DERROTEMOS A BARRABAS
La legalidad debe ser modificada tantas veces como sea necesario, hasta lograr el salto que la humanidad requiere para garantizar su preservación como poder político y como especie.
¡Derrotemos a Barrabas! ¡Acompañemos la enmienda!
Los pueblos tienen oportunidades extraordinarias y poco frecuentes para cambiar la dirección de sus destinos. Estas ocasiones vienen encarnadas en líderes, cuyas ideas sintetizan el camino de su redención. De la decisión que el pueblo tome en esos momentos culminantes depende el destino de esas sociedades durante años. Pero hoy día esas decisiones decidirán la supervivencia de la especie humana.
No es fácil que los pueblos atiendan a esos llamados y tomen la dirección correcta, pues su alma ha estado capturada por mucho tiempo por las clases dominantes, atada a un profundo conservatismo que lo inmoviliza y le impone voluntades. De esta forma, muchas veces el pueblo se ha colocado del lado de sus verdugos, ha entregado por un saquito de monedas a sus redentores y le ha dado paso al oscurantismo.
Otros pueblos, por el contrario, han resistido largas jornadas penosas acompañando a sus líderes, pueblos que no se arrodillaron, que no se amilanaron, que no traicionaron jamás a sus líderes, para ser premiados con la solvencia moral de la historia. Su sangre y su sacrificio nunca fueron en vano.
Dos mil años después aún tratamos de entender cómo ocurre aquel momento terrible donde ante la pregunta de Pilato: -¿A quién queréis que os suelte: a Barrabás o a Jesús- los principales sacerdotes y los ancianos persuadieron a la multitud para que pidiera a Barrabás y que se diera muerte a Jesús. Pilato nuevamente pregunto a la multitud: -¿Qué pues haré con Jesús, llamado el Cristo? Todos respondieron: ¡Que lo crucifiquen!
Otro ejemplo terrible y no menos aleccionador es el General Bolívar al final de sus días, días que García Márquez plasma como ficción de la siguiente forma:
..Cuando de pronto, oyó el grito: "¡Longaniiiiizo!". No tuvo tiempo de esquivar una bosta de vaca que le arrojaron desde algún establo y se le reventó en mitad del pecho y alcanzó a salpicarle la cara. Pero fue el grito, más que la explosión de boñiga, lo que lo despertó del estupor en que se encontraba desde que abandonó la casa de los presidentes. Conocía el apodo que le habían puesto los granadinos, que era el mismo de un loco de la calle famoso por sus uniformes de utilería. Hasta un senador de los que se decían liberales lo había llamado así en el congreso, en ausencia suya, y sólo dos se habían levantado para protestar. Pero nunca lo había sentido en carne viva. Empezó a limpiarse la cara, con el borde de la ruana…
Este general Bolívar abandonado y traicionado, dio paso a las nuevas oligarquías que se encargaron de administrar localmente los intereses de la colonia española, desmembrar la Gran Colombia y entregar los sueños y esperanzas del Ejercito Libertador.
Sin embargo, ese mismo pueblo lo acompañó en El Paso de Los Andes. Durante 75 días, con increíbles sacrificios y esfuerzos, atravesó el páramo de Pisba, rodeado de barrancos y peñascos, por senderos que apenas si era posible la marcha, con un frío abrumador y la molestia constante de la lluvia y el granizo. Aquello fue casi superior a sus fuerzas. Los soldados de Bolívar caían muertos de cansancio o engarrotados por el frío pero seguían caminando en fila india con un alto sentido de solidaridad y trascendencia histórica. Tal fue la marcha, que la caballería llegó sin caballos, con pocas armas y sin nada que les molestase, porque ya era bastante poder con el propio cuerpo. Finalmente, aquel increíble sacrificio le dio la libertad a la Nueva Granada.
El pueblo también acompañó a Bolívar hasta los confines del continente llevando libertad hasta el Perú. Allí les exclamo: "¡Peruanos! En cinco meses hemos experimentado cinco traiciones y defecciones; pero os quedan contra millón y medio de enemigos, catorce millones de americanos que os cubrirán con el escudo de sus armas. La justicia también os favorece, y cuando se combate por ella, el cielo no deja de conceder la victoria".
El pueblo venezolano decide nuevamente acompañar a Zamora en contra de la oligarquía que traicionó a Bolívar y lo nombra El General del Pueblo Soberano, durante la Guerra Federal. Bajo el liderazgo de Zamora y las consignas: tierra y hombres libres, respeto al campesino y desaparición de los godos, el pueblo combate y gana la Batalla de Santa Inés.
El 23 de Enero de 1958 acompañó a Fabricio Ojeda en las jornadas para la recuperación de la vía de redención que lamentablemente fue torcida por los lacayos del imperio, y los líderes naturales del pueblo tuvieron que continuar la lucha en las montañas y dar sus vida en las ergástulas del pacto de punto fijo.
Ahora, en nuestros días el pueblo parió un líder: El Comandante Chávez, y lo ha acompañado desde la madrugada del 4 de febrero cuando le entregó el corazón, salió a la calle el 13 de Abril de 2002 a defenderlo, resistió heroicamente el Sabotaje Petrolero del 2002-2003, lo acompañó en todos los procesos electorales y también lo acompañará en este nuevo llamado de la enmienda para la reelección.
Otros ejemplos tiene la historia de pueblos que acompañan a sus líderes hasta las últimas instancias. Tal es el caso del pueblo Ruso ante las fuerzas imperio-nazistas. Hitler ordena el bloqueo absoluto de la población de Leningrado a fin de desmoralizar el campo socialista y para ello plantea dejar morir la población de hambre y frío. El sitio duró casi 900 días desde 1941 hasta 1944, y la población rusa fue sometida a la más increíble lucha por la supervivencia, cientos de miles de familias murieron en sus hogares, pero los orgullosos habitantes de esta ciudad ofrendaron miles de vidas para preservar el campo socialista.
No puede faltar aquí la heroica Cuba acompañando a su líder Fidel y a las ideas del Socialismo. En 1959 Fidel renuncia a su cargo de primer ministro ante el entorpecimiento de las medidas revolucionarias por parte de los oportunistas y reformistas del gobierno. Notifica al pueblo su decisión diciéndoles:
…Esta no es una Revolución de fuerza, sino de razón y de corazón; esta es una Revolución de opinión pública y no de opinión pública prefabricada o fabricada a base de mentiras, sino una opinión pública hecha a base de verdad, no a base de hipocresía o de demagogia, sino a base de sinceridad.
…no abandonaré la Revolución ni dejaré de cumplir con mis deberes revolucionarios. Quiero decir sencillamente a los enemigos, que están equivocados que pueden ir tomando otra ruta... Puse el problema en manos del pueblo, y la única manera de poder hacerlo era renunciando previamente al cargo, pensando muy seriamente no en retirarme de la Revolución , porque de esta Revolución no me retiro ni me puede retirar nadie…
…puesto que los cargos no me importan, pero tampoco les voy a rendir tributo a los detractores de la Revolución más allá de la voluntad unánime de nuestro pueblo, y puesto que no me mueven razones sentimentales, sino razones revolucionarias y morales, puesto que me mueve el deber de actuar de manera tan diáfana que no quede la menor duda, el problema de la renuncia lo decidirá el pueblo el 26 de Julio y acataré sencillamente la voluntad soberana del pueblo.
Y efectivamente el pueblo lo acompaño el 26 de julio de 1959. Un millón de campesinos con machetes en mano, salieron a exigir que Fidel volviera al gobierno.
Donde sea derrotado el fascismo, el capitalismo, allí estarán los héroes caídos y renacerá la esperanza.
La legalidad debe ser modificada tantas veces como sea necesario hasta lograr el salto que la humanidad requiere para garantizar su preservación como poder político y como especie.
Derrotemos a Barrabas! Acompañemos la enmienda!