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A continuación estudiaremos el texto Bolívar Acción y utopía del hombre de las dificultades, de Miguel Acosta Saignes*, desde la perspectiva del poder movilizador del ejemplo de los dirigentes y de la justa aplicación de los estímulos morales. Veremos cómo a través de estas dos armas fue, y sigue siendo posible, movilizar a la masa por causas nobles.

Bolívar logró convencer a aquellos hombres cuya condición era la de una bestia de carga o fugitivos, de que existía otra forma de vivir. Al convencerlos, los ganó para la gloria. 

Hoy como ayer, estas mismas lanzas espirituales se hacen imprescindibles. Sólo ellas convencerán a los incrédulos y a los dormidos del alma de que es posible salir del callejón sin salida en que nos deja el sistema capitalista. Al estudiar el texto de Acosta Saignes desde esta perspectiva,  redimensionamos el bolivarianismo, entendemos mejor al Che e identificamos la necesidad de hacer ofrecimientos no monetarios a la masa chavista, que los siga enamorando del Socialismo.

DE FUGITIVOS AL PASO DE LOS ANDES

Antes de la independencia, los Llanos servían de refugio a esclavos fugitivos, a negros libres perseguidos, a pardos acusados justa o injustamente de transgresiones a las leyes y a indígenas rebeldes. Todos ellos, se alimentaban del ganado cimarrón, o ganado silvestre del que se podía disponer al cazarlos. Aunque la tierra era de los grandes latifundistas, no había cercas en aquellos inmensos terrenos y el ganado se criaba suelto en el llano. En esas pequeñas comunidades de fugitivos y rebeldes, se cultivaban conucos y frutos que completaban la alimentación, de todos modos asegurada con una provisión inagotable de carne. Estas condiciones no habían cambiado luego de la caída de la Primera República en 1812.

En el Oriente venezolano, pululaban entonces refugiados mulatos franceses, establecidos en nuestro país y en Trinidad, de origen corso sobre todo, y por consiguiente ardientes bonapartistas, creaban ambiente de revolución junto a los criollos. Estos estaban siendo liderados por Mariño.

A fines de 1813 comenzaron a moverse tropas de Mariño hacia el centro, a través del Llano. El Ejército Libertador se organizó sobre una base humana que incluía: mulatos y negros antillanos, esclavos de algunos lugares del Caribe, gentes de aventura que expresaban inadaptaciones sociales al sistema colonial, esclavos de Mariño, los hacendados de Güiria y los refugiados del llano.

Por otra parte, las rentas de la República nunca fueron muy cuantiosas, ni aun bajo el régimen español.

El secretario de Hacienda, Antonio Muñoz Tébar, en septiembre del año 1813, había redactado un informe que mostraba que en la Tesorería Nacional solo habían 264 pesos y en la Administración de la Renta del Tabaco 6.700 pesos con tres reales. Aunque Bolívar tenía la ventaja de tener bajo su dominio el puerto de La Guaira, los ejércitos españoles en acción en bastos territorios, dificultaban la obtención de remesas del comercio con el Caribe. Después de señalar los escasísimos recursos monetarios del incipiente tesoro público, decía: “…Resultados más tristes aún se ofrecen para lo futuro, y si ahora que confiscados los bienes de los españoles y canarios, recibidos donativos de todas partes, no hay absolutamente con qué  sostener la guerra, cuenta V.S. con una disolución total del ejército y del Estado dentro de muy breve…”

Estos eran los recursos económicos y las condiciones de la masa sobre los cuales Bolívar comenzó la construcción del Ejército Libertador en 1813.

LOS ESTÍMULOS MORALES DE BOLÍVAR

Como vimos la situación no era favorable a Bolívar en ese momento. Si hubiesen existido las elecciones en esa época, seguro hubiera perdido. Pocos apostaban por el éxito de la empresa libertaria que ya mostraba un plomo en el ala con la caída de la Primera República. Bolívar comenzó a crear los estímulos morales para su ejército incipiente, que no estaba acostumbrado a la disciplina pero que tenía grandes retos por delante.

El 14 de octubre de 1813, creó el título de Libertador de Oriente. Su efecto no se hizo esperar, junto con las fuerzas de occidente, con Mariño, Sucre, Piar, se libró al litoral de los realistas.

El desinteresado patriotismo de los venezolanos libres y el heroísmo de tantos militares, sin el estímulo de la paga ni la ambición de los ascensos, hizo concebir al general en jefe, una orden militar con el título de Libertadores de Venezuela, por el decreto del 22 de Octubre de 1813, creada para condecorar a los militares granadinos y venezolanos que la liberaron y a los que se hagan acreedores en la presente campaña a la misma condecoración”. Para obtenerla era preciso haber vencido tres veces por lo menos. El artículo 3ero. de la regulación enumeraba los atributos de los galardonados: serán tenidos en la República y por el Gobierno de ella como los bienhechores de la patria; llevarán el título de beneméritos, tendrán siempre un derecho incontestable bajo las banderas nacionales…”.

O´Leary amplía ese concepto así: ...“muy pocos han poseído el don de excitar sentimientos generosos y laudable entusiasmo en el corazón de los demás en tan alto grado como Bolívar. Por ejemplo, las honras fúnebres de Girardot pertenecen a tiempos y pueblos que han desaparecido; sin embargo, fueron calculadas para despertar en la ocasión el espíritu de emulación entre los soldados republicanos. La institución de la Orden de los Libertadores no fue el mero engendro de la vanidad militar, sino también una medida de alta política y de economía. Las rentas de la República nunca fueron muy cuantiosas, ni aun bajo el régimen español; y desde que se organizaron ejércitos y crecieron excesivamente los gastos de una guerra destructora, apenas pudieron sufragarse con las entradas del erario. Con aquella condecoración se premiaron los grandes servicios militares, sin causar erogación alguna del tesoro. A veces otorgó Bolívar recompensas de carácter muy especial, como el uso de un batallón que había tomado parte en la batalla de Barquisimeto durante la segunda parte de la Campaña de 1813. Estaban a punto de triunfar los patriotas cuando sin razón aparente un batallón produjo una desbandada que condujo a la derrota. Bolívar sancionó a los culpables, llamando a su unidad batallón Sin Nombre. Pero se comportaron tan valientemente en la siguiente batalla de Araure, el 5 de Diciembre de 1823, que los tituló Vencedores de Araure, con el correspondiente elogio público. Nunca dejó de estimular a oficiales y soldados, tanto en este año inicial de su vida militar como en los tiempos posteriores. Trataba de compensar las terribles privaciones a que se veían sometidos los ejércitos, con alicientes morales”…

EL TRABAJO VOLUNTARIO EN BOLÍVAR

En 1819, nuevamente Bolívar está en condiciones desfavorables. Estaba en territorio granadino, pero desde 1816 se gobernaba por las leyes venezolanas y había enviado diputados al Congreso de Angostura. Sin embargo, Bolívar con su ejemplo mantenía la tropa unida. O´Leary narra: …El ejército se componía de hombres todos jóvenes que no se impresionaban mucho de los cuidados de la vida ni de las fatigas y peligros. El mismo Presidente no había cumplido aún 36 años y gozaba de salud perfecta y de una actividad física y moral asombrosa. Nunca se le oyó quejarse de fatiga, ni aun después de arduos trabajos y de largas marchas en que no pocas veces se ocupaba en ayudar a cargar las mulas y en descargar las canoas o en otras faenas, si impropias del alto rango de primer magistrado, dignas de alabanza en el patriota ferviente y en el soldado fuerte que desatiende todas las humanas conveniencias en servicio de una causa santa. Tratándose de la salud común no había para Bolívar oficio humilde”…

EL CULTIVO DEL ESPÍRITU LES PERMITIÓ CRUZAR EL PISBA Y VENCER

Narra O´Leary El Paso de los Andes por el Ejército Libertador, forjado bajo el ejemplo y los estímulos morales de Bolívar: “…Los llaneros contemplaban con asombro y espanto las estupendas alturas, y se admiraban de que existiese un país tan diferente al suyo. A medida que subían y a cada montaña que trepaban, crecía más y más su sorpresa; porque lo que habían tenido por última cima no era sino el principio de otra y otras más elevadas, desde cuyas cumbres divisaban todavía montes cuyos picos parecían perderse entre las brumas etéreas del firmamento. Hombres acostumbrados en sus pampas a atravesar ríos torrentosos, a domar caballos salvajes y a vencer cuerpo a cuerpo al toro bravío, al cocodrilo y al tigre, se arredraban ahora ante el aspecto de esta naturaleza extraña. Sin esperanzas de vencer tan extraordinarias dificultades, y muertos ya de fatiga los caballos, persuadíanse de que solamente locos pudieran perseverar en el intento, por climas cuya temperatura embargaba sus sentidos y halaba su cuerpo...Llovía día y noche incesantemente y el frío aumentaba en proporción del ascenso. El agua fría a que no estaban acostumbradas las tropas, produjo en ellas la diarrea. Un cúmulo de incidentes parecía conjurarse para destruir las esperanzas de Bolívar, que era el único a quien se veía firme, en medio de contratiempos tales que el menor de ellos habría bastado para desanimar a un corazón menos grande. Reanimaba las tropas con su presencia y con su ejemplo, hablábales de la gloria que les esperaba... Los soldados lo oían con placer y redoblaban sus esfuerzos…”

Hoy, la Revolución tiene otros retos. Superar al hombre mercancía, la nueva versión de la esclavitud. Del pueblo humilde puede, debe surgir un nuevo Ejército Libertador con suficientes motivos altruistas. No solo las satisfacciones materiales inmediatas deben guiarlos. El Paso de los Andes de hoy es la superación del capitalismo, la construcción socialista, la salvación de la especie.

Fuente:

* Acosta Saignes, Miguel (2010) Bolívar, acción y utopía del hombre de las dificultades. MPPCI. Caracas-Venezuela (www.minci.gob.ve)