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POR: ROSA TRISTÁN

Sólo en el Socialismo los obreros encuentran su elemento perfecto de acción, pueden comenzar a desplegar sus energías de constructores y suplantar las revindicaciones grupales por la gran emancipación del género humano. La percepción social del obrero se hace más sensitiva, su comprensión del entorno nacional e internacional se hace más aguda, lo que le da una visión de los límites de sus aspiraciones económicas más acertada. Estos límites estarán en función del aporte que cada uno realiza para que los menos aventajados no perezcan a su diestra. El obrero se refleja en la sociedad diciendo: Yo soy el otro, yo me hago uno con la sociedad, sintiéndome a la vez como individuo valioso.

Durante siglos se despreció la condición obrera asociándola al trabajo de los esclavos o de gente de segunda categoría. Pero siempre donde están los obreros, está la puntualidad, la disciplina, el engranaje de capacidades, el caporal que supervisa, el comedor listo en hora exacta, el bus de ida y vuelta, el disfrute y el reconocimiento de descubrir una forma de mejorar la producción, el compartir y cuidar las herramientas, la revuelta de mañana por la reivindicación, la familia cariñosa y solidaria cada noche en torno a su sostén moral, y allí se va la vida misma. Si pudiéramos resumir la ideología obrera en tres palabras, estas serían: amor, conocimiento y trabajo. En estas virtudes se engendra una fuerza mágica de cohesión social.

En la mística del trabajo obrero se encuentra el germen de la sociedad socialista. Cuando esta fuerza se hace consciente de su existencia, se organiza socialmente, toma el poder político y económico a través del Estado, entonces se convierte en Estado Obrero, para dar paso a una existencia amorosa, integrada social e internacionalmente, hasta consolidar el Socialismo global.

En Venezuela los obreros por nuestra condición de país rentista, son de pequeña magnitud numérica, aislados por sectores productivos, a merced del mercado que ajusta el valor de su fuerza de trabajo. Durante la preeminencia del Estado burgués de la cuarta república, la mayoría de los obreros se conformó con una limitada acción política.

Al llegar la Revolución Bolivariana , la ideología de la clase obrera se fue abriendo paso entre tropiezos hasta conseguirse con la Propiedad Social. Primero fueron las cooperativas, luego las fracasadas empresas cogestionadas, luego las mal llamadas empresas de producción social, hasta que finalmente sonó el toque de diana: la Propiedad Social llegó como forma superior de concepción social.

La fuerza objetiva de la Propiedad Social , es la única capaz de proporcionar el impulso de la transformación socialista. Los obreros encuentran otra perspectiva de vida, alzan la mirada más allá de la cerca, otras son sus metas, la sociedad entera espera sus productos, el mundo exterior ya no ajeno e inhóspito, su importancia se magnifica como nunca antes y la fuerza subjetiva de pertenencia potencia su vida.

Solo en el Socialismo los obreros encuentran su elemento perfecto de acción, pueden comenzar a desplegar sus energías de constructores y suplantar las revindicaciones grupales por la gran emancipación del género humano. La percepción social del obrero se hace más sensitiva, su comprensión del entorno nacional e internacional se hace más aguda, lo que le da una visión de los límites de sus aspiraciones económicas más acertada. Estos límites estarán en función del aporte que cada uno realiza para que los menos aventajados no perezcan a su diestra. El obrero se refleja en la sociedad diciendo: Yo soy el otro, yo me hago uno con la sociedad, sintiéndome a la vez como individuo valioso.

La dirigencia obrera de la cuarta y los antiguos patronos capitalistas comprenden que es mucho más fácil confundir a las masas para generar su apatía, que hacerlas discutir las ideas esenciales que elevan su espíritu: como por ejemplo la relación que existe entre conciencia y tipos de propiedad. Es por ello que sus discusiones nunca irán más allá de tal o cual cláusula de un contrato colectivo, o tratarán de crear artimañas legales que separen los conceptos de propiedad estatal y Propiedad Social, que tienen idéntica inherencia cuando el Estado ha dejado de ser burgués y se ha convertido en revolucionario.

La dirigencia obrera revolucionaria debe advertir que de perderse este intento, la sociedad venezolana volvería a entrar en un largo letargo que finalmente le dará paso al fascismo.

Al estar los precios del petróleo en baja y al decidirnos a renunciar al sistema capitalista, los beneficios de las empresas de Propiedad Social no se perciben de forma inmediata, lo cual momentáneamente podría desprestigiar las ventajas del Socialismo. Esto es así pues aún toca reaprender algunos procesos, ajustar la complicada tarea de planificar centralizadamente e ir saldando las deudas sociales del pasado. Un transitorio ambiente de aparente escasez puede desmoralizar a algunos y desesperar a otros. Pero puede convertirse al mismo tiempo en una época de acumulación de conciencia socialista. Por eso, la importancia de explicar y disuadir a la Clase Obrera de la coyuntura que atravesaremos. De resultar victoriosos en esta transición, quedará demostrada en la práctica nuestra fuerza eficiente llena de riqueza moral frente al sistema capitalista.

Una parte de los excedentes producidos por las empresas de Propiedad Social, deberían ir a un fondo que llamaremos de Acumulación de Conciencia Socialista, cuya función será el incremento de la riqueza social a través de la educación universal, que contribuirá a abolir los antagonismos de clase que son el resultado de las distinciones entre el trabajo especializado y el no especializado, entre el manual y el mental. El desaforado consumo al que hemos sido acostumbrados como único paliativo por nuestras fuerzas vitales mutiladas encontrará un nuevo caudal de infinita producción: el conocimiento. Esta nueva “ley” de acumulación se impondrá a su vez, como una fuerza objetiva que determinará un nuevo comportamiento económico, a conciencia y voluntad de los hombres en lucha. Solo las empresas de Propiedad Social administradas por el Estado, permitirían la existencia de este fondo de acumulación de conciencia socialista. Los escépticos y desesperanzados dirán que esta es una visión muy romántica, pero a ellos hay que recordarles que las revoluciones surgen cuando es imposible reconstruir la vieja sociedad bajo las contradicciones inherentes a su tiempo histórico.

Estamos en una etapa crítica de la vida del incipiente Estado Socialista venezolano. En esta etapa transitoria los ingresos serán relativamente más bajos pero la dignidad obrera resistirá a ello. Ya no es el patrón burgués su contrincante, ahora el Estado Revolucionario es su aliado y su marcha debe ser hombro a hombro y a paso cerrado. La seguridad que posee el obrero venezolano ante los coletazos de la crisis será la que le da el Estado Obrero que nunca lo abandonará, porque cuida la idea de que para mantener la victoria de la Revolución es tan necesario el trabajo del obrero como la acción de los Generales.

La Clase Obrera debe tener suficientes señales que la permitan condenar las voces que juegan a la división, desde las tribunas del desvío de la senda socialista conformando nuevas figuras privadas, desde la tribuna del reclamo de insostenibles beneficios económicos o desde la tribuna que exalta viejas rencillas grupales.

Parafraseando a Fidel, en un discurso para los obreros en tiempos de fraccionamiento al inicio de la Revolución [ver Debate Socialista No. 41, pág 10-11]: “Porque sino somos un pueblo con suficientes virtudes para realizar una empresa semejante (la del Socialismo), cuanto antes se supiera, mejor, porque habría llegado la hora de ir pensando que los tiempos aquellos del pasado, tan trágicos y desesperados no tardarían mucho en regresar… la responsabilidad que tenemos todos nosotros de ganarle la batalla a la reacción, ahora que tanto se aproxima nuestro pueblo a esa posibilidad, la responsabilidad de todos nosotros es muy grande, no sea que después tengamos que llorar lo que no hayamos sabido defender hoy como verdaderos revolucionarios; no sea que mañana tengamos que lamentarnos por nuestras debilidades de hoy”.