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La posibilidad de participación de las clases populares en la vida política es una de las características más relevantes de nuestro tiempo.

El inicio del sufragio universal como arma de consenso político, convirtió los métodos de persuasión de las masas electoras en un arma de doble filo. Por un lado, las elecciones surgieron como herramienta de contención y consenso de millones de descontentos, y por otro, terminaron convirtiéndose en una fuerza capaz de convertir a las clases populares en sus propios verdugos.

Gustave Le Bon, médico, etnólogo, psicólogo y sociólogo francés, publicó el libro Psicología de las masas*, preocupado por el efecto de los incipientes procesos de manipulación psicológica con fines electorales y políticos. Era 1895 y Sigmund Freud apenas iniciaba la vida pública, con la publicación del libro Estudios sobre la histeria

Señalaremos algunos de los conceptos de Le Bon para comenzar el estudio del tema electoral como aparato de dominio del sistema capitalista. La Revolución Bolivariana aún presa de las elecciones capitalistas, debe indagar de los procesos inconscientes a los cuales somos sometidos, así podrá deslastrarse y fundar la nueva civilización.

El ocaso del capitalismo comienza a expresarse con brotes de anarquía o ingobernabilidad. En algunos países se expresa en lo económico con desabastecimiento de alimentos, o con deudas y créditos impagables, y en otros países se expresa con desajustes climáticos y millones de desplazados. A pesar de todos estos síntomas de decadencia, las ideas del sistema están muy arraigadas, mientras que las nuevas ideas, aún están en proceso de implantación.

El sistema se defenderá con uno de sus principales bastiones: las elecciones. El asunto es si la transición nos llevará al socialismo, o nos traerá el más profundo fascismo, el último de la especie.

AFIRMACIÓN REPETICIÓN Y CONTAGIO

Ya conocemos la máxima: una mentira dicha mil veces se convierte en verdad. Pero estudiémosla un poco más y veamos otras de sus implicaciones. Según Le Bon, cuando se quiere inculcar una idea de forma duradera en las mayorías, debe utilizarse la cadena: afirmación-repetición-contagio.

Cuando hablamos de afirmación nos referimos a una sentencia pura y simple, libre de toda justificación, razonamiento o prueba. La afirmación, es uno de los medios más seguros de hacer que una idea se abra paso en la mente de las masas. Mientras más concisa sea la afirmación, mayor peso tendrá.

Pero una afirmación no tiene influencia real a menos que sea constantemente repetida muchas veces y en los mismos términos. Al cabo de cierto tiempo, los receptores habremos olvidado quién fue el autor de la afirmación y sin ofrecer mucha resistencia terminamos creyéndola, sino totalmente, al menos habrá sembrado la duda.

 Si siempre leemos en los mismos diarios que A es un corrupto total y que B es un hombre absolutamente honesto, terminamos convencidos de que es verdad, a menos que, otro diario de tendencia contraria nos ofrezca otra  información. Sólo la afirmación y la repetición son lo suficientemente poderosas como para combatirse mutuamente.

Cuando una afirmación ha sido suficientemente repetida y hay unanimidad en esta repetición, se forma lo que se llama una opinión establecida a través del poderoso mecanismo del contagio. Las ideas, los sentimientos, las emociones y las creencias poseen en las masas un intenso poder de contagio. La imitación, a la que se le atribuye los fenómenos sociales, no es, en realidad, más que un simple efecto del contagio.

Citemos textualmente a Le Bon: “…El hombre, como los animales, posee una tendencia natural a la imitación. La imitación es una necesidad para él, siempre que la imitación sea bastante fácil. Es esta necesidad lo que hace tan poderosa la influencia de lo que se llama la moda. Tanto si es cuestión de opiniones políticas, ideas, manifestaciones literarias, o simplemente de vestimentas, ¿cuántas personas son lo suficientemente audaces para ir en contra de la moda? Las masas son guiadas por ejemplos y no por argumentos. En todo período existe un pequeño número de individualidades que actúan sobre el resto y son imitados por la masa inconsciente…”

Como vemos el efecto de la imitación podría ser utilizado en sentido positivo revolucionario. De igual forma que los valores de la ostentación y la vanidad están a la orden del día, los valores contrarios podrían ser inoculados en la masa al ser portados por los dirigentes bolivarianos. Una vida sin símbolos de lujo y poder, haría sospechar a las mayorías de que quizás, sea posible vivir sin ellos. Los dirigentes revolucionarios de rango alto y medio, podrían dar nuevos esquemas referenciales si decidieran actuar sin el traje de corbata, sin la escolta, sin la camioneta 4X4 o sin un comité de protocolo. La imagen de austeridad estaría más acorde con los tiempos de transición mundial de los que hablábamos al comienzo del artículo. 

El contagio es tan poderoso que impone a ciertos individuos no solo opiniones sino también sentimientos, entonces ¿por qué no utilizar estas herramientas, el contagio de lo positivo, de lo revolucionario, a nuestro favor y de forma honesta? 

Es un reto por parte de los comunicadores de la revolución, reforzar la imagen de austeridad de forma que sea asociada con la simplicidad, el orden, la frescura, la esperanza, y no con el caos que caracteriza a la miseria o la repugnante suntuosidad capitalista.

Estos nuevos símbolos de austeridad podrían sentar las bases de nuevas campañas electorales e imágenes institucionales de la revolución. Al mismo tiempo permitiría contrarrestar la campaña de desprestigio en torno a la corrupción que se ha venido inculcando en las masas por los medios opositores y que ha tenido relativo éxito.

LAS CREENCIAS DE LAS MASAS

Las grandes creencias permanentes de las masas perduran por varios siglos y sobre ellas toda civilización puede descansar. Así, durante el feudalismo era aceptado tener negros e indios como una propiedad personal y esa creencia sostuvo el régimen económico de la época.

Las grandes creencias generalizadas son pocas. Es difícil implantarlas, pero al hacerlo es igualmente difícil desarraigarlas. Por eso al arribo de la Revolución Bolivariana algunos conceptos se tambalearon: propiedad privada, propiedad personal, propiedad social, internacionalismo, etc. El Socialismo planteó una nueva manera de hacer las cosas, pero como revolución pacífica al fin, para imponerse en el tiempo libra una lucha interna aparentemente no bélica.

El sistema sabe que de retomar el poder dará paso a su peor faceta cruenta. La necesita para estabilizar nuevamente el régimen de creencias. Entendido esto, podemos decir que una afirmación electoral de los bolivarianos debería ser, Chávez es garantía de vida. Debe ser repetida hasta el contagio.

Citemos nuevamente a Le Bon: “…Pero hasta ahora, una nación jamás fue capaz de cambiar sus creencias sin quedar al mismo tiempo condenada a transformar todos los elementos de su civilización. La nación continúa este proceso de transformación hasta que da a luz y acepta una nueva creencia general. Hasta este punto, estará forzosamente en un estado de anarquía. Las creencias generales son los pilares indispensables de las civilizaciones; determinan la tendencia de las ideas. Sólo ellas son capaces de inspirar la fe y de crear un sentido del deber…Estas creencias y costumbres regulan los más pequeños actos de nuestra existencia y el espíritu más independiente no puede escapar a su influencia…”

Al acercarse las elecciones bombardearán nuevamente nuestras imprecisiones en el sistema de creencias. La principal de ellas es, la supuesta necesidad del empresariado privado para llevar adelante la economía del país y del mundo. De lo anterior se desprende una especie de sálvese       quien pueda, el prestigio de las salidas individuales y egoístas. Muchos creemos que no. Que esa creencia en el futuro, será comentada con asombro, como quien habla de un absurdo. Sin embargo, muchos sienten miedo de abandonar la comodidad de un jefe millonario que paga los quince y último. Así que otra afirmación electoral podría ser, en Socialismo nadie está abandonado, todos nos cuidamos. Repitámoslo hasta el contagio.

Es urgente la formación de equipos que estudien la psicología electoral de las masas. El enemigo tiene centros de manipulación de las almas, es necesario fundar equipos que le hagan frente. Es una guerra y debemos ganarla.

Fuentes:

* Gustave Le Bon, Psicología de las masas, Estudio sobre la psicología de las multitudes, Primera edición francesa: 1895 Buenos Aires – 2004
**Gustave Le Bon, El Hombre y las Sociedades 1881 – Vol II pág. 116.