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Estudiaremos el tema del avance del fascismo. Lo analizaremos como una plaga que en su fase cruenta ataca cuando el sistema capitalista se encuentra en peligro, como una alarma que llama de vuelta a los espíritus a su cómoda condición de dominación y en su fase taimada actúa como barrera que mantiene a las mentes en su condición de conforme frustración. Serios indicios del avance del fascismo se están dando en Venezuela, como el asesinato de estudiantes chavistas, del militante del Psuv en Caricuao, la quema del Pdval de Bellas Artes, la balacera a los chavistas que apoyaban la expropiación de las compañías de servicios petroleros en el lago de Maracaibo, el arsenal oligarca descubierto en un apartamento en la campiña, y los desesperados llamados de Teodoro a la base opositora a guardar la compostura democrática electoral.

Estos brotes violentos deberían inducirnos al estudio del fascismo visto como una patología que aunque se expresa como una postura política, está presente silenciosa y permanentemente en individuos, traspasando clases sociales y posiciones políticas aparentemente opuestas. El fascista se juega hasta su última gota de sangre para defender al sistema hegemónico burgués del cual provenimos todos.

Sin embargo, el avance de esta plaga tiene señales notables, va creciendo y en sus estadios de mayor desarrollo arremete como bestia furiosa contra los procesos revolucionarios pacíficos. A pesar de ello, el fascismo puede detenerse, si logramos percibirlo a tiempo, tomando medidas certeras, contundentes, que alientan el instinto de conservación de los revolucionarios.

Wilhem Reich denomina al sustrato psicológico individual del fascismo como carácter apestado por la plaga emocional. El apestado es aquel que tiene contradicciones entre: sus demandas internas, la coraza que le ha impuesto la sociedad para que no manifieste estas demandas y las relaciones sociales que se establecen al vincularse con otros.

El individuo apestado en principio, pareciera estar dispuesto a afirmar en el plano ideológico cambios políticos, pero en el plano práctico los teme, ya que posee mecanismos de defensa que evitan a toda costa, la modificación de su forma de vivir. Cuando los cambios están por implementarse, se convierte en un violento opositor, virulento y hostil, de las medidas y de las personas que intenten producir una transformación real. Es decir, el apestado puede apoyar ideas de cambio siempre y cuando no afecten directamente su rutina y, puede modificar el ambiente en forma tal que su manera de vivir y pensar permanezcan intactas.

El apestado fascista tiene "prejuicios" de consecuencias sociales tales como la inercia y la tradición basada en dogmas. Por ello, es intolerante al pensamiento racional e inaccesible a los argumentos de los cambios revolucionarios; por así decirlo, los fascistas tienen su propia "lógica" y dan la impresión de racionalidad sin tenerla. El miedo desmesurado, es la fuerza motora de todo su pensamiento, es el impulso para cometer hechos violentos cuando algo o alguien amenazan seriamente su sistema social. Su convicción subjetiva irracional lo justifica para realizar sus actos. Así por ejemplo encontramos grupos civiles en Venezuela en contra de medidas de protección social como la regulación de precios, el ajuste de tarifas de colegios y alquileres, o creen tener suficientes justificaciones para incendiar el Pdval de Bellas Artes.

En la acción política, el motivo es siempre aparente y nunca se devela completamente. En el fascismo alemán, por ejemplo, el objetivo confesado era la "conservación de una nación alemana pacífica"; pero el objetivo real —aprovechando la estructura caracterológica de la masa— era la guerra imperialista y el sometimiento del mundo. Los individuos fascistas creen seria y bien intencionadamente en las razones confesadas por sus dirigentes.

En Venezuela, los fascistas utilizarán las consignas de libertad contra el régimen dictatorial de Chávez o de la defensa de la propiedad de los bienes de uso, pero su objetivo real es la captura de la renta del negocio petrolero transnacional y la aniquilación del Socialismo, única vía de salvación de la especie.

Los dirigentes de la Revolución deben actuar como grandes sanadores sociales, cada medida aplicada debe tener como fin último la rehabilitación de millones de apestados y neuróticos educados en el sistema capitalista. Al fin y al cabo la llamada construcción del hombre nuevo y la elevación de la conciencia revolucionaria, no son más que la conducción de las víctimas sociales hacia caminos de curación.

¿Cómo hacerlo?

Primero las masas deben descubrir -guiados por los dirigentes- contra qué se están defendiendo, cuáles son los verdugos sociales y cuáles los verdugos que llevamos en el alma. Allí la dirigencia deberá señalar clara y explícitamente a la casta de dueños de todos los medios de creación de conciencia, aquí encontramos a los medios de difusión, grandes medios de producción, educación privada y religión, quienes trabajan en conjunto para crear suficientes temores y represiones que impidan la participación de los individuos en procesos de cambio social, los cuales definitivamente permitirán una vida mas honesta y creativa.

Como segundo paso ineludible, la dirigencia deberá explicar con qué medios contará para defenderse de sus verdugos, poner a disposición social los medios de producción, colocándolos en administración planificada del Estado Revolucionario, poner los medios de comunicación a integrar la información en contextos de cultura universal, movilizando constantemente la creación de organizaciones de masa que rompan las barreras de soledad y vicio a través del trabajo voluntario, la educación y la salud sin restricciones.

Por otro lado, nuestra revolución pacifica anclada en su faceta electoral debe estar alerta ante el avance sostenido de las fuerzas de derecha, no subestimar ni ignorar el acercamiento de la brecha chavistas-escuálidos desde el año 2006 hasta el 2009, donde ha ido incrementándose en más de un millón de votos la derecha y retrocediendo casi 2 millones en la fuerza chavista. Esto nos muestra que la radicalización de las masas esta beneficiando más bien a la contrarrevolución.

Aquí vale la pena volver a comentar el caso alemán de Hitler, cuyo partido avanzó desde 1928 con 800 mil votos a 6 millones y medio en 1930, mientras que el partido comunista permaneció entusiasmado por el pequeño aumento de su votación en un millón de votos y tomó a la ligera el avance de la fracción que prometió luego de esta victoria, que rodarían por la arena las cabezas de los marxistas y judíos.

En nuestro caso los 5 millones de votos opositores del 15F , representan el movimiento de la ideología de los apestados fascistas que analizamos más arriba. En términos de clases sociales también representan al burgués enfurecido, es decir, toda la fracción social alimentada en el espíritu de la clase media que intenta nuevamente imponerse al resto de la sociedad. Hasta ahora la clase media ha estado replegada pues la Revolución ha satisfecho todas sus demandas materiales. Pero al comenzar esta nueva etapa de radicalización política, producto de la determinación valiente de no afectar a los más humildes ante la crisis mundial, esta clase media se ha vuelto agresiva. De arribar al poder por la fuerza un gobierno fascista, las masas chavistas serán fuertemente reprimidas y masacradas para mantenerlos en estado de shock y desmovilización tanto tiempo como sea necesario.

Una gran cantidad de funcionarios públicos y los recientemente financiados microempresarios, ante la posibilidad de perder sus beneficios, son presa fácil de inseguridad y temor pequeño burgués, ante una súbita ruina económica o cambio en sus formas de vida. Las situaciones económicas de crisis están vinculadas con el asalto histórico del fascismo, por ejemplo la recesión del 29, colocó a Hitler en Alemania, a Mussolini en Italia, y a Franco en España en el año 36, y las masas no pudieron zafarse sino luego de años de guerras y matanzas.

Frente a los grandes negocios el hombre de la clase media baja peleará como un Socialista, pero frente a los obreros mantendrá su actitud de respetabilidad burguesa, su orgullo nacionalista, su rechazo al internacionalismo revolucionario y a todo aquello que huela a solidaridad. Pero su rebelión contra los grandes financistas transnacionales será impotente, mirarán desde abajo con envidia al gran empresario y desde arriba con desprecio y desconfianza a la clase obrera. Temen la racionalidad Socialista donde la organización es fruto de la defensa del interés colectivo y temen al Socialismo pues mantiene a la sociedad en continuo fermento y agitación.

Esta neurosis política de millones de ciudadanos esperanzados en la sustentabilidad de una gran clase media, le da al fascismo su fuerza y su ímpetu. Pero siempre será una clase que carece de capacidad de organizarse, que está atomizada y que es cobarde donde quiera que encuentre resistencia. En última instancia debe seguir a la alta burguesía o a la Revolución. Seguirá en cualquier lucha al bando que demuestre mayor determinación de vencer, la mayor audacia y capacidad de enfrentamiento a las crisis económicas. El campo revolucionario debe dar pasos concretos que den la sensación de irrevocabilidad de las medidas socialistas. Solo podremos enfrentar la violencia fascista con la existencia de una sólida organización, con la unidad de todos los bloques de izquierda y progresistas, una clase obrera unida y un gobierno revolucionariamente decidido. Finalmente deben abandonarse los discursos de aliento al empresariado por los discursos que inspiren a la clase obrera conciente a reencontrarse con el trabajo productivo Socialista.