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Podríamos decir que la convivencia entre el capitalismo y el Socialismo en Venezuela, se asemeja a una represa. El capitalismo, río viejo y poderoso. El Socialismo incipiente y joven, cree poder luchar contra el río en los terrenos de su caudal. Para ello, construye represas que lo contengan.

Pero cada cierto tiempo, el caudal de agua amenaza con quebrar el aparente equilibrio del embalse, rebasar los diques y destruir toda construcción. Ante el miedo de que todo se lo lleve el agua, el Socialismo cede y abre las compuertas. Pero al abrir esas compuertas, si el Socialismo construyó sobre el caudal del río, pierde su trabajo y debe volver a comenzar desde cero.

La convivencia entre ambos modelos, el jaleo pacífico de disputa de la renta petrolera está llegando a su final. Haciendo nuevamente el símil con la represa y el río, estamos en los momentos previos al rompimiento del equilibrio. Si estuviéramos jugando dominó diríamos que el juego se trancó. A continuación analizaremos las exigencias del capitalismo nacional, nuestras debilidades y fortalezas como revolucionarios y los principales actores políticos en esta arremetida económica previa a las elecciones de la Asamblea Nacional de septiembre 2010.

El capitalismo venezolano en este momento tiene varias exigencias, pero la principal y de mayor urgencia para sus intereses, es la transferencia de mayor cantidad dólares preferenciales baratos, para poder continuar  importando. Entre los principales voceros, encontramos a Fedecámaras y  a Consecomercio. Ambos lejos de representar organizaciones que coordinan el desarrollo productivo del país, no son más que cámaras privadas de importadores en Venezuela. Bajo el manto de industriales y representantes del aparato productivo venezolano, mantienen al gobierno en jaque: Si el gobierno les asigna lo que exigen, entonces dicen que el aparato productivo se destruye porque el gobierno todo lo compra en el exterior y siempre será más rentable importar que producir en el país. Si no le asigna las divisas preferenciales a su libre demanda, entonces dicen que deben buscar dólares en el mercado negro.

Presionando al gobierno para que les de infinitas divisas baratas, matan tres pájaros de un mismo tiro: primero justifican la escasez diciendo que no hay aparato productivo pues la política importadora destruye el aparato productivo nacional. Segundo, rayando en el absurdo, otros voceros justifican la escasez diciendo que no le han dado suficientes dólares preferenciales para importar, y por último, dicen que como no les dan los dólares baratos, tienen que ir a buscarlos en el mercado negro y al final los productos que venden deben expedirse a precios fuera de la banda de regulación que establece el gobierno. Lo cierto es que para los capitalistas nacionales no existe asignación de divisas suficientes que sean capaces de saciar su ambición.

Detrás de estas organizaciones empresariales encontramos al tanque pensante CEDICE (Centro de divulgación del conocimiento económico). Su Presidente Alfonso Rivas y dueño de la industria Alfonso Rivas y Cía. declaró el 10 de mayo:…”la administración de Hugo Chávez ha estrangulado el clima de negocios de los importadores, al propiciar un alza del dólar que les encarece la compra de productos en el exterior…el gobierno no ha distribuido suficientes dólares al tipo de cambio oficial para satisfacer la demanda, obligando a casi la mitad de los importadores a comprar los billetes verdes a un precio mucho mayor en el mercado paralelo…(por lo tanto) todos los productos que no puedan ser importados al tipo de cambio oficial serán conseguidos en el mercado negro y esto causará inflación”...

Ahora bien, ante tamaño chantaje, es necesario esclarecer en el campo revolucionario nuestras limitaciones económicas. No existe un fondo infinito para financiar el apetito voraz e insaciable de la oposición capitalista, que ante cada restricción, levanta sus banderas de desacato. Y si fuese verdad, que gracias al petróleo somos desde el punto de vista material todo pudientes, el planeta nos reclamaría nuestra codicia, ya no seríamos socialistas y habríamos extraviado el rumbo.

Tampoco hay un fondo infinito para satisfacer las necesidades verdaderas y ficticias de la masa. De ahí la labor de concientización de los dirigentes en materia económica acerca de cuales son nuestros límites, y si fuese el caso, de que estamos al borde de nuestra capacidad de ofertar dólares para importar, entonces, se hace necesario explicar las restricciones a las que necesariamente debemos someternos todos. Un pueblo que resistió varios meses de paro petrolero y la terapia de shock económico que éste representó, puede resistir cualquier restricción, siempre y cuando se le hable claramente, se le explique su verdadera situación. Erraríamos si nuestras campañas mediáticas exacerban el sentimiento de que la renta petrolera puede comprar el cielo y el infierno.

Otra medida de contención del capitalismo en Venezuela fue la emisión de bonos cambiarios a principio del año 2010, con vencimiento a 90 días. Este mecanismo involucró a la banca privada y generó un mecanismo juego de ruleta de especulación a través de varios procesos de reventa. En la segunda semana de mayo se aplicó nuevamente un correctivo de contención capitalista con la Ley de ilícitos cambiarios, que permitirá vender este tipo de bonos una sola vez antes de ser liquidados por el Banco Central de Venezuela.

Ante estas medidas, la oposición se muestra desafiante. Vemos por ejemplo a Juan José Molina, actual diputado de la asamblea nacional por el partido Podemos declarar que la verdadera raíz del problema económico es: “…la deficiencia de divisas para las importaciones… (es) la incapacidad del gobierno para ejercer controles eficientes. Lo van a ejercer ahora sobre el permuta, pero eso va ha generar un dólar negro que no van a poder controlar”…

Sin embargo, el coto en el otorgamiento de divisas para que las cámaras privadas importen,  las medidas de control de las bolsas de valores e incluso el control de precios como medida aislada, todas son medidas dentro del sistema capitalista, donde el Estado, solo opera como un corrector de las aberraciones más groseras del sistema hegemónico.

El último punto de ataque de los capitalistas nacionales es sobre las industrias nacionalizadas. Es allí donde la revolución puede y debe poner todas sus fuerzas sociales y políticas de control. Demostrar que una nueva conciencia es posible en el seno de industrias que se planifican centralizadamente, que es posible hacer trabajo voluntario asociado a la producción, que es posible ser eficientes y difundir ejemplo al resto de la sociedad. No podemos entregar nuestros bastiones al egoísmo local. Estas industrias deben colocarse como punta de lanza del Socialismo. Si la desidia y el abandono las acechan le estaremos demostrando al enemigo que no tenemos esperanzas.

Ante este panorama económico, existen dos escenarios posibles:

El primero, y el más cómodo, sería ofrecer más concesiones y espacios al capitalismo a través del otorgamiento de más divisas baratas para importar, y a través de la liberación de los controles de precios.

El segundo escenario es la confrontación producto de la profundización de las Zonas Socialistas. Dependiendo del camino que tomemos en esta coyuntura, llegaremos a las elecciones parlamentarias de septiembre con un pueblo fortalecido ante las dificultades o derrotado en la embriaguez de lo superfluo.