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El tema de la cultura resulta espinoso para muchos. Parece un campo destinado a la discusión entre eruditos. La cultura ha estado a través de la historia en manos de la burguesía absolutista, feudalista y capitalista. La burguesía con su hegemonía política, con la riqueza económica, con la educación y la religión en su poder, abarcó todos los espacios del espíritu del hombre.

Hoy día la Revolución Bolivariana se debate en la duda de si la cultura impulsada por el Estado, debe financiar las expresiones culturales de la dominación burguesa contrarevolucionaria. Los  argumentos de los que piensan que sí debe financiarse a estos sectores, es que los contrarrevolucionarios deben ser ganados para la revolución y que se debe respetar la libertad de creación.

No aceptan el hecho de que la cultura, si bien es una creación de la humanidad, también tiene y en gran medida, una carga de dominación. Olvidan que la cultura dominante es la de las clases dominantes y está al servicio de justificar, perpetuar y reproducir esa dominación.

Los desposeídos al tomar el poder a través de un líder y una vanguardia, constituyen una sociedad explotada y excluida de las más elevadas manifestaciones culturales, que emerge del dominio burgués en condiciones de indigencia cultural.

La cultura revolucionaria debe dirigir las pasiones y el pensamiento de la sociedad, elevarla al conocimiento y a la capacidad del disfrute de la música, de la literatura, de la poesía. De igual forma debe impulsar y potenciar los  valores de fraternidad, de convivencia entre los hombres y con la naturaleza. Esto se manifiesta en todos los órdenes de la vida social, en la urbanística, en la ciencia y en la tecnología. Dar visión integradora a la creación del hombre.

Todo en la cultura debe ser cambiado, hasta lo que no parezca importante. Por ejemplo, las ferias de los libros no deben restringirse a pequeños cubículos por casas editoriales, esta es una disposición que no es inocente, obedece a una visión de la cultura como mercancía, y cada cubículo pasa a ser una bodega, y los libros, no una creación, sino una mercancía.

 Las separaciones entre cubículo y cubículo, podrían estar dadas por temas de discusión: un cubículo que aborde el tema de la lucha interna en las revoluciones pacíficas, otro que aborde las revoluciones francesa, rusa, china, cubana, otro cubículo de teorías económicas socialistas al estilo del Gran Debate propuesto por el Che, un cubículo de biografías de los grandes hombres revolucionarios, un cubículo que abarque el tema de la sexualidad como energía liberadora del hombre, la familia y la maternidad como fuente amorosa de la sociedad socialista, y por supuesto cubículos de las artes en los campos tradicionales: música, poesía, teatro y plástica. Ferias del libro con temáticas vitales para la revolución.

La cultura como institución revolucionaria debe permanentemente dar aportes al Socialismo dentro de una gran convocatoria nacional. Las convocatorias culturales deben tener carácter de contienda del pensamiento, contiendas dramáticas, excitantes, apasionadas. Sólo dentro de estas contiendas del pensamiento convocadas por la revolución son posibles las diferencias, las diferentes visiones, porque es allí que generarán nuevas imágenes e ideas. Estos espacios de discusión abiertos por las instituciones de la cultura, son muy diferentes a financiar sectores definitivamente adversos y promotores de los valores morales de la burguesía. Porque definitivamente en la convocatoria para la construcción socialista, los escuálidos no asistirán. Ellos sólo participan cuando tienen asegurado un subsidio, su tajada de la renta.

El capitalismo ha restringido los temas socialmente medulares a pequeños grupos especializados que luego comercian y cobran cifras millonarias por sus conocimientos. A las masas y al mal llamado pueblo, sólo le  dejan las novelas al peor estilo de RCTV, los realities shows, noticieros fragmentadores de la realidad y las propagandas comerciales.

Para construir una nueva cultura, es necesario que sobreviva la revolución. Y lo primero es que los revolucionarios acepten que es necesario defenderse de los sectores reaccionarios de la burguesía. Cada sector tiene representantes: la burguesía del sector agroalimentario, la burguesía del sector bancario y financiero, la burguesía industrial y no podía faltar la burguesía en la cultura. Los coqueteos con ellas, o las llamadas políticas para la clase media, no han logrado convencer a los casi 5 millones de votantes de la oposición a apoyar la Revolución Bolivariana. No han sido suficientes los subsidios, créditos, apoyo al empresariado capitalista, nada los ha convencido que el camino al Socialismo es necesario. Sin embargo, las masas chavistas se han confundido, esperan por mayor radicalización y la diferenciación con anteriores gobiernos.

Si alguna preocupación debe embargar ahora a la Revolución es cómo diferenciarse de las formas morales y culturales de la burguesía de la 4ta, diferenciarnos de nuestros enemigos y señalar los peligros. No hacerlo sería fantasear con una Venezuela con la burguesía de nuevo en el poder político financiando proyectos socialistas en la cultura.

Veamos lo que dice Fidel en su discurso a los intelectuales en los años iniciales de la Revolución Cubana (1):

…”Aquí se señaló con acierto el caso de muchos escritores y artistas que no eran revolucionarios, pero que sin embargo eran escritores y artistas honestos; que además querían ayudar a la Revolución; que además a la Revolución le interesaba su ayuda; que querían trabajar para la Revolución y que a su vez a la Revolución le interesaba que ellos aportaran sus conocimientos y su esfuerzo en beneficio de la misma.  

Es posible que los hombres y las mujeres que tengan una actitud realmente revolucionaria ante la realidad, no constituyan el sector mayoritario de la población:  los revolucionarios son la vanguardia del pueblo.  La Revolución no puede renunciar a que todos los hombres y mujeres honestos, sean o no escritores o artistas, marchen junto a ella; la Revolución debe aspirar a que todo el que tenga dudas se convierta en revolucionario; la Revolución debe tratar de ganar para sus ideas a la mayor parte del pueblo; la Revolución nunca debe renunciar a contar con la mayoría del pueblo, a contar no solo con los revolucionarios, sino con todos los ciudadanos honestos, que aunque no sean revolucionarios —es decir, que no tengan una actitud revolucionaria ante la vida—, estén con ella.  La Revolución solo debe renunciar a aquellos que sean incorregiblemente reaccionarios, que sean incorregiblemente contrarrevolucionarios.

¿Cuáles son los derechos de los escritores y de los artistas, revolucionarios o no revolucionarios?  Dentro de la Revolución, todo; contra la Revolución, ningún derecho”
 Fidel en su intervención define qué es ser un revolucionario, y también nos enseña que se puede ser no revolucionario, pero ser honesto. Sólo esos honestos que quieren trabajar para la revolución son bienvenidos.

Lejos de estas características está la burguesía de la cultura venezolana. Ella espera agazapada los subsidios, pero no quiere trabajar por un cambio social. No le interesan las mayorías, ni mucho menos la continuidad de Chávez. A ese sector no debería financiársele ni abrírsele espacios.

Otro punto importante que Fidel indica es que los revolucionarios son una minoría. Antes explicábamos que las mayorías aun están en condiciones de ignorancia que le legó la burguesía y que los excluye de la cultura. Es por eso que la cultura debe ser guiada, señalada por la vanguardia, y no delegada a lo espontáneo, como una especie de coral que crece en el mar.

 Los contrarrevolucionarios y los enemigos de la Revolución, no tienen ningún derecho dentro de la Revolución. Por respetables que sean los razonamientos personales de una individualidad, mucho más respetables son los derechos de un proceso histórico.

…”Y frente a los derechos de todo un pueblo, los derechos de los enemigos de ese pueblo no cuentan”...(1)

La cultura revolucionaria y sus instituciones definitivamente deben llevar la cultura al campo y a los barrios, a las fábricas. Pero para ello deben traerse a los campesinos y excluidos a los centros de instrucción para convertirlos en instructores de música, de baile, de teatro.  Empezar a descubrir qué niño tiene vocación para becarlo, para llevarlo a las Academias Nacionales de Arte. Sólo así el pueblo será verdaderamente autor y creador.

Sabemos que sin cultura no habrá Revolución, pero esa cultura que necesitamos es la que nos prepara para ser Socialistas, nos inculca los valores de la fraternidad, de la armonía con la naturaleza. Y combate los valores del egoísmo, del mercantilismo, de la explotación del hombre por el hombre.

Lo más bello, hermoso es el humano, y sólo la cultura que lo defienda, que lo tenga en el centro, es hermosa y bella, vale la pena. Esa cultura es la Socialista.

(1) http://www.min.cult.cu/loader.php?sec=historia&cont=palabrasalosintelectuales