Editoriales

Neftalí Reyes

Manuel Cabieses

Rosa Tristán

Reflexiones de Fidel

Discursos

Entrevistas

Libros por Entrega

Poemas

Caricaturas

Artículos Especiales

Contáctanos

Ir a Página Principal

Siendo la petrolera nuestro pilar económico, todo cuanto acontezca en ella se irradiará al resto de la sociedad. Puede detenerse la agricultura, el parque industrial, pero si se detiene la petrolera venezolana, el mundo entero se estremece y voltea sus ojos hacia nosotros.

A continuación extraeremos las enseñanzas revolucionarias de uno de los eventos insurreccionales más importantes de la historia de Venezuela: la huelga petrolera de 1936-37.  Para ello utilizaremos el valioso libro de Domingo Alberto Rangel titulado ¡Qué molleja de huelga!*. Extraeremos de este libro las descripciones y los análisis más agudos de aquella memorable batalla contra el imperialismo. Finalmente, Debate Socialista hará en lo posible y guardando las diferencias, una breve historia comparada con la Revolución Bolivariana del 2010.

LA HUELGA REVOLUCIONARIA EN LA PETROLERA ¿CÓMO CONCILIAR LAS CONVENIENCIAS NACIONALES Y LAS INTERNACIONALES?

Para entender cómo llega la huelga petrolera de 1936 en Venezuela, hay que describir la coyuntura nacional e internacional.

En el escenario nacional, acababa de morir el dictador Juan Vicente Gómez. Reinaba en el ambiente la expectativa de un nuevo orden político, la posibilidad de despertar del letargo, el surgimiento de un nuevo liderazgo. Este anhelo de la población no era compartido por la mayoría de los directivos de la petrolera. Las compañías instaladas en el país y comandadas por los americanos y los ingleses, seguían desenvolviéndose como si fueran una fuerza de ocupación militar en tierra conquistada.

En 1936 la masa proletaria del petróleo vivía en sórdidos barracones, hacinada y putrefacta, soportando la suciedad, el mal olor y el desprecio. Ser obrero del petróleo en aquella época era sufrir el vejamen diario de ser despreciado por el extranjero, de soportar una condición inferior en su propia patria.

Adicionalmente, la petrolera había creado un apartheid con el resto de la sociedad. Las instalaciones y edificios construidos por la petrolera, para el personal medio y gerencial, nada tenían que ver con la pobreza reinante. Un cerco metálico se encargaba de recordar permanentemente que así de esa forma debían permanecer: separados.
De repente, en Cabimas, un sábado por la tarde, un obrero dejándose llevar por rumores que ya corrían por la calle exclamó: ¡Coño!, esto solo tiene un remedio, la huelga. Lo demás es habladera de pendejadas.

Pero las fuerzas que emergían en Venezuela con la muerte de Gómez, comenzaron a preguntarse si no sería una torpeza táctica una huelga petrolera en un momento en el que la suspensión del suministro de hidrocarburos, torpedearía la alianza Francia-Inglaterra-Estados Unidos, únicos adversarios seguros del fascismo nazi alemán. La paralización de actividades en los campos petroleros venezolanos podía arruinar el esfuerzo de Roosevelt.

Ante el fascismo nazi desatado en Europa o se empuñaban las armas para una guerra a muerte o había que entregarse, no había términos medios.

A pesar de estas reservas y prudencias en el plano internacional, el querer de la masa obrera petrolera anhelaba en el año 1936 dar la batalla al imperialismo anglosajón, que le venía infiriendo desde 1914 heridas a la dignidad.

Entonces, ¿las conveniencias nacionales e internacionales eran antagónicas?, ¿era posible conciliarlas?

LA VANGUARDIA

El grupo que dirigió todas estas expectativas e incógnitas, estaba formado por cinco o seis venezolanos y un inglés bohemio. Su ideología oscilaba entre la socialdemocracia y el socialismo ruso. El espíritu que los animaba, pertenecía más a Kerensky que a Lenin, ellos eran:

Valmore Rodríguez: era el más veterano. Se formó en los Estados Unidos cuando las persecuciones gomecistas lo obligaron a dejar Venezuela. Trabajó cerca de Houston como obrero. Vivió en texas donde habían campos petroleros. Allí habían adquirido prestigio los líderes de la federación anarco-sindicalista International Workers on the World.

Isidoro Vallés: el maracucho. Simpatizaba con el Partido Comunista. Había recorrido todo el Caribe y en algunos países fue expulsado por sus actividades agitadoras. Al regresar del exilio del gomecismo visita los campos petroleros una vez por semana.  Está formado intelectualmente y como era periodista tenía gran facilidad para relacionarse socialmente.

Felipe Hernández: hombre de aguda inteligencia pero sin los dotes de optimismo y liderazgo de los anteriores.

María Tereza Contreras y Olga Luzardo: mensajeras y organizadoras de las actividades.

El Tío Joe: geólogo británico que por sus convicciones de izquierda dejó un alto cargo en la Royal Dutch Shell de Londres y vivía en Cabimas de consultorías técnicas. Se enamoró de la india Martina y viviendo ya con ella, le comienza a parecer bella la tierra venezolana.

Los primeros 5 personajes, tenían algunos espacios dentro del periódico Panorama y las estaciones de radio “Ondas del Lago” y “Ecos del Zulia”.

Frente al fascismo y al imperialismo acordaron hacer un frente único de corrientes progresistas.

LA TÁCTICA

Dentro de este escenario nació El Bloque Nacional Democrático del Zulia con la consigna ¡A los campos!. Convergían en el bloque todas las fracciones de izquierda, distanciadas hasta entonces por orientaciones políticas diversas.

Concentraron el trabajo político en los campos petroleros, donde estaba la concentración obrera más gruesa, de un país que apenas alcanzaba 3 millones de habitantes. A bordo de lanchas, que eran el equivalente de los carritos por puesto, los dirigentes iniciaron una gira  por la Costa Oriental del Lago, desde Cabimas hasta Mene Grande. Se desplegó un sentimiento generalizado de que había que castigar a las compañías petroleras a través de la huelga.

Se inició una especie de consulta popular para palpar la posición ante la huelga. Para ello se convocaban a los famosos “sancochos”. El resultado fue categórico.

Se asomó la idea de usar la huelga como el inicio de la primera guerra de liberación nacional de Suramérica, en caso de que el imperio decidiera intervenir.

Se consultó a organizaciones internacionales como el CIO de Estados Unidos, las Trade Unions de Inglaterra, la CTG de Francia, y la Federación de Sindicatos Soviéticos.
Luego, en cada campamento conformaron un comité dotado de plenos poderes políticos y administrativos que debían organizar a los trabajadores petroleros. Los comités se reunían cada 8 días y estaban conformados por tres personas, los cuales se convirtieron en los caudillos del proletariado petrolero por casi medio siglo.

Así surgieron por ejemplo, el comité de marinos en Cabimas, en Lagunillas o en San Lorenzo, que agrupaba los trabajadores de los muelles. El comité de empleados, que agrupaba los empleados de las oficinas, el comité de cuadrillas de exploración y perforación, etc.

Cada campo tenía patrullas de vigilancia para preservar o restablecer el orden. Aunque en realidad nunca llegó a alterarse el orden público. Este ejército estaba desarmado pero atento, y esto impidió incidentes mayores.

Se realizaron simulacros de tomas de todas las áreas portuarias, es decir, estaban preparados para la guerra en caso de que se presentara.

El bloque y los comités lograron dar forma organizativa a los vacíos dejados hasta entonces por los partidos políticos y los sindicatos.

LA HUELGA DEL 36 Y LA REVOLUCIÓN  BOLIVARIANA

Aquella extraordinaria organización y movilización fue capturada por la pequeña burguesía, es decir, intereses mezquinos desviaron lo que pudo haber sido el inicio de una Revolución de escala suramericana, en una mera huelga por intereses reivindicativos. Sus éxitos y fracasos son un crisol excelente para la Revolución que hoy transitamos.

La primera enseñanza es que el movimiento tenía una vanguardia que organizó y movilizó la clase obrera petrolera. No fue un movimiento espontáneo, aunque las condiciones nacionales exigían su surgimiento.

Las pésimas condiciones de vida de los obreros, el apartheid de las transnacionales con el resto de la sociedad venezolana, eran las condiciones que propiciaban el inicio de la Revolución.

La organización de los obreros pasó la cerca de metal, no se quedó dentro de las instalaciones de la industria. Prueba de ello fue el financiamiento que recibieron los insurgentes por parte de la población civil, así como las muestras de solidaridad para con las familias y en especial con los niños hijos de los petroleros durante los 40 días de resistencia.

La organización lograda por los petroleros en ese momento fue heroica, considerando la poca organización sindical y el fraccionamiento de los partidos políticos. Sin embargo, esta movilización necesitaba de un proyecto revolucionario más amplio que incluyera la destrucción del Estado burgués imperialista, la reforma agraria y la modificación de las relaciones entre el Estado y la petrolera. El proyecto de liberación de los obreros petroleros debía abarcar la sociedad toda.

Hoy día en el 2010, la vanguardia de los trabajadores de la Costa Oriental del Lago, toman el testigo. Ya no son los mismos, no viven en condiciones precarias, pero tienen el mismo reto: ser fuerza centrípeta del resto de los obreros del país, organizarse junto al Estado Revolucionario e impulsar la liberación del resto de la sociedad.

¡Mirá, los petroleros van a tomar el cielo por asalto!

Fuente:

*Rangel, Domingo Alberto (2007) ¡Qué molleja de huelga!. Ediciones del Vice Rectorado de la Universidad del Zulia.