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Aunque muchos han sido los comentarios acerca de la exposición de los llamados Bodies en el Centro Comercial Sambil y lejos de querer ahondar en el tema de los procedimientos técnicos de preservación del material biológico, trataremos de indagar algunos aspectos sociales respecto a este signo de los tiempos.

En una entrevista disponible en internet, la National Geographic publica los detalles de como Sr. Gunther Von Hagens (creador de la llamada plastinación y director de este tipo de exposiciones en varias partes del mundo), vive de esta lucrativa actividad. Allí habla sin empacho alguno de sus argumentos. Lo primero que salta a la vista es, que se define a sí mismo como un Show Man, es decir, un hombre del negocio del entretenimiento. En este auto retrato, nos da su rasgo o línea principal de carácter, que lo aparta de la exclusividad del ámbito médico. Queda develado el halo de pureza científica que se le ha querido dar al personaje.

Mas allá del desarrollo de la técnica, de la sustitución del agua del cuerpo humano por acetonas, más allá de que esta manipulación química de compuestos orgánicos permita una comprensión más precisa de los sistemas fisiológicos de nuestra especie, el trasfondo es: business . Hasta allí, nada sorprenderá a muchos. Pagarían el equivalente a 25 $ por ticket y se incorporarían a largas colas, para ver un show más.

Adicionalmente en la misma entrevista, Von Hagens detalla los efectos espirituales de este “trabajo” en su persona, entre los cuales menciona, “el haber podido tocar la barrera de la muerte” y “el poder dar vida de una forma diferente, a través de la exhibición de la estética eterna”. Podríamos decir que su carta de presentación oficial es, una especie de semi dios de la muerte o Tanatos del mundo moderno.

Una vez que el Gobierno Revolucionario clausuró la exposición, quedó un público clamando por su reapertura. Es digno de análisis este comportamiento ¿qué proceso interno los lleva a este reclamo tan asombroso? ¿Qué móvil los coloca del lado de lo oscuro?

En la psicología social, Erich From estudia el tema de la necrofilia, no como la expresión del instinto sexual hacia los muertos, sino como una manifestación social más acabada del egoísmo. Explica que el egoísta lo es, no por un capricho voluntario, sino porque simplemente esta incapacitado o mutilado para amar. Al no poder amar y entregarse, lleva una vida sin estar realmente vivo. Una sociedad que carece de amor será fácilmente conducida a la necrofilia social.

From ha encontrado en la necrofilia social una relación casi unísona al narcisismo, uno de los mayores males de la humanidad. El narcisismo patológico se manifiesta en las personas, como una sobreestimación de sus habilidades y en una necesidad excesiva de admiración. Bajo el lente de un narciso patológico es que podrían comprenderse esas supuestas capacidades que se atribuye el Sr. Von Hagens, de “tocar las fronteras de la muerte” y “poder dar vida de un modo diferente”.

Pero sigamos dilucidado las características del público que clama por la reapertura de esta exposición. Los necrófilos, víctimas del capitalismo, tratan de cosificar los sentimientos y controlar la vida haciéndola predecible. Puesto que la única seguridad de la vida es la muerte, estos la anhelan, la admiran, la llevan a formas sofisticadas de momificación. Los necrófilos buscan mantener acorazado su miedo y hostilidad manteniéndose aislados. Este aislamiento le permite al sistema fraccionar en tantas partes como individuos egoístas hayan.

Por su parte, en los narcisos ocurre una deformación progresiva del juicio y de la objetividad al arraigarse el siguiente discurso: es bueno “lo que es mío” y es malo “lo que no es mío” y por lo tanto no puedo amar a nadie que esté fuera de mi, solo me intereso por mí mismo. Al establecerse ese monólogo interno en el narciso, se inicia el olvido, el olvido progresivo de la familia, el olvido de la sociedad hasta que finalmente se convierte en un cadáver social, en un necrófilo social, horma perfecta del capital.

Von Hagens y sus patrocinantes, serían entonces los representantes más publicitados y mundialmente aceptados de la necrofilia y el narcisismo. Resumen la llamada patología de lo normal, que se convirtió en show. En cada función, además de ganar dinero, exacerban los rasgos de egoísmo agudo y la desconsideración hacia los sentimientos ajenos. Es un hecho trascendente que ponen en evidencia las severas grietas en la cultura y patrones de conducta alterados.

Los revolucionarios, rechazamos terminantemente este tipo de muestras, pero adicionalmente nuestras organizaciones culturales deben incorporar a toda esa gente que pagó por ver cadáveres a otras actividades que reflejen una vida social plena y que busca la creatividad biofílica constante.