La tradición hasta ese momento era escoger al que había logrado la ventaja de los votos, pero como Allende no representaba los intereses de la mayoría del congreso, decidieron tramitar un Estatuto de Garantías Democráticas.

Este estatuto era un documento más simbólico que de fondo. No alteraba el discurso constitucional sino que más bien, buscaba reafirmar la legalidad vigente, protegerla y perpetuarla. Por ejemplo encontramos cosas como estas:

“… 2) Sustitúyase el artículo 9° por el siguiente: Artículo 9°: La Constitución asegura a todos los ciudadanos el libre ejercicio de los derechos políticos, dentro del sistema democrático y republicano….”(2)

A cualquier oído, esta sustitución de un artículo por otro le sonaría muy bien, hasta conveniente. Pero indagando un poco más, nos damos cuenta de que su implicación directa era la preservación de la democracia representativa y la estructura del sistema electoral burgués. Es decir, elecciones regidas por el marketing, que al terminar no dejan saldo organizativo y donde los elegidos no tienen que volver a dar la cara directamente a sus electores nunca más. Sistema electoral para preservar el capital.

Dos semanas antes de que Allende asumiera el poder, el congreso le diseñó un arnés electoral a la medida de la democracia capitalista que querían preservar. La única forma de zafarse de él, hubiese sido romper o violentar, esa legalidad.

Pero en el primer mensaje al Congreso Pleno, Allende, ratificaba su fe en la convivencia pacífica con los enemigos: “…del Congreso depende, en gran medida, que a la legalidad capitalista suceda la legalidad socialista conforme a las transformaciones socioeconómicas que estamos implantando, sin que una fractura violenta de la juridicidad abra las puertas a arbitrariedades y excesos que, responsablemente, queremos evitar…”(3). 

A CADA ELECCIÓN LE SUCEDE UN ACTO VIOLENTO

El sistema electoral burgués corroe las revoluciones pacíficas socialistas. Para demostrarlo veremos cómo cada vez que ocurrían comicios electorales en la Revolución chilena, precedían actos violentos.

Si los resultados eran favorables a la oposición, se envalentonaba el fascismo y avanzaba el terrorismo. Pero si los resultados no eran favorables a la oposición, el resentimiento y la desventaja los llevaba también a cometer actos violentos. Lejos de calmar las contradicciones de clases sociales, las elecciones burguesas dentro de una Revolución Socialista, parecen ser el caldo de cultivo perfecto para la violencia y los golpes de Estado.

Veamos la cronología de los comicios electorales y los actos violentos en la Revolución pacífica de Allende:

4 septiembre 1970: elecciones presidenciales. Más de tres millones de votantes participan dando la ventaja muy corta a Allende seguido de Alessandri.

1 mes después: el 22 de octubre del mismo año, un comando derechista trata de secuestrar al Comandante en jefe del ejército, General René Schneider, para que la conmoción incline al Parlamento en contra de Allende. Los terroristas disparan contra Schneider, quién muere a los pocos días.

4 de abril de 1971: comicios municipales para cubrir 1.653 cargos de alcaldes y regidores en 280 comunas. En esta oportunidad el partido del gobierno obtuvo una estrecha ventaja con el 49,7% de los votos, mientras que la oposición obtuvo 47,6. Es decir una ventaja de apenas 2 puntos.

2 meses después: el 8 de junio de ese año, asesinan al ex ministro del interior Edmundo Pérez. Se decreta estado de emergencia en Santiago.

15 de enero de 1972: elecciones complementarias en las provincias de O´Higgins, Colchagua y Linares. Triunfa la oposición, que elige a un senador y a un diputado.

1 mes después: la oposición aprovecha el triunfo para avanzar. Violenta la legalidad socialista implantada recientemente. Para ello el congreso sanciona el 9 de febrero una reforma constitucional que impide al gobierno de Allende, estatizar industrias o empresas sin autorización de la legislatura.

17 de julio de 1972: elecciones complementarias para designar un diputado por Coquimbo. Triunfa el gobierno.

1 mes y medio después: afortunadamente el gobierno logra frustrar un golpe de Estado encabezado por el general Alfredo Canales.

4 de marzo de 1973: elecciones para renovar la totalidad de la cámara de diputados y parte del senado. Aunque el partido del gobierno logra la ventaja, ha perdido 7 puntos del electorado con respecto a las elecciones de 1971. La tendencia alcista de los votos que había apoyado hasta ese momento a la Revolución, ha cambiado.

15 días después: comienza una cadena de actos violentos, comenzando con la renuncia de tres ministros militares, una huelga en las minas de cobre, el asesinato de un sindicalista, saqueos en la capital y el intento de asesinato del General Prats, uno de los Generales más prominentes de la Revolución.

Las elecciones del 4 de marzo de 1973, dieron el campanazo al fascismo de que la Revolución ha comenzado a perder su fuerza en las urnas.  Ha llegado el momento de la fase cruenta de los “demócratas”. 

Allende se inmoló, para demostrarnos que las revoluciones pacíficas, no existen.

EPÍGRAFE

Las elecciones no son un pacto inmutable cuando la derecha tiene la desventaja en el poder. Aunque siguen el juego electoral, está claro que solo lo hacen por un tiempo limitado.  

Es importante para la Revolución Bolivariana superar el sistema electoral burgués. Trascender el voto aislado y esporádico, por un voto que conforme mallas organizativas: que amarren la parroquia con la asamblea nacional. Voto para integrar a la sociedad.

El  cambio de la democracia republicana o representativa a un sistema electoral socialista, nos permitirá preservar la Revolución.

Deberíamos explicar con mayor influencia que las elecciones burguesas, se han convertido en un mecanismo de dominación tan fuerte como lo son los medios de difusión.

Al mismo tiempo de ir sustituyendo este sistema, debemos convencer a las mayorías de que las elecciones burguesas no son un poder supra social y que tal como están planteadas solo contribuyen a ablandar los mecanismos de integración que incipientemente está fundando la Revolución. Este ablandamiento abre la puerta al fascismo, a los golpes de estado.

¡Avancemos hacia un sistema electoral socialista!

Fuentes:  
(1)Jorge Timossi (2007) Fascismos Paralelos, El Golpe de Estado en Chile. Ocean Press. Pagina 69 al 73.
(2)http://www.salvador-allende.cl/Unidad_Popular/Estatuto%20de%20garantias%20democraticas.pdf
(3) MINCI (209) La vía Chilena al socialismo, Salvador Allende. Publicaciones Minci, Caracas, Venezuela. Pagina 81.