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POR: ROSA TRISTÁN

Existe una relación entre capitalismo, la xenofobia y el racismo. Para que una fracción se apropie del trabajo de la sociedad, es necesaria la existencia de un sentimiento que justifique esa apropiación, este sentimiento es el desprecio por los sectores sociales a ser explotados.

Este desprecio se ratifica cada día de dos formas: como desprecio del patrón por el trabajador, y como desprecio del trabajador por sí mismo, por su posición social. Este sentimiento de minusvalía tiene un poder increíble: es capaz de romper la percepción de la realidad. El despreciado, el subvalorado, deja de percibir y sentir que forma parte de la mayoría maltratada. No puede solidarizarse con sus iguales y finalmente se comporta como que fuese el único despreciado, y siente que está en minoría y en desventaja. Es esta situación uno de los pilares más importantes de la dominación.

El trabajador, la fuerza motora del mundo, tiene una especie de doble personalidad. Una parte de sí mismo está colonizada por la ideología burguesa, y la otra parte está anclada a tierra, a las carencias de él y su familia, a su pobreza. En determinadas situaciones llega a haber una verdadera negación de sí mismo.

Sobre esta negación, sobre esta espiritualidad aplastada se afianzó la esclavitud negra que permitió acumular el capital de los imperios.

El fenómeno de la esclavitud negra es clave para comprender las formas de explotación actual, que constituyen una variante de esclavitud sustentadas en el mismo desprecio. Un desprecio xenófobo y racista.

Antes de llegar los europeos al continente africano existía la servidumbre, es decir, habían negros que servían a otros negros de jerarquía superior. Este sistema insipiente de esclavitud permitió que los europeos se apoderaran de África en los siglos XVII y XVIII. En la psiquis de ese pueblo estaban dadas las condiciones para el inicio de uno de los negocios más lucrativos: la trata de esclavos.

Las principales potencias esclavistas que estuvieron implicadas en el comercio y transporte de personas esclavizadas fueron: Estados Unidos, Portugal/Brasil, Gran Bretaña, España, Francia, Países Bajos y Dinamarca. Al ver esos países hoy día, podemos ver que la trata de esclavos dio enormes ganancias, para la clase dirigente. Este lucrativo negocio de tráfico humano permitió comercializar entre 28 y 100 millones de personas, es decir, casi un 10% de la población mundial para 1850. La brecha de estos cálculos varía según se incluyan o no, los muertos durante las capturas y los viajes por el Atlántico. Se sellaba así la lógica del sistema capitalista: los mecanismos de violencia y apropiación.

Estas potencias tenían un método muy eficaz para capturar a los africanos: se valieron del grupo jerárquicamente más alto de la sociedad africana para introducirles las lenguas colonizadoras, la educación y la lógica del capital occidental. Este grupo traidor a su clase, blanqueó su alma y se encargó de administrar las colonias a cambio de prebendas y falsa libertad.

Los barcos salían cargados de mercancías desde los puertos europeos, en África las cambiaban por esclavos, y en América intercambiaban la carga humana por dinero, con el que compraban productos de las plantaciones que llevaban para vender en Europa.

Luego que se prohibió el tráfico de esclavos se inició una forma legalizada de esclavitud, basada en la utilización extensiva de trabajadores en plantaciones y minas, fueron satisfechas mediante el sistema de contratación masiva de trabajadores, obligados a trabajar en condiciones infrahumanas. Las fuentes principales de mano de obra fueron: África, India, China y Japón. Se puso en marcha un "libre mercado" de mano de obra, basado en el desplazamiento relativamente voluntario de trabajadores libres. En este punto podemos ver que la esclavitud dejó de ser un problema racial y que atravesó todas las fronteras.

A medida que avanzaba la industrialización en la producción agrícola y el artesanado, se fue "liberando" la mano de obra campesina. La emigración de trabajadores europeos fue la cifras más importante hasta 1940, de todos los movimientos migratorios conocidos. Entre 1846 y 1932 el total de europeos emigrados se estima en 51 millones.

Hoy la hegemonía del capital financiero se convirtió en una "economía de casino" donde la rentabilidad está cada vez menos ligada a la producción. Es por ello que disminuye el empleo en las industrias, se han deteriorado las condiciones laborales de los empleos manuales tradicionales; han crecido los sectores "informales", han crecido las grandes urbes y la infravivienda, y en general, se ha precarizado el empleo asalariado masificando las condiciones de esclavitud moderna.

Una de cada 35 personas son emigrantes, y su secuela social negativa es la xenofobia, debido a que ya no hay “estatuas de la Libertad” que reciban a las masas migratorias oprimidas.

Nunca dejó de existir la minoría xenófoba que comercializaba esclavos, aquella que inició la trata de negros. Esta logró justificarse en el marco legal del liberalismo y los partidos políticos de ultraderecha.

La xenofobia, rasgo de la burguesía, y que se irradia al resto de la sociedad, se expresa como el rechazo al extranjero y a cualquiera que se encuentre en una situación de vulnerabilidad. Este rechazo a grandes rasgos se manifiesta con una segregación de razas y su trasfondo real es la segregación de las clases sociales.

Las expresiones xenófobas las encontramos por ejemplo en el foro noticiero digital, respecto a la tragedia en Haití donde algunos expresaron:

…“Dejen a esos animales inferiores que se mueran de hambre. Total no creo que se pierda mucho”.

…“Yo no creo que son una cuerda de animalitos, yo estoy seguro que lo son y que hay que controlarlos, no tengan la menor duda. De no hacerlo se comerán unos a otros”. (1)

La expresión legal de la xenofobia son los controles migratorios, los pasaportes, las visas de entrada y salida, muchas veces imposibles de cumplir para las mayorías excluidas.

Ante la imposibilidad de efectuar los requisitos formales de estos controles, las masas oprimidas son víctimas de una versión moderna e insidiosa de la esclavitud: la trata de personas. Este negocio ilícito obtiene su materia prima de los sectores más desprotegidos, se nutre de cualquier situación de fragilidad: la pobreza, la falta de trabajo, la indefensión de los niños, las guerras, la violencia familiar y los desastres naturales.

Su reclutamiento tiene diversos fines: la explotación sexual o laboral, la adopción ilegal, el comercio de órganos, el tráfico de droga o la participación forzada en conflictos armados.

Es una actividad delictiva altamente rentable, está ranqueada detrás del tráfico de armas y drogas.

Una gran proliferación de trabajadores sin papeles puede llevar a que en un determinado lugar el salario se reduzca, ya que se incrementa el número del ejército de desempleados. Los empleadores nativos capitalistas son los grandes ganadores de todo este juego: atrapan la diferencia entre la cuota de salario de un emigrante sin papeles y la del salario de un nativo o un emigrante legalizado. Otros viles tramposos son los introductores de los emigrantes, que obtienen una remuneración sin aportar nada al proceso productivo.

El falso nacionalismo culpa a los inmigrantes o los llamados recién llegados, de las crisis. La xenofobia, uno de los pilares de base psicológica para de la división de clases actual, impide la unión de los pobres del mundo.

La revolución podría potenciar un nuevo concepto de ciudadanía universal, ligado a la defensa del Socialismo más allá del corsé impuesto por los nacionalismos. Recuperar la conciencia numérica de la relación dominador-dominado. Resaltar que entre los valores burgueses está la xenofobia y el racismo. Que para ser burgués no es suficiente con ser “próspero y exitoso”, en el capitalismo, es necesario sentir un profundo desprecio por los socialmente vulnerables.

Referencias
(1) http://www.noticierodigital.com/forum/viewtopic.php?p=8700561&sid=

d71dd4525478f5b7cf4ab829acd136f1
Rosa, Jorge. Desde la psicología y el psicoanálisis, La xenofobia y el racismo (http://www.chasque.apc.org/frontpage/relacion/0311/xenofobia.htm)
Cruz, Lizbeth. África: escenario de la colonización, esclavitud e imperialismo (http://www.rebelion.org/docs/54020.pdf)