
Los revolucionarios siempre se adelantan a su tiempo. Imaginan un mundo mejor, buscan las formas de llevar a la práctica su esperanza, se rodean de un pequeño núcleo de convencidos, y juntos, se lanzan a captar a las mayorías, a proponerles que por esas ideas vale la pena vivir y morir. Los revolucionarios viven en permanente contradicción con su entorno, lo desnudan y lo ponen en evidencia.
Bolívar se levantó contra la hegemonía imperante: el colonialismo y la esclavitud. El colonialismo español era la forma de control político y daba por sentado la anexión territorial de Venezuela a España, y la esclavitud era la forma económica equivalente al capitalismo de hoy.
La convicción de Bolívar se mantuvo inquebrantable desde el primer hasta el último día de lucha. Veamos sus posturas consecuentes a las de un revolucionario:
“…Legisladores, la infracción de todas las leyes es la esclavitud. La ley que la conservara, sería la más sacrílega. ¿Qué derecho se alegraría para su conservación? Mírese este delito por todos aspectos, y no me persuado a que haya un solo Boliviano tan depravado, que pretenda legítima la más insigne violación de la dignidad humana. ¡Un hombre poseído por otro! ¡Un hombre propiedad! Una imagen de Dios puesta al yugo como el bruto! Dígasenos ¿dónde están los títulos de los usurpadores del hombre? …¿qué ley o potestad será capaz de sancionar el dominio sobre estas víctimas? Transmitir, prorrogar, eternizar este crimen mezclado de suplicios, es el ultraje más chocante. Fundar un principio de posesión sobre la más feroz delincuencia no podría concebirse sin el trastorno de los elementos del derecho, y sin la perversión más absoluta de las nociones del deber. Nadie puede romper el santo dogma de la igualdad. Y ¿habrá esclavitud donde reina la igualdad? Tales contradicciones formarían más bien el vituperio de nuestra razón que el de nuestra justicia: seriamos reputados por más dementes que usurpadores.” Lima, 25 de mayo de 1826, Discurso al Congreso Constituyente de Bolivia.
Nunca aceptaba medias tintas, ni dejaba de luchar contra la forma de dominación política y económica.
…”La atroz e impía esclavitud cubría con su negro manto la tierra de Venezuela, y nuestro cielo se hallaba recargado de tempestuosas nubes, que amenazaban un diluvio de fuego… Si, los que antes eran esclavos ya son libres; los que antes eran enemigos de una madrastra, ahora son defensores de una patria…ustedes saben que no se puede ser libre y esclavo a la vez, sino violando a la vez las leyes naturales, las leyes políticas y las leyes civiles… Yo abandono todos mis Estatutos y Decretos; pero imploro la confirmación de la libertad absoluta de los esclavos, como imploraría mi vida y la vida de la República”… Discurso de Angostura, 15 de Febrero de 1819 en la provincia de Guayana.
Los conciliadores lo acechaban a cada paso. Algunos querían continuar la anexión, otros buscar nuevos amos: los ingleses o los franceses, y otros mantener intactas las relaciones de esclavismo. Finalmente le arrebataron el poder, mantuvieron los viejos y nuevos privilegiados, y los esclavos siguieron en su condición deplorable varias décadas más.
La Venezuela de 1830 era casi un campamento armado de ex combatientes de la Independencia, que habían sido recompensados con la adjudicación de tierras. La Revolución Independentista había creado una nueva clase de potentados que se enfrentaba ahora ideológicamente contra Bolívar.
Al subir Páez al poder promulgó 2 leyes que protegieron los intereses los latifundistas y comerciantes, quienes secuestraron el poder político que les dio la Revolución, para usarlo al servicio de sus privilegios. Estas leyes fueron, la Ley de Manumisión y la Ley de Libertad de Contratos. La primera permitía continuar con la explotación de los esclavos, y la segunda impulsaba la liberalización del mercado, una vuelta refinada al colonialismo europeo y es el reflejo de unos años de bonanza económica. Con ambas leyes se daban dos golpes mortales a la Revolución de Bolívar. Veamos brevemente sus contenidos y hagamos una correlación histórica con las propuestas hechas por Empreven:
Ley de Libertad de Contratos 1834 (PÁEZ):
Otorgaba el derecho de pactar libremente sin ninguna intervención del Estado la promoción de inversión de capitales tanto nacionales como extranjeros, así como la absoluta libertad para negociar créditos.
La mayoría de estos préstamos venían de casas comerciales extranjeras con la mirada puesta en el café, y negociaban a través de la naciente elite comercial venezolana que servía de intermediaria. La bonanza duró hasta que se saturó el mercado y comenzaron a caer los precios. Muchos hacendados fueron incapaces de pagar las deudas y se inició un período de remates judiciales en el que los acreedores aceptaron montos insignificantes por las propiedades que les había otorgado la Revolución Independentista. La mayoría de los hacendados volvieron a su inopia.
La Ley de Manumisión de 1830 (PÁEZ):
Esta ley prolongó la edad para que el esclavo pudiera ser libre (de 18 a 21). Con esta ley se creó un pequeño fondo del Estado para “pagar” a los dueños por la libertad de “su esclavo”. A pesar de que esta ley establecía la libertad de vientre, los niños o jóvenes que en ese momento se encontraban bajo el control del dueño de la madre, debían ser pagados “a la mitad del precio”.
El equivalente histórico de nuestros días es la siguiente:
Alejandro Uzcátegui (quien en el 2003 abandonó las filas de Fedecámaras para presidir Empreven), solicitó en septiembre del 2009, al Ministerio del Poder Popular para el Trabajo, la suspensión de la solvencia laboral para las pequeñas empresas. La solvencia laboral es un documento administrativo que certifica que el patrono o empleador respeta efectivamente los derechos humanos laborales de sus trabajadores, tales como el pago de salarios, aportes al sistema de seguridad social y el derecho a la sindicalización.
Otra propuesta que desvirtúa y deforma de lo que una vez soñó El Libertador como La Gran Colombia:
Creación de Emprealba (EMPREVEN):
El objetivo de Emprealba es facilitar todas las herramientas posibles a los empresarios para la ampliación de negocios, con la finalidad de contribuir a la integración del comercio. Aclaran ante todo, que Empreven no es parte del gobierno, y que representan al sector privado.
En resumen, hoy la contradicción que surge en la Revolución Bolivariana es, si continuar fortaleciendo al capitalismo, o deslastrarnos hacia caminos de superación, de ejemplo. Estamos en una situación similar a la época de la independencia: allá fue, recordamos, o se superaba el esclavismo o se volvía al dominio de las oligarquías, ya sabemos que volvimos al dominio de las oligarquías. Hoy el dilema es igual: o superamos el sistema de dominación capitalista, o regresamos al dominio de la oligarquía. Allá o triunfaba Bolívar o triunfaba Páez. Aquí hoy o Triunfa Bolívar, triunfa Chávez, o triunfan los capitalistas, triunfa Empreven, y fedeindustria, triunfan los Páez de esta época.
La diferencia en esta época es que conocemos la historia, y de su experiencia nos nutrimos. Nuestro máximo líder, tal como ayer Bolívar, tiene la convicción inquebrantable de superar al sistema de dominación, al capitalismo, de fundar un mundo con el máximo de felicidad posible, el Socialismo, de hacer una Revolución.
El lunes 26 de octubre de 2009 en la celebración del X aniversario del Banco del Pueblo en el teatro Teresa Carreño, el Presidente Chávez reiteró una vez más que el rumbo de la Revolución Bolivariana hacia el Socialismo no se detendrá ni se desviará por atajos capitalistas. “Debemos tener valores socialistas y guerrear contra el capitalismo donde quiera que esté y sea cual sea la máscara que se ponga”.
“Yo cada día soy más revolucionario, sépanlo, cada día soy más socialista, sépanlo, y si es que la salud me acompaña y si es que Dios me da salud y vida, en el 2012 candidato presidencial seré otra vez, y el pueblo dirá si yo seguiré o no seguiré, pero aquí todos tienen que saberlo: yo voy a llevar a Venezuela hacia el Socialismo con el pueblo y los trabajadores, no hacia el capitalismo. ¡Ni se negocia la Revolución, ni se negocia el Socialismo! Para nada, porque cada día estoy sencillamente más convencido que el Socialismo es el reino de Dios aquí en la tierra”.