
A continuación analizaremos la tortura como mecanismo de coerción de los individuos y de las sociedades no alineadas al modus operandi hegemónico. Para ello nos basaremos en la investigación realizada por Naomi Klein y su equipo, titulado La Doctrina del Shock, el auge del capitalismo del desastre*. Este estudio relaciona los procesos psíquicos de la tortura -aplicada a pacientes psiquiátricos y a presos políticos- con las estrategias de conmoción o shock social. Ambos, la tortura y el shock, buscan doblegar la voluntad y quebrantar el sentido de pertenencia de individuos o países.
Pero indaguemos los detalles que presenta Naomi en su investigación. Comenzaremos con la tortura, luego con el shock social y finalmente hablaremos de las estrategias anti shock que nos vacunan como sociedad revolucionaria ante las intenciones siempre latentes, del imperio y sus lacayos.
LA BÚSQUEDA DE LA PUREZA A TRAVÉS DE LA TORTURA
Desde los años 40, la técnica del electroshock se popularizó entre la clase psiquiátrica de Europa y Estados Unidos. Era utilizada para calmar a los pacientes histéricos y darles cortos episodios de lucidez. Sin embargo, el electroshock en muchos casos, ocasionaba amnesia y en otros, regresión a etapas infantiles. Estos pacientes perdían todos sus recuerdos y gran parte de su educación. Lo que la mayoría consideró un efecto secundario de este tipo de terapias, la Agencia Central de Inteligencia (CIA), lo vio de manera muy distinta: era la posibilidad de transformar las mentes en especie de tablas rasas, libres de costumbres “nocivas”, sobre la cuales imponer nuevos y “mejores” modelos de comportamiento.
En los años 50, al comienzo de la Guerra Fría, estos métodos restringidos al campo psiquiátrico, fueron trasladados a técnicas especiales de interrogatorio de prisioneros de guerra acusados de ser comunistas o agentes dobles. En los 60´s la CIA gastó 25 millones de $ en un programa, del mejor corte nazista, que comprobaba la aplicación de técnicas de electroshock, drogas y reprogramación mental. En dicho programa participaron 44 universidades y 12 hospitales.
El programa descubrió que uno de los aspectos fundamentales para que los presos colaboraran en los interrogatorios era la privación sensorial. Para ello los prisioneros debían ser colocados en celdas aisladas y vestir de la siguiente forma: lentes oscuros, cascos con cinta de ruido monocorde, tubos de cartón sobrepuestos a sus manos y pies para enturbiar su sentido del tacto.
Descubrieron que la privación sensorial causa un estado de confusión extrema y alucinaciones. De igual forma, se produce una reducción significativa y temporal de la capacidad intelectual. La privación sensorial es capaz de borrar parcialmente la personalidad, en esa ventana al inconciente es posible reescribir las pautas conductuales y lograr con más facilidad que los presos acepten las sugerencias de sus captores.
El personal que trabajaba en este programa no permitía que los pacientes le dirigieran la palabra. Tampoco debían darles ninguna información acerca del tiempo que iban a permanecer en la celda.
Descubrieron que existen dos factores principales que permiten a las personas mantener una imagen de tiempo y espacio. Es decir, que nos permiten saber quiénes somos y dónde estamos. Esas dos fuerzas son a) una fuente combinada de información sensorial y b) nuestra memoria. Mediante el electroshock aniquilaban la memoria y mediante el aislamiento destruían toda información sensorial. De esa forma quedaba el prisionero sin saber quién era ni dónde estaba: una hoja en blanco.
En las dictaduras latinoamericanas de los años 70, la tortura buscaba “curar” la enfermedad del socialismo, es decir, curar la única ideología trascendental: la solidaridad. Es por ello que las muestras de solidaridad entre los reclusos tales como, compartir el alimento o curar las heridas del otro eran consideradas actos de rebelión extrema. Los torturadores entendían perfectamente la importancia de la solidaridad y se esmeraban en destruir el impulso de interconexión social entre los prisioneros.
Cuando la vida se reduce a 4 paredes, la única prueba que le queda al prisionero de que aún es un ser humano es la convicción profunda de que afuera existe un mundo más allá de la tortura. La única forma de sobreponerse al dolor físico y la soledad es el sentido de pertenencia.
Al final de los estudios descubrieron que la tortura no era el método más eficaz para extraer información, pero si lo era como medio para aterrorizar y controlar a la población, así como para exhibir los eventos de traición a la confianza de los grupos y poner en relevancia el egoísmo como mecanismo de supervivencia en un medio tremendamente hostil.
SHOCK SOCIAL
Las ideas de libre mercado se han impuesto a lo largo de la historia gracias a la creación artificial de: grandes catástrofes económicas, ataques terroristas o guerras –también se han utilizado los desastres naturales-. Los capitalistas saben que luego de estos eventos, la sociedad entera se encuentra vulnerable y desorientada. Justo en esos momentos de conmoción social, se abre una ventana, similar a la ventana en la cámara de interrogatorio.
Milton Friedman, uno de los ideólogos más importantes del capitalismo durante más de tres décadas, perfeccionó la estrategia de shock social:…”solo una crisis -real o percibida- da lugar a un cambio verdadero. Cuando una crisis tiene lugar, las acciones que se llevan a cabo en lo subsiguiente, dependen de las ideas que flotan en el ambiente. Nuestra función básica es desarrollar alternativas, hasta que lo políticamente imposible se vuelva políticamente inevitable”. Es así como los llamados Chicago boys, indican que una vez que se produce una crisis de primer orden …”la nueva administración (la impuesta por el imperio al país sitiado) disfruta de un lapso de tiempo de seis a nueve meses para poner en marcha cambios legislativos importantes; si no se aprovecha esta oportunidad de actuar durante ese período concreto, no volverá a disfrutar de ocasión igual”…** Estas llamadas reformas legislativas generalmente constituyen la venta al mejor postor, de cada uno de los pedazos de la red estatal que exista en un país. Mientras esto ocurre los ciudadanos aún estarán recuperándose del trauma, el cual puede durar décadas enteras. Los casos más emblemáticos son la Chile de Allende y el Irak de nuestros días.
MEDIDAS ANTI SHOCK
Del estudio de Klein se desprende información de diagnóstico muy valiosa. Sin embargo, sus propuestas como medidas anti shock consideramos que son insuficientes y desacertadas. Sus propuestas al final del libro son: crear cooperativas, empresas recuperadas o administradas por la autogestión de trabajadores, la creación de vínculos suramericanos basados únicamente en el trueque comercial y el otorgamiento de créditos a pequeños empresarios. Estas medidas propuestas por Klein, engendrarían los nuevos torturadores del futuro una vez que los intereses de esos pequeños grupos se antepongan ante los de la sociedad entera.
Su libro no menciona por ejemplo: ¿cómo ha sido posible para un pequeño país como Cuba, resistir a 50 años de shock permanente? ¿cómo ha sido posible resistir al bloqueo, a los atentados, a tanta difamación y aún así, conservar su identidad solidaria, su internacionalismo, y el altísimo nivel cultural de su población? De haber dado respuesta a estas preguntas habría tenido que proponer como medida anti shock la construcción de un Socialismo auténtico y de otras dimensiones que las que allí se exponen.
La instauración de la ética socialista, requiere como punto de partida, desmontar la versión oficial de la historia, que señala que el capitalismo nació de la libertad, de la democracia y de la paz. El Socialismo debe insistir en el hecho de que el capitalismo es un sistema que requiere de la aplicación sistemática y permanente de la violencia, la guerra y la tortura, infligidas al cuerpo político colectivo y a innumerables individualidades. Solo identificando esta violencia es posible descifrar por qué millones de seres humanos venden su fuerza vital a un sistema suicida a sabiendas de las profundas e irreparables brechas de desigualdad e injusticia.
En otros estudios han sido analizados aquellos sujetos que sobrevivieron a largos períodos de tortura, y se determinó que la comprensión intelectual, la posición ideológica y los valores, favorecieron la posibilidad de no someterse a las exigencias de los torturadores. La comprensión intelectual de lo que estaba ocurriendo, de que la tortura correspondía a un problema social, así como el sentimiento de pertenencia social y la solidaridad entre los presos, actuaban como defensas protectoras del Yo. El sentimiento de pertenencia social es la seguridad más eficaz de que no se está indefenso y de que se puede sobrevivir a las amenazas sin ceder a las peticiones de los verdugos. La movilización de los pueblos por motivos de solidaridad es la única fuerza capaz de vencer al capitalismo. La Revolución Bolivariana debe dar muestras permanentes de solidaridad, desde el internacionalismo hasta la elección de los postulados al congreso del Psuv. Todas nuestras acciones deben dotarnos de relaciones amorosas en lo espiritual, y deben consolidar la Propiedad Social en lo económico, estas son las medidas anti shock que hoy nos permiten contener al fascismo.
* Naomi Klein, La Doctrina del shock, el auge del capitalismo del desastre, España, Ediciones Paidós Ibérica, 2007.
** Milton Freidman, Inflation: Causes and consequenses, Nueva York, Asia Publishing House, 1963, pág. 1.