
Definimos movilización como el arte de conmover a las mayorías. Movilizarse es moverse acompañado, juntos, moverse con el otro que hemos convencido y después de la acción sumergirse en reflexión profunda. Movilizar es transformar el alma.
La acción puede ser una marcha, una concentración, pero también puede ser trabajo extra o el estudio de temas esclarecedores. El éxito de la movilización se mide en cuánta conexión resulte de grupos dispuestos a emprender nuevos fines. Se mide en cuántos vínculos y redes que sean capaces de enlazarse luego de la movilización, desde lo local hasta las instancias ejecutivas y legislativas de rango nacional.
Los líderes locales fraguados en las movilizaciones no se diluyen ni son abandonados a su visión personal pues comienzan a pertenecer a una organización de masas de gran escala. Se convierten en faros de unión y pueden con argumentos ideológicos revolucionarios disuadir, convencer y convocar para la construcción a las masas apolíticas.
Hoy día en Venezuela con la existencia del Partido Socialista Unido y los consejos comunales cabe la pregunta ¿por qué está fallando la movilización a pesar de que existen estos aparatos organizativos? ¿por qué más de tres millones de aspirantes a militantes decidieron no reinscribirse? ¿por qué los consejos comunales se han convertido en grupos aislados captores de recursos? ¿por qué luego de diez años la relación gobierno, partido y masa sigue siendo un rompecabezas?
La anterior dispersión nos llama al análisis para avanzar internamente y solo entonces vencer al enemigo oligarca en cualquier escenario que se presente.
El partido revolucionario nació con una concepción de un partido de masas, o una organización de masas, es decir, en su fundación se dio mayor importancia a la cantidad, al número de aspirantes.
Se congregaron allí ideológicamente distintas tendencias: desde los anarquistas tropicales o negadores del Estado y de la teoría política universal, los socialdemócratas o creyentes de la preeminencia del sistema electoral como forma de participación, los reformistas que apoyan el capitalismo con rostro humano, y una pequeña fracción desventajada de revolucionarios creyentes del poder del Estado Revolucionario y la Vanguardia como garantía organizativa.
Las masas apolíticas se movilizaron a inscribirse en el PSUV, sin comprender las sutiles pero importantísimas diferencias entre las diversas orientaciones. Sin embargo, el partido requería (y sigue requiriendo) de una concepción clara y una práctica correspondiente en la realidad. Pero el predominio de la visión anarquista en gran parte de la dirigencia lo impidió.
Para que la movilización inicial mantuviera su llamarada hacía falta la incorporación de esas masas en la ejecución de planes nacionales, de donde saldrían los cuadros de un posterior partido de vanguardia hijo amoroso del partido de masas. La movilización debía darse en la realización de los planes productivos protegidos por la Propiedad Social. Solo entonces el partido de masas o la organización de masas tendría razón de existencia, impulso de vida, capacidad constructiva.
Pero el partido de masas comenzó a mermar, sus miembros fluctuaban en asambleas sin líneas claras y no ocurrió la diferenciación necesaria entre los cuadros formados y la masa de miembros apolíticos. Con la excusa de no crear sumisión a la autoridad, la cual se ejerce en el capitalismo, golpeamos la organización Socialista.
Si una dirección no asume su papel de preceder al pueblo en la evaluación de los hechos y procesos, entonces se convierte en un aparato de freno social, en un lastre.
Ante este reflujo de las masas a la movilización convocada por el PSUV, la oligarquía preparara nuevas contiendas para espuelear a las masas.
Por ejemplo, los conatos de magnicidio deben conmovernos siempre, movilizarnos siempre, avivar el vínculo y solidaridad con el líder. Mientras mas amplia sea la base de las movilizaciones, menos factible para el enemigo burgués será el uso de la violencia, disuadirá sus intenciones. El magnicidio el oligarca lo plantea como la salida más contundente y rápida a los supuestos problemas de falta de legitimidad popular. Esta salida la usaron en el continente, con Torrijos, Allende, Jacobo Arbenz, para nombrar a Presidentes, pero también han asesinados a líderes revolucionarios, como Julio Antonio Mella, Fabricio Ojeda, entre otros. Las arremetidas facistoides y violentas en el escenario político venezolano actual, son síntoma de debilidad en la movilización revolucionaria, que incluye deficiencias en el PSUV y en la organización nacional de los consejos comunales. Debemos acompañar al Comandante Chávez en el terreno que se plantee la lucha con todas las organizaciones existentes.
Otra forma de movilizar es, señalar donde hemos fallado, lo cual, contrario a lo que se cree, es signo de fortaleza, de que podemos rectificar cuantas veces sea necesario, siempre y cuando el faro a puerto seguro sea el Socialismo.
Señalar donde están las contradicciones de clases, donde hemos creado aspiraciones en las masas de convertirlas en una gran clase media, cuando es imposible desde el punto de vista económico y contrario a la ideología de la Clase Obrera Socialista. Debemos crear nuevas aspiraciones revolucionarias en la población, indicando donde se encuentran las contradicciones entre nuestros egoísmos personales y las posibilidades de nuestra sociedad y el planeta.
Aún debemos resolver el dilema de cómo atraer a los no organizados, cómo despertar la actividad latente en las masas. Cómo hacer que se planteen las preguntas fundamentales: ¿Qué quiero? ¿Cómo lo consigo? Y cambiarlas a ¿qué queremos? ¿Cómo lo conseguiremos?
Un excelente escenario para la movilización actual es el creado por las recientes nacionalizaciones. Parte del trabajo político que debe realizarse es incentivar el interés de los obreros por la producción. Para ello, es necesario reforzar el carácter del Estado Revolucionario como representante de la sociedad toda. Así el trabajador revindica su sentimiento de pertenencia, pues es dueño de la empresa y dueño de sí. Debemos utilizar medios de propaganda que cambien el titular desde “expropiamos a los capitalistas” hacia “hemos tomado posesión de nuestra propiedad legítima”. Ante la primera consigna, los trabajadores y la sociedad reaccionan con culpa y desgano, como si hubiese robado. En la segunda consigna, los obreros y las masas apolíticas toman conciencia de su derecho de propiedad, fundada sobre el trabajo. La nueva ideología comenzará a ser aceptada. Movilizaremos conciencias y masas que respalden las nacionalizaciones.
Al comprometer a la sociedad y a los trabajadores en el trabajo concreto, la movilización dejará de ser solo una congregación de individuos en una plaza o largas colas cada determinado tiempo para ir a votar. Cada trabajador debe saber cuánto aporta su fuerza a la sociedad, eso le dará conciencia de clase, conciencia de lo valioso de su tiempo en la construcción social. Si las masas no son convocadas al trabajo concreto, que lo compromete, que le da misión de trascendencia, pues entonces, volverán a refugiarse en su vida personal, en la resolución del conflicto con sus familiares, a buscar un crédito para comprar un carro o una casa, a sus problemas sexuales o a como convivir con un jefe déspota.
Finalmente la movilización debe tener varias características para que sea efectiva: 1) hacer comprender que para avanzar es necesario el Comandante, el líder 2) debe ser permanente, progresiva, a largo plazo, pero estando atentos a los acontecimientos repentinos 3) dejar saldos organizativos de lo local a lo nacional, y apoyo continuo en la ejecución de la planificación Socialista 4) que nos refuerce el sentimiento internacionalista y la solidaridad real diaria 5) que no pierdan las escalas de pensamiento mundial, las crisis, los antagonismos imperialistas 6) la movilización debe estar preferiblemente vinculada al trabajo concreto y productivo de Propiedad Social que permita identificar cuadros revolucionarios que se integren a la Vanguardia Obrera Socialista.