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Un mega plan de reactivación económica ha sido anunciado el día del trabajador por la Revolución Bolivariana. Este plan incluye la creación de 3,5 millones de puestos de trabajo en los próximos 8 años a través de la construcción de 2 millones de viviendas. Parecen caminos inéditos y soplan vientos de optimismo.

A continuación estudiaremos cómo llegamos a esta encrucijada y cómo este modelo socioeconómico ha sido aplicado en la historia reciente. Veremos cuál teoría lo sustenta y sus expectativas.

Más allá de las cifras, tal como está planteada la reactivación económica de la Revolución, obtendremos desenlaces sin sorpresas, habremos dado una vuelta en círculo de regreso al capitalismo.

DE DÓNDE VIENE LA EXPRESIÓN “ESTADO DE BIENESTAR”

Aunque la Revolución no utiliza ceñidamente esta expresión, recientemente maneja una bastante similar: El Buen Vivir.

El auge de la expresión Estado de Bienestar se remonta a 1945, luego de la devastadora guerra mundial, donde la recesión económica y el hambre estaban a la orden del día. Al conjunto de medidas macroeconómicas de reactivación económica se les conoció como Estado del Bienestar moderno.

John Keynes, economista británico, propuso la intervención monetaria del Estado para reactivar los mercados. Pero este arbitraje debía garantizar el resguardo de los capitalistas que habían financiado 6 años de guerra. Para lograrlo necesitaron de un gran pacto entre los políticos, los empresarios y la fuerza humana del trabajo. Keynes proponía un método de restablecimiento de las relaciones capitalistas lo más rápido posible y con la menor conflictividad.

Sus slogan principales fueron: lograr “el pleno empleo” para las masas trabajadoras y “el fortalecimiento del sistema democrático” como sistema de consenso.

Entre los políticos se encontraban por un lado, los socialdemócratas o aquellos que querían ir hacia el socialismo pero sin conflicto entre ricos y pobres, y por el otro, los conservadores defendiendo a los grandes capitalistas y los empresarios. Ambos bandos aparentemente distintos, encontraron beneficioso el pacto keynesiano. Desde un punto de vista conservador el beneficio del Estado del Bienestar era que dentro de ese consenso social los empresarios podrían seguir enriqueciéndose y, desde el punto de vista de los socialdemócratas, el beneficio del gran pacto keynesiano era un supuesto avance lento pero seguro, y sin conflictos bélicos, hacia al  socialismo .

Todos marcharon felices y contentos en una especie de tercera vía. Su edad dorada fue entre los años 50 y 70.

QUÉ OFRECÍA EL PACTO KEYNESIANO Y QUÉ LE CORRESPONDÍA HACER AL ESTADO

El primer objetivo era aumentar el PIB ya que la economía estaba en recesión luego de la guerra. Para ello era necesario un clima de paz laboral, es decir, grandes masas de obreros dispuestos al trabajo con la menor conflictividad. El pacto ofrecía a las masas trabajadoras pleno empleo, inamovilidad laboral, aumentos salariales anuales, servicios de salud pública, pensiones de jubilación, educación gratuita para los hijos, ayudas para la vivienda y una participación limitada de los sindicatos en las negociaciones colectivas.

Por su parte el Estado actuaba como impulsor y garante de que todas las partes respetaran el acuerdo de “convivencia”. El Estado keynesiano debía actuar como proveedor y coordinador de las provisiones, es decir, aportaba dinero, divisas, materias primas, etc., pero también las repartía y velaba por la conformidad de todos.

Durante estos años se desarrollaron las Leyes del Trabajo y de la Seguridad Social. Hasta aquí todo suena perfecto. Entonces en ¿por qué fracasan los pactos entre capitalistas y socialdemócratas?

¿MORIR DE ÉXITO?

El pacto no fue suficiente en aquel momento. No era un problema de buena voluntad o de control de las malas conductas de algunos capitalistas y de algunos socialistas “light”. El problema fue y seguirá siendo el sistema de acumulación y la forma egoísta en que se relacionan los hombres.

Por un lado, el modelo de crecimiento vigente post 2da guerra, se había agotado. Aunque las masas consumían, este consumo no era suficientemente grande como para generar mayor acumulación de capital. Las monedas del Reino Unido y de los EEUU comienzan a derrumbarse. No era posible crecer más, acumular más, sin romper las reglas del juego. Fue entonces cuando las agallas del sistema capitalista decidieron eliminar el patrón oro. Uno de los principales actores había abandonado el pacto. La inflación galopaba.

Adicionalmente entre 1970 y 1972, transcurrieron 3 años de malas cosechas de cereales a nivel mundial. Era el inicio de los cambios climáticos aunque aún no se hablaba de ello. Los precios de los alimentos aumentaron y el hambre regresaba.

El Estado había delegado a los empresarios privados gran parte de las relaciones laborales. Ya que existían las leyes, la seguridad social, los aumentos salariales y un PIB estable parecía no hacer falta más nada. Con la llegada de la crisis, el llamado Estado de Bienestar, el pacto con las masas era económicamente insostenible. El sostenimiento del pleno empleo y de la seguridad social, pasó a ser una carga y comenzó a hablarse de una “crecimiento explosivo del gasto público estructural”. Las empresas comenzaron a endeudarse para sobrevivir a la crisis, comenzaron a reducir sus nóminas, regresó el desempleo.

El modelo capitalista no había cambiado, estaba de nuevo en crisis.

LO QUE TRAJO EL FRACASO DE LA TERCERA VÍA

Las demandas salariales de los sindicatos frente al Estado y frente a los empresarios trajeron huelgas y demostraron que el gobierno tenía poca influencia sobre las masas. El último eslabón del pacto abandonaba el Estado de Bienestar.

El gobierno del partido socialdemócrata laborista de 1974-79 fue uno de los más conflictivos en la historia británica y obligó al gobierno a negociar un préstamo con el Fondo Monetario Internacional para paliar los desajustes internos.

La crisis capitalista internacional de principios de los años setenta detuvo la prolongada fase de expansión económica, hizo a un lado las políticas keynesianas y abrió paso a la fase más agresiva las clases dominantes.

El pacto quedaba sin efecto y la ofensiva capitalista tomó la ventaja del nuevo desequilibrio, adoptó la forma del modelo neoliberal global con el triunfo electoral de Margaret Tatcher en Gran Bretaña, quien sintetizaba la política de liberalización económica y de venta de los activos del Estado. Thatcher ganó tres elecciones generales consecutivas. Todas ellas con mayoría absoluta. 

POR QUÉ NO SIRVE EL KEYNESIANISMO PARA LLEGAR AL SOCIALISMO

La propuesta de pacto keynesiano llega al gobierno revolucionario tras casi 5 años de avance de socialización de diversos medios de producción. Las nacionalizaciones y expropiaciones han abarcado diversas empresas, desde aquellas dedicadas al sector alimentos, pasando por la telefónica, la electricidad, hasta grandes cadenas hoteleras y el sector conexo de la petrolera.

La consolidación del sector económico estatal no ha sido tarea sencilla. La clase obrera aún tiene dificultades para organizarse nacionalmente. Muchos obreros al carecer de dirección política revolucionaria, son presa de la pequeña burguesía que propone la autogestión de las empresas, que termina transformando los obreros en nuevos empresarios y colocando la producción o los servicios, a competir con las trasnacionales que operan en el país. Muchos trabajadores incluso se sindicalizaron para exigir el regreso de la propiedad no social. Por lo tanto, el avance en lo económico ha estado desfasado del avance de la organización política revolucionaria.

Paralelo a este desfase durante el 2009 y 2010, el impacto de la caída de los precios del petróleo y el aumento del precio de los alimentos importados ocasionó retrocesos en el PIB e inflación por especulación de los precios.

La volatilidad de los precios del petróleo, la falta de organización revolucionaria, la incipiente economía socializada y las presiones de la burguesía nacional importadora colocó al gobierno revolucionario en un dilema: o confiar en el Socialismo para resolver los problemas, o regresar al “puerto seguro” del capitalismo, ahora keynesiano.

El capitalismo, con los atenuantes que se quieran, no puede resolver los problemas que él mismo creó, siempre terminará en una crisis en la cual los ricos saldrán en últimas cuentas beneficiados, y el resto de la población sumida en la miseria.

La crisis, la coyuntura debe aprovecharse para avanzar, nunca para retroceder. Es oportuno recordar la advertencia, el pensamiento del Che: “no usar las armas melladas de capitalismo para construir el Socialismo, so pena de retroceder”. Recordemos que estas palabras premonitorias vaticinaron la caída de la Unión Soviética y comprenderemos la seriedad de la advertencia. La Misión Vivienda debe alentar el trabajo voluntario para plantear la verdadera batalla contra el sistema, contra las recetas capitalistas que nos conducen al fracaso.