
Suponga usted que vamos a jugar el juego de mesa Monopolio. Los billetes repartidos son de juguete. Su forma y diseño nos dicen que los billetes son falsos y son fácilmente diferenciables de los billetes oficiales.
Ahora visualice un billete falsificado intencionalmente, donde los mínimos detalles han sido copiados, la textura del papel, las figuras, los seriales y sellos. Es casi imposible, salvo por aparatos especiales, identificarlos como falsos.
En una revolución, hay argumentos falsos reconocibles como un billete de monopolio; pero existen otros razonamientos llamados sofismas, que como un billete intencionalmente falsificado, son utilizados como instrumentos de distracción para evitar la construcción del Socialismo.
El que usa el billete falsificado se contenta cuando nadie examina el billete. Pero para que existan sofismas -y billetes falsos- deben existir tres actores: el que lo fabrica, el que lo distribuye y el que lo recibe. Cada uno de ellos no tiene la misma intención, la misma mala fe, la misma debilidad de espíritu, ni el mismo grado de conocimiento. La sospecha de mala fe caerá principalmente sobre el fabricante, pero algunas veces la complicidad incluye al que lo distribuye y al que lo recibe.
A continuación utilizaremos el texto Tratado de los Sofismas Políticos de Jeremías Bentham, para identificar los principales tipos de sofismas como armas políticas y veremos cómo algunos discursos de líderes de oposición y de la revolución coinciden en las mismas falacias.
¿PARA QUÉ SE UTILIZAN LOS SOFISMAS EN LA POLÍTICA VENEZOLANA?
Los sofismas son utilizados con varios fines: el principal es evitar la discusión trascendente, por ejemplo la propiedad de los medios de producción. También para atacar a los líderes, y para postergar al infinitum la consolidación de la organización de las masas y de la dirigencia. Asimismo, los sofismas impiden delimitar campos enemigos en el combate de ideas, es decir, a través de la ambigüedad evitan que los revolucionarios se diferencien de los capitalistas. Observemos ejemplos de algunos tipos de sofismas en la política venezolana.
SOFISMAS DE AUTORIDAD
Llamaremos sofismas de autoridad o de prejuicio, a aquellos que sólo se sostienen en base al prestigio o autoridad del argumentador. Este tipo de sofismas se utiliza ante el peligro de las innovaciones. El orador se eleva con la ayuda de un puesto eminente, y da la impresión de que ha profundizado en todo y de que está de vuelta de todas las ilusiones, de todas las quimeras.
En Venezuela muchos oradores se escudan en el pensamiento de Carlos Marx, sacando de contexto su pensamiento para ubicarse en un punto equidistante entre clases sociales irreconciliables.
Específicamente, al discutir acerca del tema de la transición al Socialismo, utilizan el sofisma de autoridad amparándose en el prestigio de Marx, lo desfiguran exhibiéndolo como el primer reformista. Argumentan que él, en ningún lado indicó que la transición debía darse en un solo paso, sino progresivamente. Lo que ocultan en su discurso pero que ejecutan eficazmente en la práctica, es que con la renta petrolera financian a la burguesía nacional que nunca transitará al Socialismo sino al capitalismo transnacional.
SOFISMA DEL VETO UNIVERSAL
Se emplea para rechazar la implementación de una medida revolucionaria utilizando el argumento de que no hay antecedentes o ejemplos con los cuales guiarse. En nuestro caso, es empleado como una justificación para rechazar la concreción de las Zonas Socialistas, dicen que si fuese una buena medida ya se habría aplicado en alguna parte del mundo. Lo que no recuerdan es que todos los avances de la humanidad fueron en un primer momento, medidas que no tenían precedente, aunque la historia marcaba ya su necesidad.
Entonces ya que en ninguna parte del mundo se han puesto en marcha las Zonas Socialistas, fortalecidas en la planificación, entonces su argumento es que en Venezuela no tienen por qué ser exitosas.
SOFISMAS DILATORIOS
Uno de los sabotajes más hábiles y seguros para postergar la revolución es proponer hacerla por partes, lentamente. A este sofisma también se le denomina sofisma de la marcha gradual, que se encarga de separar lo que debería formar una totalidad. La marcha gradual es templada, pacífica y conciliadora, pero hace ineficaces las medidas al dividirlas en trozos.
Los ejecutores de una medida pueden adoptar una actitud de permanecer quietos o esperar por tiempos más oportunos, preferiblemente no electorales.
En Venezuela, uno de los sofismas principales de este tipo, es el que argumenta que al estudiar las revoluciones industriales en el mundo, se ha encontrado que todas fueron precedidas por revoluciones agrarias. Como esto es así, hasta que no se lleve a cabalidad la reforma agraria en Venezuela no se podrá proceder a la industrialización. Entonces para ellos, sólo es posible construir el Socialismo cuando se complete el avance agrario con hegemonía de la burguesía, y después se podrá implementar el avance industrial. Rumbo al Socialismo pero por partes, gradualmente.
La marcha revolucionaria por el contrario, es un salto, un llamado a la conciencia, una campanada a la movilización.
SOFISMA DE LA DESCONFIANZA
El argumento puesto en forma lógica se reduce a lo siguiente: el autor de la medida tiene un mal propósito, una mala reputación, un mal motivo; por lo tanto la medida es mala, de él no puede venir nada bueno. Se desvía la discusión, no sobre la propuesta, sino sobre el hombre que propone. De esta manera, el prejuicio sobre la persona se convierte en el prejuicio contra la medida.
Por ejemplo, acerca de las propuestas dadas por la columna diaria Un Grano de Maíz en el Diario Vea, acerca de la Propiedad Social de los medios de producción, se les veta, aparta, y segrega de la discusión del PSUV, denominándolos despectivamente “la gente que escribe” de la siguiente forma:
Elías Jaua, Miembro de la Dirección Nacional del PSUV: “…el socialismo se construye peleando. Porque aquí hay gente que escribe, pero yo nunca los he visto tomando una fábrica para expropiarla. Porque aquí hay gente que escribe y yo nunca la he visto acompañando a unos campesinos a tomar unas tierras contra los terratenientes. Aquí hay gente que escribe y yo nunca la he visto decomisando un kilo de azúcar a los especuladores…Entonces ¿cómo es la transición al socialismo? Escribiendo o peleando? con el pueblo en la calle ¡carajo! ¿Cómo es que se construye un socialismo?”... (1)
De esta forma reviven el celebre altercado en la Universidad de Salamanca, en el año 36, cuando Millán-Astray, perpetra su grito: “muera la inteligencia, viva la muerte”. Y el escritor y filósofo Unamuno le responde: “Viva la inteligencia”.
Recuerdan a Carujo: cuando le dice a Vargas:...“Doctor Vargas, el mundo es de los valientes”... y la réplica de Vargas: “El mundo es del hombre justo”.
SOFISMA DE LAS FRASES PARALIZANTES
Terminamos este pequeño ensayo de los sofismas, añadiendo un tipo al que denominamos sofismas de las frases paralizantes. Son aquellos que evitan la discusión y el debate teórico necesario en la revolución. Entre ellas encontramos en la política venezolana:
“El socialismo no se decreta”: con esta frase se paraliza a los dirigentes en la toma de decisiones, con el argumento de que la nueva sociedad surgirá de una especie de espontaneísmo natural en la masa.
“El socialismo se construye de abajo para arriba”: con esta frase se castra la creación de vanguardias y dirigentes, pues consideran que el pueblo es sabio. Olvidan que el pueblo ha sido marginado de la educación y la cultura por el capitalismo.
“O inventamos o erramos”: esta frase sacada de contexto del pensamiento de Simón Rodríguez, una especie de sofisma de autoridad tropical, argumenta que no es necesario utilizar el acervo teórico-práctico revolucionario universal, sino que por ensayo y error iremos encontrando el camino al Socialismo.
“Nadie tiene la verdad”: esta frase paraliza a cualquiera que tenga intención de discutir teóricamente cualquier aspecto de la revolución, ya que si nadie tiene la verdad, entonces ¿para qué discutir?
CONCLUSIONES
En el Socialismo se harán conocidos los sofismas políticos para hacer del tribunal de la opinión pública revolucionaria, un cuerpo de jueces más despiertos; y de mejor temple las armas utilizadas por los dirigentes.
Bethan al final de su libro nos alecciona: “... Los éxitos del sofista se parecen a la conquista de una plaza cuya guarnición estaba secretamente vendida…en el futuro en una asamblea política, el orador que emplee su talento en hacer valer un sofisma reconocido, perderá su crédito y todos los amigos de la probidad y de la sinceridad… veinte voces se elevarán de concierto, no para refutarlo en forma aburrida, sino para enviarlo a la escuela o al teatro, haciendo de él una justicia buena y rápida”...
La lucha contra los sofismas es de primera importancia, ellos están, siempre al servicio de la oligarquía dominante. Los revolucionarios no necesitan la mentira, ni de trucos, para convencer es suficiente la verdad.
(1)http://psuv.org.ve/files/tcdocumentos/Transicion-al-Socialismo_Elias-Jaua_20MAR10.pdf