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Al final de la Calle Comercio, había una casa que era de Eufracio Escobar, que le decían el Rejo por alto y flaco. Era un echador de cuentos, unos de verdad y otros inventados. Todos pasaban por su casa a conversar con él. Tenía una pulpería que vendía de todo y siempre estaba repleta de visitantes. Al llegar la hora de cerrar el negocio, el Rejo se llegaba hasta la Plaza, al botiquín o a la iglesia, y en cualquier sitio la gente lo rodeaba para oír sus cuentos y embustes. Se sabía la vida de  todos, pobres y ricos, contaba los secretos de damas, caballeros o sinvergüenzas y al final salía con algún misterio. Oyendo a este señor uno se metía de tal forma en el cuento, que algunas veces uno hasta se lo creía

Hace mucho tiempo dejaron de existir estos personajes. Fueron barridos por los medios de masas. Sin embargo, “el arte de contar historias” o el storytelling es una técnica aparecida en los años 90 en los estados Unidos y es utilizada en el capitalismo como un arma de conducción de las emociones de las masas, y por supuesto es un arma poderosa en la comunicación de los líderes políticos.

El storytelling utiliza desde diferentes tipos de relato oral, tal y como lo practicaban los cuentacuentos de los pueblos, hasta videojuegos de entrenamiento para militares. La médula de la técnica es, diseñar un guión corto que pueda dirigir a un grupo de personas a tomar determinadas decisiones sin ofrecer mayor resistencia.

Entre las principales industrias productoras de fábulas colectivas tenemos a Hollywood y Disney, pero también Nike, Coca-cola, Adobe o Microsoft, Xerox y las torres del Banco Mundial, donde por cierto se llevó a cabo el primer taller de storytelling management.

El objetivo de mayor envergadura en la que es utilizada la técnica es en la siembra eficaz de matrices de opinión pública, así como la imposición de  modelos a seguir para ser “campeones exitosos” en el capitalismo.

Stories y mercadeo

En los últimos quince años, los estudiosos del marketing han observado que las ventas aumentaron pasando del simbolismo del producto al logotipo y luego, del logotipo a las stories. Es decir, es más fácil para la Nike por ejemplo, vender un par de zapatos narrando una historia corta acerca de un héroe deportivo, que mostrando el logotipo del check mark. Finalmente, determinaron que las stories también venden más que la explicación de las ventajas aerodinámicas del zapato.

Las Stories desplazaron a las novelas

El storytelling también ha cambiado los formatos televisivos. Es por eso que hay menos novelas del tipo tradicional que pacientemente veíamos cada noche, hasta llegar al esperado capítulo final; ver la secuencia de decenas de capítulos era imprescindible para entender la trama.

Las series han sustituido las novelas tradicionales. En un solo capítulo el televidente puede ver el inicio, desarrollo y desenlace de una historia. Una versión más sofisticada y al mismo tiempo más económica del negocio de las series, la tienen los llamados realities shows, que no son más que la técnica del storytelling con actores amateur y escenarios improvisados o en exteriores sin modificación alguna. Estos realities shows nos mantienen enganchados a la televisión sintiendo que los hechos que se muestran están ocurriendo en vivo y que los personajes y sus dramas son reales. Nuestra atención y emociones quedan empeñadas en esa media hora, pues el desenlace será rápidamente dilucidado. No nos interesa que pasó antes, ni que pasará después.

La mayoría de las series tienen temas policíacos donde al final debe haber un culpable tras las rejas. Nunca se toca al sistema como totalidad sino que las pistas van tras un individuo que es culpable. Estas series nos preparan para asimilar la realidad que nos mostrarán las noticias.

Stories, opinión pública y elecciones

El storytelling finalmente es empleado como la forma principal del discurso noticioso que rivaliza con el pensamiento lógico y que direcciona la opinión pública. Puede sobre imponer a la realidad relatos artificiales, omitir las experiencias pasadas o la Historia (con mayúscula), trazarnos conductas individualistas, orientar el flujo de nuestras emociones y sincronizarnos a todos en una gran matriz de opinión.

En las democracias capitalistas la opinión pública importa y mucho. Sino no se justificarían los onerosos gastos en encuestas y campañas de diversas índoles.

Son los medios de difusión de masas la fuente de la cual la gente condiciona su forma de interpretar la realidad, sacia su sed de información y tranquiliza la necesidad de sentirse conectada. Para escapar del influjo de los medios tendríamos que mutilar nuestros sentidos, volcarnos al ascetismo o recibir un influjo en otra dirección.

Entonces, la llamada opinión pública es una imposición de información respecto a un tema, un candidato, o un resultado que se debaten públicamente. Esta imposición de opiniones procura anticipar una reacción social ante la proximidad de procesos electorales.

Las elecciones en las democracias son un rito que cree mantener la opinión pública en consenso. Las elecciones han recibido demasiada importancia como la forma de expresión, tal vez más que cualquier otra forma de participación.

Al acercarse los períodos electorales los medios de oposición filtran sistemáticamente los asuntos y enfocan las noticias como eventos específicos, sin contexto, igual que las llamadas stories de las que hablábamos más arriba.

Los storytelling sintetizan entonces la receta psicológica para lograr que compremos lo que nos ofrecen y para hacernos creer que la Revolución es un fracaso. Los titulares tratan temas enfocados desde historias particulares que nunca apuntan a los problemas sociales ni a sus causas.

Encuadran las noticias como un episodio y nos obligan a simplificar asuntos complejos al nivel de una anécdota, en la que debe haber alguien preso al final del capítulo.

Nuestras prioridades son alteradas, y nuevamente alteradas cuando los medios de difusión se mueven hacia algo nuevo. Ellos determinan sobre qué hablará la gente y en qué pensarán.

Un hilo filoso separa la Revolución pacífica de las democracias tradicionales. El poder lo llevará quién haga la agenda de los asuntos que son de mayor interés para la sociedad, si los asuntos revolucionarios o los asuntos que nos imponen los medios de oposición y el capitalismo.

Cómo superar las matrices de opinión y ganar elecciones

Los receptores de los mensajes, pueden analizar tanto de forma racional como de forma automática.

Si la batuta de los temas propuestos para la discusión de las masas la lleva la Revolución, entonces los temas deberían incluir asuntos trascendentes que toquen nuestra vida diaria y al mismo tiempo a la sociedad entera. Al tocar estos temas los receptores tendremos la tendencia a observar reflexivamente los mensajes. Evaluaremos sus posibles consecuencias y los pondremos en relación con nuestras referencias previas. Comenzaremos a elaborar sistemáticamente pensamientos en serie, conectados con el pasado y con el futuro. Conquistaremos la llamada conciencia y ganaremos cuantas elecciones sean necesarias.

Pero si la agenda de discusión la llevan los medios de difusión de oposición, cuyas noticias e interpretación de la realidad son recortes de la realidad, entonces no se requerirá de nuestra motivación o de nuestra evaluación minuciosa del mensaje. El procesamiento de la información -sea verdadera o falsa- ocurrirá sin mucho esfuerzo. Habremos tragado el contenido del mensaje sin darnos cuenta. Como quien va en una autopista y mira sin mucha atención una valla publicitaria.

Concluyamos con unas palabras del renegado Teodoro Petkoff en el año 1991: “…es imposible seguir creyendo que un medio tan penetrante, tan omnipresente y envolvente como es la televisión, no actúe sobre la psiquis del ser humano. En cerebros dañados por la desnutrición y la enfermedad, afectados por la promiscuidad y la penuria material, por las carencias culturales y educativas, por la violencia de la vida cotidiana, por el inmoral culto al becerro de oro; en cerebros no dañados materialmente pero si traumatizados por la colosal inversión de valores que hoy reina, el efecto deletéreo del mensaje consumista desenfrenado y de la espantosa violencia gratuita de la televisión ya no puede ocultarse o eludir más. Este es un factor criminógeno de un formidable poder, que debe ser domado”…

Fuentes:
Leonardo Castañeda. Siquisique de Antaño: Calle el Comercio(MunicipioUrdaneta.com)
Christian Salmon: Storytelling. La máquina de fabricar historias y formatear mentes(Península, 2008)
Ugalde Luis: La violencia en Venezuela (Monteavila Editores Latinoamericana UCAB, 1993)