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La Revolución Bolivariana en su afán de proteger a la población más necesitada, intenta ponerle coto a las ganancias de los empresarios del comercio.

Para ello ha decretado regulaciones de precios y ha tomado el control de algunos negocios. Entre los términos teóricos para dar esta batalla, se retomó la palabra plusvalía. Es necesario un estudio del término y de su extensión.

La riqueza, siempre ha sido asociada con el máximo valor de cambio de un producto. Es decir, la riqueza a la vista de todos es, una cantidad de dinero que tiene su origen en el máximo valor que pueden los comerciantes obtener por sus productos. Si alguien tiene un negocio, tendrá más dinero en menos tiempo si logra vender más caros sus productos a sus compradores.

Hasta aquí, pareciera que la riqueza es una brecha de dinero que se obtiene entre el fabricante, los mayoristas y los minoristas. En nuestro caso como país rentista, la riqueza (fuera de la proveniente del petróleo) es principalmente una ganancia que se obtiene en el proceso de intermediación entre el importador y el consumidor. Es aquí donde los economistas se preguntan ¿cuánto debe valer una mercancía?

Muchos dan por sentado que el único sector donde ocurre el robo a las mayorías es en el comercio, en la tienda, en el supermercado. Hasta cierto punto es cierto, los intermediarios del comercio, por cada 100 Bs. de mercancía esperan ganar 300 o más. Si lo anterior es cierto, al romper la relación entre los intermediarios privados y los consumidores finales, quedaría disuelta al fin, la lucha de clases y con ella las diferencias sociales y la pobreza.

Pero intuitivamente algo nos dice que el robo es de mayor envergadura, que el comercio es sólo la punta del iceberg.

¿Cuál es el origen del gran capital, de dónde surge la supremacía de una clase social sobre otra, de países enteros sobre otros, de cómo el dinero de unos se reproduce sin cesar, mientras que el dinero de los desposeídos se esfuma con el día de pago?

En el texto de  Néstor Kohan, Fetichismo y poder en el pensamiento de Karl Marx, encontramos una minuciosa selección de las obras de Marx, a fin de esclarecer el robo capitalista. De este valioso trabajo, tomaremos el análisis de todas las citas de Marx a fin de aplicarlas al escenario de la Revolución Bolivariana, buscando luces teóricas que nos orienten.

En todo El Capital Marx reitera hasta el cansancio, que el lugar donde ocurre la ganancia no es exclusivo del terreno material, sino que está principalmente impulsado por el espíritu de los hombres y sus vínculos sociales. No importa el sector productivo al que esté asociado el trabajo, la célula fundamental de la riqueza se encuentra en el hombre y sus instrumentos de trabajo: “Sean cuales fueren las formas sociales de la producción, sus factores son siempre los trabajadores y los medios de producción [...] La forma especial en la que se lleva a cabo esta combinación [solo] distingue las diferentes épocas económicas de la estructura social”.

El capitalismo, como modo de producción, no sólo produce mercancías, ni se limita a acumular riqueza, sino que es capaz de producir y reproducir las relaciones que garantizan su continuidad. Es por ello que si sólo combatimos sus efectos en el comercio, no será suficiente y estaríamos dejando intactos los mecanismos que permiten la producción infinita de más capital, hasta nuestra extinción.

La categoría plusvalía fue creada por Marx, para separarla del término  ganancia. Con esta palabra buscaba explicar dónde se genera principalmente la riqueza de los capitalistas. Marx demostró que las mercancías encierran un tiempo de trabajo socialmente necesario. Por ejemplo, si usted compra una mesa en una ferretería y le cuesta 200 Bs, los 200 Bs sintetizan el tiempo que se gastó en armarla, el tiempo que llevó transportarla, empacarla, cortar la madera, hacer las sierras, los clavos y los martillos, y el tiempo en descubrir la utilidad de la mesa.

Para entender la plusvalía, debemos precisar primero por cuánto compra el capitalista el trabajo del obrero. El capitalista paga al obrero lo necesario para que viva y se reproduzca.

Pero el obrero produce esa cantidad en sólo la mitad del tiempo que trabaja, en otras palabras, con sólo la mitad de la jornada cubre su salario. Si la jornada dura 8 horas (de 8 am a 5 pm), sólo recibirá el pago por trabajar de 8 am a 12 am. ¿Y qué pasa con el resto del día que el obrero trabaja? El empresario no paga esas horas para poder acumular trabajo excedente y que su negocio entre en la denominación de “empresa productiva”. Este tiempo no remunerado Marx lo llamó plusvalía. La plusvalía entonces está asociada a los salarios, a la producción. Se deslindaba así de aquellos teóricos económicos que sostenían que la ganancia estaba asociada exclusivamente al comercio, a un juego de precios.

La teoría marxiana del valor y del pago recibido por el tiempo del trabajo socialmente necesario para la vida, tiene una fundamentación subjetiva, psicológica, a la que llamó cosificación, enajenación y reificación de las relaciones sociales. Marx además de preguntarse cuánto deben valer las mercancías, también se preguntó ¿por qué valen las mercancías, por qué el trabajo se representa en un valor, por qué el salario es una medida del tiempo de trabajo y es una magnitud del precio del producto del trabajo? Es acaso la relación trabajo vivo-dinero algo natural? De ser así, entonces también sería infinito el capitalismo.

Marx visualiza que el hombre del capitalismo ha trasferido al dinero, a la mercancía y a los medios de producción unos superpoderes. Las clases dominantes nos presentan esta tríada como fetiches dotados de voluntad y alma; con capacidad de comprar personas e incorporarlas como piezas faltantes a un engranaje productivo.

¿Qué significa esto? Que el Estado al financiar a un particular para adquirir bienes de capital a su nombre, lo está dotando de ese superpoder para comprar almas. Los nuevos medios de medios de producción comprados con la renta petrolera y adjudicados a privados o colectivos aislados, serán los nuevos succionadores de trabajo vivo.

Con el argumento de democratización del capital, los nuevos propietarios privados financiados por la revolución, no podrán evitar mistificar y enaltecer las máquinas compradas y las denominarán como “su capital fijo” y justificarán la explotación de la fuerza de trabajo vivo y la posterior extracción de plusvalor en el intercambio de mercancías. De nada valdrá la denominación de mercado socialista donde se colocarán los productos. Los nuevos propietarios impondrán sus bandas de precios a fin de recuperar sus inversiones y pagar los créditos al Estado.

Las regulaciones de precios como medidas únicas de protección a las mayorías, no borran la explotación. Marx nunca intentó explicar con su teoría del valor, las fluctuaciones a corto plazo de los precios del mercado, sino que buscaba develar la clave, el factor permanente oculto detrás de esos cambios aparentes.

Ese factor permanente, pero con las especificidades y aprendizajes del tiempo histórico es, el trabajo. Marx lo denominó de varias formas: gasto de fuerza vital humana, trabajo materializado, trabajo uniforme, indiferenciado, simple que se materializa, trabajo creador de valor de cambio, trabajo igual, indiferenciado, en el que se ha extinguido la individualidad de los trabajadores, trabajo coagulado, trabajo social creador de mercancías, trabajo humano general e igual, trabajo humano general [que] existe en el trabajo medio que puede efectuar cualquier individuo medio de una sociedad dada, un gasto productivo determinado de músculo, nervio, cerebro humano, etc., [actividad cuyo] carácter general del trabajo individual se manifiesta como el carácter social, etc.

Finalmente concluye que es el “trabajo abstracto” la verdadera  “sustancia del valor de cambio” y las fluctuaciones que ocurren en los precios provienen realmente de las variaciones que ocurren en el tiempo objetivo de trabajo social que es necesario para producir dichas mercancías.

La única forma de regular los cambios de precios es a partir de la planificación racional de los recursos en función de las necesidades humanas reales, y esto sólo es posible en una economía de Propiedad Social de los Medios de Producción, y administrados por el Estado Nacional.