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POR: ROSA TRISTÁN

Dice la mitología que Narciso un día sintió sed y se acercó a beber a un arroyo. Quedó fascinado por la belleza de su reflejo. No se atrevió a beber por miedo a dañar su imagen. Incapaz de dejar de mirarse, murió. En su honor le colocaron su nombre a una flor que creció en el lugar.

Esta sociedad capitalista perdida en su egoísmo, competencia y afán de lucro desmedido, ha construido un humano enemigo de sí mismo y de la naturaleza.
El hombre de hoy, narciso y egoísta, ya no podría mirar su reflejo en el agua de los arroyos ni del mar… no moriría como el Narciso de la mitología griega, sino que el espejo de agua le devolvería la imagen de su futuro de extinción, producto de su conducta demente en busca de dinero. Su reflejo sería la respuesta de lo que el ser humano del capitalismo ha construido con su agresión a la naturaleza. El agua ya no es cristalina como en la época de Narciso, ahora es turbia, contaminada y ponzoñosa, ese es el legado a sus semejantes y al planeta.

EL SÉPTIMO CONTINENTE

La agresión a la naturaleza es de tal magnitud que un nuevo continente, hasta hace poco desconocido, ha emergido, no de las entrañas del planeta, sino de la avaricia humana, como símbolo de nuestra estupidez.

Una gran "sopa de plástico" formada por los desechos plásticos de las civilizaciones industriales, flota en el océano Pacífico. Ese sitio es el mayor vertedero del mundo. La mancha comienza cerca de la costa occidental de EEUU en California, rodea Hawai y se extiende cerca de Japón.

Este hecho se reveló a la opinión pública luego de que un crucero con ruta Los Angeles – Hawai, navegara por un vórtice que los marineros generalmente evitan porque hay poco viento y mucha presión.

Los científicos desconocen la dimensión exacta de este “continente de basura” fabricado por el imperio EEUU-Japón-China, pero dicen que puede llegar al equivalente de 6 veces el territorio venezolano. Un avión tardaría todo un día para sobrevolarlo, tardaría más que el tiempo necesario para ir de Caracas a Buenos Aires, o a Madrid.

Casi 12 años han pasado desde su revelación, pero las imágenes satelitales de este terrible fenómeno, aún no han sido mostradas, lo que hace pensar que existen otros continentes de basura similares en otros océanos, por ejemplo al norte de la costa oriental de los EEUU o al sur de la India.

Según los oceanógrafos la mancha es como un ser vivo: se mueve como si fuera un gran mastín sin correa, capaz de provocar catástrofes. Cuando se acerca a la costa del archipiélago hawaiano, deja la playa cubierta de plástico.

La contaminación del océano provoca cada año la muerte de más de un millón de pájaros y de 100 mil mamíferos acuáticos. Tapas de frascos, cigarrillos y cepillos de dientes son encontrados en los estómagos de estos animales.

La cantidad de plásticos frente a la cantidad de plancton en esta zona, es seis a uno. Pájaros, mamíferos y peces, comen pequeños trozos de plástico similares en tamaño y color a sus alimentos naturales. Algo así como que un niño confundiera su vaso de leche por un vaso de agua con cal.

Recordemos que el plástico es un problema ecológico por su resistencia a la biodegradación, y el Capitalismo no encontró mejor manera de resolver el asunto que “echar la basura bajo la alfombra”, en este caso la alfombra es el mar, y el mar está pasando su cuenta a la humanidad.

Pero las señales de la naturaleza, o quizá debíamos decir, la respuesta feroz a la agresión humana, no se queda sólo en estos insólitos continentes. A esta devastación de la vida marina se suman los efectos del recalentamiento global. Es triste admitirlo, la naturaleza libra una guerra en contra de la especie humana que la agrede de mil maneras.

EL NIVEL DEL MAR Y LA POBLACIÓN QUE VIVE CERCA DE LAS COSTAS

El Grupo intercontinental para el cambio climático (IPCC) ha estimado un aumento del nivel del mar en un 1 metro, aun cuando se consiga mantener bajas las emisiones de gases contaminantes en todo el mundo. Una de las principales razones que han provocado un cambio en las estimaciones es el cabalgante deshielo de los polos.

Sus efectos en América del Sur y el Caribe serán mayores de lo que se había pensado. Entre algunas predicciones tenemos: las inundaciones en la costa de Guyana, afectará el 70% de su población; las planicies costeras alrededor de la ciudad de Guayaquil (uno de los principales centros económicos de Ecuador), serán vulnerables a una combinación de aumento en el nivel del mar y tormentas.

Si al aumento del nivel de los mares se suman los huracanes, el efecto será devastador. Para muchos países los costos anuales destinados a la protección de desastres naturales son modestos y el efecto de la elevación del nivel del mar en un metro, representaría para los países insulares pequeños varios puntos porcentuales de su PIB, lo cual haría inviable su supervivencia económica. Entre esos países encontramos: las Bahamas, Belice, Jamaica, Cuba, Puerto Rico y Haití.

En Venezuela cerca de 8 de cada 10 habitantes vive el la franja costera. En este siglo que comienza, gran cantidad de infraestructura se verá afectada: puertos, aeropuertos, carreteras, etc.

En la mayoría de los centros poblados cercanos a las costas la retirada planificada no es una opción viable, por lo que será necesario proteger a la población con barreras, diques, malecones y muros de contención.

Preparar a la población para emprender medidas de adaptación y solidaridad humana que hagan frente a los cambios del clima y del nivel del mar llevará tiempo y voluntad política internacionalista, imposibles de pensar en el capitalismo que es el origen de la catástrofe.

La soberbia del hombre del capitalismo lo lleva a situarse por encima de su entorno y lo mantiene en una autocontemplación gustosa. Mientras no vea los montones de basura dentro de su casa, no le importa lo que pasa afuera. Le caracteriza su falta de humildad y por tanto, de lucidez.

Lo contrario de la soberbia es la humildad: solo si tomamos conciencia del problema, si entendemos que la superación del capitalismo es un asunto de vida o muerte, si despertamos del letargo de los humos de la cotidianidad, de la pelea política banal y tomamos conciencia de la necesidad de cambiar nuestra manera de relacionarnos con la naturaleza y entre nosotros, solo si hacemos estos grandes esfuerzos, podremos sobrevivir como especie, podrá continuar la vida.

Los más eminentes científicos, los políticos más lúcidos, sin importar sus tendencias, coinciden en afirmar que el peligro es la inminente extinción de la vida en el planeta, y que el punto de no retorno está cerca. Ya no podremos remediar el daño, estaremos heridos de muerte y de nada valdrán comisiones ni grupos de trabajo intergubernamentales. La soberbia nos habrá asesinado.

Es imperativo, es de vida o muerte que la humanidad corrija el rumbo, es necesario superar al capitalismo. Sólo el amor y el Socialismo como sistema social pueden cambiar el escenario macabro que nos acecha.  

Somos optimistas, imaginamos a Narciso contemplándose de nuevo frente a un espejo de agua limpia y potable. Luchamos porque creemos que el humano no es una pasión inútil, lo sentimos viable, presagiamos una era donde todos seremos hermanos, donde la naturaleza vuelva a cobijarnos como una gran madre que amamanta con amor, y nunca más nos contemple como sus enemigos.