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ANARQUISMO:

CALLEJÓN SIN SALIDA

POR: ROSA TRISTÁN

Una de las tendencias políticas con influencia en el proceso revolucionario venezolano es el anarquismo. Aunque las consignas de esta tendencia suenan innovadoras y tentadoras, nos retornan al capitalismo. Argumentaremos teóricamente por qué, el anarquismo no es una alternativa que conduzca al Socialismo, y veremos sus expresiones en la Revolución Bolivariana.

Comencemos definiendo que los anarquistas de la Revolución Bolivariana son aquellos que perteneciendo al aparato gubernamental o no, aspiran a un sistema social donde no exista ningún tipo de poder jerárquico.

Las líneas ideológicas u organizativas son consideradas como imposiciones coercitivas violentas, propias del capitalismo. Según los anarquistas, cualquier subordinación atenta contra la libertad de los individuos. En este punto rozan muy de cerca, con los liberales burgueses (o escuálidos) cuyo fin último de lucha es “la libertad absoluta”, o lo que es lo mismo: una ficción inútil.

En textos ampliamente difundidos por esta fracción política dentro de la Revolución Bolivariana, encontramos  frases como las siguientes:

“debe establecerse una genuina y no jerárquica coordinación para alcanzar el socialismo”…

“para construir un nuevo tipo de sociedad debemos oponernos a todas las formas de subordinación”…

“se deben transferir los poderes de las estructuras jerárquicas del Estado hacia el microcosmos productivo”…

A los anarquistas del proceso le hacemos la siguiente pregunta:

¿y si esa jerarquía es necesaria para vencer a los enemigos, están ustedes en su contra?.
 
La cuestión principal es: ¿en interés de quién se realiza esta violencia?, ¿es necesaria la organización y las jerarquías del Estado Revolucionario, por ejemplo, para vencer la especulación de los alimentos que realiza la burguesía intermediaria en Venezuela?, ¿es posible considerarse seriamente libre cuando no podemos aún controlar el precio de lo que hemos producido?

El microcosmos productivo (del que hablan los libros anarquistas venezolanos) llámense comunas desarticuladas o microempresarios, no son aún una fuerza unificada capaz de hacer frente a la burguesía financiera ni a la gran burguesía industrial.

Todos los recursos despilfarrados en esta esfera no garantizarán, pasada la racha de bonanza actual, una distribución justa y equitativa de los bienes de consumo que tanto añoran los anarquistas. Supongamos que cada comuna independiente, se convierte en una trinchera en defensa de los estrechos intereses de dicho colectivo y no de la totalidad de la sociedad venezolana. Imaginemos una comuna que en su localidad logre dominar alguna técnica o extraer algún mineral, ganaría mucho mas que aquella comuna que solo haga ropa para los escolares. ¿Cuál obrero ganará más, qué localidad tendrá más posibilidades de progreso? Eso solo en el caso de las comunas, pero la misma situación se dará entre los microempresarios. Las condiciones de desigualdad prevalecerán con ambos métodos.

Los propios ideólogos del anarquismo en nuestro país como es el caso del ex ministro Víctor Álvarez,  se quejarán (y ya lo están haciendo) de que sus alumnos han llevado a cabo el programa propuesto por ellos. Acusarán a los comuneros y microempresarios de despojadores y al gobierno de haber construido más capitalismo.

El Estado Revolucionario llega al poder porque una pequeña vanguardia militar da la campanada el 4 de febrero del 92, y luego los desposeídos de forma aislada a través del voto, colocamos al líder de ese movimiento en el poder. Todas las estructuras del poder burgués estaban intactas y aún el forcejeo continúa.

La lucha contra el enemigo imperial, el enemigo institucional y el que se encuentra instalado en nuestra psiquis debido a cientos de años de dominación, requiere de un centro dirigente, de disciplina y de un plan común. El Estado Revolucionario debe transformar la sociedad de millonésimos intereses, en un ejército único y laborioso de compañeros trabajadores. Así el poder dejará de ser un privilegio y la burocracia un lastre, pues se verá enfrentada a escala nacional con la contraloría revolucionaria.

El Estado Revolucionario y la jerarquía de sus organizaciones deben existir mientras existan clases sociales. Tiene ante sí una enorme tarea.

El financiamiento con la renta petrolera de las PYMES a través de la banca privada y entes como la comisión nacional de valores, crea un amplio sector que siempre mirará con desconfianza al Estado y ofrecerá resistencia a cualquier tipo de control. Su tendencia en el corto plazo, será afiliarse en cámaras privadas, bien sea a empreven o a fedecamaras.

En este período de transición, los grupos aislados de trabajadores convertidos en empresarios, no deberían tener posibilidad alguna de enriquecerse por cuenta de otros, como es el caso de los accionistas clase B de la Siderúrgica del Orinoco (Sidor).

Esta clase de pequeños burgueses impulsada con la renta petrolera o las industrias básicas, no es capaz de llevar adelante su propio dominio social, entregarán el poder a la gran burguesía. En este supuesto negado, el gran capital volverá a presionar al pequeño burgués y lo devolverá a la pobreza. Los pequeños burgueses habrán intentado mejorar su condición, sin haber logrado mejorar la de toda la sociedad.

¿Qué hacer?

Primero aceptar que una justa distribución no se alcanza fácilmente, es difícil. Las masas aún no están preparadas para llevarla acabo, hay que señalarles el camino hacia ese objetivo, no en relación con sus deseos y fantasías, sino sobre la base de éxitos graduales, de la producción reconstruida, planificada, centralizada, ordenada, con nuevos principios, del cambio de la psicología y las costumbres, de la acción de los dirigentes sobre las masas atrasadas, en resumen, sobre la base de la educación de la juventud, la cual se libera de los prejuicios mas fácilmente que sus mayores.

Una distribución más justa sólo se llevará acabo como la fase superior  del Socialismo. Transportarse con el pensamiento hacia esta fase, se puede y se debe. Lo que no se debe hacer es considerar que las etapas hacia ello como algo de lo que no hay tiempo para conversar y que se resolverá con el reparto indiscriminado de la renta, sin tomar en cuenta la formación de conciencia.

Empleemos este precioso tiempo en la construcción organizada de nuevas relaciones de producción, distribución y consumo. La propuesta más avanzada en la teoría revolucionaria fue planteada por el Che, con su Sistema Presupuestario de Financiamiento. Este sistema social, buscaba integrar la economía sobre la base de la Propiedad Social, y la Conciencia Social,  levantando su voz contra las doctrinas distraccionistas, reinventando sobre los errores de la Revolución más cercana, la rusa.

Este legado teórico está a la orden del día de nuestra Revolución Bolivariana. Es un regalo que nos legó un visionario del futuro. Con esa visión del Che que resume el pensamiento revolucionario universal, que da materialidad al mandamiento Cristiano de amarnos los unos a los otros, que concretiza los sueños de la Comuna de París, con esa visión, sobre ese entramado teórico podemos avanzar, dar un salto inmenso en el pensamiento y la práctica revolucionaria, señalar caminos hacia la construcción de un nuevo mundo.

En contraste, si hacemos oídos a los cantos de sirenas de anarquistas, reformistas y demás fauna distraccionista, el camino nos llevará a la derrota segura.