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Es sencillo darse cuenta que existe una campaña mediática e institucional mundial, cuya finalidad es acabar con Chávez, uno de los poquísimos líderes que sostienen las banderas del Socialismo.

Chávez luego de su legendaria frase “por ahora”, se convirtió en una fuerza centrífuga de esperanza. Todos voltearon su atención a cada uno de sus pasos, a cada una de sus palabras. 

La mayoría de los articulistas de la prensa dedican su fuerza intelectual para desprestigiarlo, toda la artillería comunicacional le dispara día y noche, pero las masas continúan a su lado, elección tras elección, golpe tras golpe, sabotaje tras sabotaje, fieles.

La pregunta que trataremos de descifrar hoy es ¿Es el carisma de los líderes una fuerza inagotable? ¿Es el carisma el único garante de poder? ¿Qué determina la fidelidad del pueblo ante las adversidades y reverses?

Analizaremos el fenómeno de los líderes carismáticos desde dos puntos de vista: desde lo místico, lo inexplicable, donde las masas permanecen en una especie de hechizo, y desde lo histórico, donde los líderes son producto de condiciones sociales que demandan el surgimiento de voces que defiendan la necesidad de cambios en el sistema imperante. Veremos que aunque muchos han estudiado a los grandes líderes de la humanidad, el carisma, su origen, su fuente y su duración, dependen de ciertas características excepcionales en esos individuos, pero también del cumplimiento de las expectativas de la sociedad.

Algunos sociólogos como Max Weber definieron al carisma como un lazo emocional inexplicable que se revela en la interacción con los demás, es una fusión entre el ser interior del líder y sus seguidores. Textualmente Weber expresa: …“el carisma es la cualidad, que pasa por extraordinaria (condicionada mágicamente su origen, lo mismo si se trata de profetas que de hechiceros, árbitros, jefes de cacería o caudillos militares), de una personalidad, por cuya virtud se la considera en posesión de fuerzas sobrenaturales o sobrehumanas -o por lo menos específicamente extracotidianas y no asequibles a cualquier otro-, o como enviado de dios, o como ejemplar y, en consecuencia, como jefe, caudillo, guía o líder. El modo como habría de valorarse “objetivamente” la cualidad en cuestión, sea desde un punto de vista ético, estético u otro cualquiera, es cosa del todo indiferente en lo que atañe a nuestro concepto, pues lo que importa es cómo se valora “por los dominados”,  por los “adeptos”…(1)

Según este concepto el carisma forma parte de lo luminoso, de lo divino, del mito.

En esta misma línea de pensamiento, un estudio más reciente de Blanca Deusdad (2) explica que el carisma está envuelto de un elemento místico y el líder que la posea, puede a través del discurso plasmar los sentimientos y preocupaciones de sus seguidores. El líder según esta teoría es un símbolo que al igual que el Mesías se sigue y se respeta puesto que es el garante de la salvación. Este estudio asocia los movimientos de masas con el fervor religioso.

Para analizar el líder político carismático como un fenómeno histórico encontramos a teóricos como Gueorgui Plejánov quien en su libro El papel del individuo en la historia (3), devela el acertijo del funcionamiento de esta fuerza aparentemente misteriosa.

Plejanov utiliza para ello la narración de Plutarco, sobre la vida de Tiberio, ubicándolo en un espacio y un tiempo histórico donde el sistema político republicano no representaba los intereses de la población. Existía un sistema jurídico que defendía los intereses de los grandes terratenientes propietarios de las fuerzas de producción. Solo ellos podían decidir en la implementación de las estructuras sociales.

En ese marco histórico, Tiberio con su carácter e inteligencia es influido por las relaciones sociales de su tiempo, que permitieron la identificación del pueblo hacia él, convirtiéndose de esta manera en una fuerza social. Se transforma en una personalidad social ya que respondía y servía a las necesidades sociales de su tiempo, surgidas a partir de fuerzas de producción oprimentes y esclavistas. Si Tiberio no hubiera respondido a las necesidades sociales de su tiempo, no se habría transformado en un líder carismático.

Este hecho le permite contar con las herramientas suficientes para encontrar la forma de modificar las fuerzas de producción en virtud de las necesidades e intereses del pueblo, e influir sobre los acontecimientos históricos.

En conclusión, Plejanov esclarece que las relaciones sociales son el motor de los acontecimientos históricos, engendrando personalidades que van adquiriendo una fuerza social determinante para revertir las estructuras y encaminar las orientaciones generales del movimiento. Los líderes políticos carismáticos adquirirán popularidad, en tanto respondan a las necesidades de las mayorías que se encuentran en total desamparo y desigualdad.

Sin embargo, en este punto nos preguntamos ¿es la Revolución  independiente de este o aquel individuo, del líder? Son las fuerzas históricas superiores a cualquier individuo? Para responder utilizaremos el caso de Lenin, ¿qué hubiera ocurrido sin Lenin?

La situación impulsaba a muchos bolcheviques a llegar sólo hasta la revolución burguesa, era indetenible la sustitución del sistema monárquico feudal, pero no querían avanzar hasta el Socialismo. Sin embargo, este proceso se aceleró con la llegada de Lenin, sin el partido no se hubiera podido instaurar la dictadura del proletariado. Sin Lenin, el proceso podría haber sido abortado. Sin Lenin el partido no hubiese sido más que un hábil propagandista. Lenin fue un eslabón muy importante. Pero, ni el partido ni Lenin son frutos del azar ni un regalo divino. Son resultado de años de formación, de heridas restañadas, de selección. Un partido, unos dirigentes no se improvisan, son fruto de estudio, de entendimiento de las fases de la historia, de la mirada puesta en el futuro, en la nueva sociedad.


CHÁVEZ LÍDER SOCIALISTA

Chávez es vivido como algo nuestro, como "uno de los nuestros"; su persona se acerca con sus ademanes y sus actitudes a lo cotidiano, a lo familiar. Su sencillez, llaneza y jovialidad lo acercan al hogar de los pobres del mundo. Su forma de expresarse y su discurso son utilizados por las mayorías. Es el baluarte, el símbolo que aglutina, que fomenta la cohesión social, es el elemento integrador.

Su carisma se potenció porque encarnó las ideas de  los mejores seres humanos y de miles que perdieron la vida por defenderlas. Se declaró antimperialista y socialista. Prometió cohesionar la sociedad, fomentar la participación del pueblo en un tejido social para ser ejemplo de nuevas formas económicas y espirituales. El numen y las condiciones históricas de Chávez coinciden en un mismo punto: la superación del capitalismo y la construcción de la sociedad socialista.

Su popularidad en períodos electorales o fuera de ellos, responde a los valores, a la sociedad que prefigura y defienden sus seguidores. En la medida que se ejecuten planes que sean prefiguración de una sociedad más justa, donde se supere la miseria actual, los esperanzados apostarán el todo por el todo por su líder. Su carisma funcionará como una fuerza de reordenamiento social que conseguirá la participación de la ciudadanía sin imposiciones. Puede movilizar las masas, apaciguar las multitudes, canalizar pasiones y sublimar frustraciones.

Los humildes apostarán su confianza a la claridad de los objetivos, a la firmeza, al resteo con el Socialismo. Sólo esos factores mantendrán la llama viva.

Los extravíos a formas económicas capitalistas traerán crisis morales: las actitudes de la burguesía como el flux, el maletín y los negocios, volverán a ser el alter ego. Los electores buscarán acoplarse con esa moral y entonces la magia desaparecerá, se quebrará la ilusión.

La crisis traerá líderes con carismas prefabricados. El fascismo creará una escenografía para la actuación de un líder no nato, con falsos sentimientos patrióticos. Legitimarán con elecciones sin importar que sean liderazgos políticos poco consistentes.

Cada momento histórico tiene su posible forma de expresión carismática. La que hoy no puede fallar es la expresión del Socialismo.

Referencias
(1) WEBER, Max. Economía y sociedad. Madrid: Fondo de Cultura Económica, 1993 [1922].
(2)DEUSDAD, Blanca. El carisma político en la teoría sociológica. Universitat de Barcelona Facultat de Ciències Econòmiques i Empresarials, 2001.
(3) PLEJANOV, Gueorgui.  El papel del individuo en la historia. Buenos Aires: Editorial Intermundo, 1959 [1898].