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PRONÓSTICOS

  Por: Neftalí Reyes

En las elecciones regionales que hoy enfrentamos existe el peligro, y más en estos días finales, de quedar confinados al juego numérico, una especie de Sudoko electoral. Así el mapa político cambia con el espejismo de los pronósticos, encuestas, tirada de caracoles, y todo tipo de supersticiones.

Se corre el peligro de perder la visión estratégica, de quedar inermes después de las elecciones.

Los números electorales no resuelven la ecuación revolucionaria, la política revolucionaria no se puede afincar en la numerología electoral, eso sería aceptable para los oligarcas y reformistas, no para quien busca fundar una nueva sociedad.

En las elecciones regionales que hoy enfrentamos existe el peligro, y más en estos días finales, de quedar confinados al juego numérico, una especie de Sudoko electoral. Así el mapa político cambia con el espejismo de los pronósticos, encuestas, tirada de caracoles, y todo tipo de supersticiones.

Se corre el peligro de perder la visión estratégica, de quedar inermes después de las elecciones.

Los revolucionarios debemos librarnos del sedante electoral y construir una política capaz de dar respuesta al cuadro de confrontación, del cual las elecciones son un pequeño fragmento, ¡ojo! No decimos que lo electoral se desatienda, decimos que no nos absorba, nos enceguezca.

Desde ahora, pero más después del 23 de noviembre, los bolivarianos debemos afinar la ideología, recordando que es la ideología la base de todos los éxitos y de todas las derrotas. No hay victoria que no venga precedida de un acierto ideológico, así como no hay derrota política que antes no haya sido una derrota ideológica.

Desde ahora y después del 23 de noviembre debemos prepararnos para una gran reflexión, será momento oportuno para hacer un análisis, un balance riguroso de la marcha de la Revolución , un análisis que vaya más allá de los resultados electorales.

  Es necesario rectificar con valentía los errores, y reafirmar los aciertos. Derrotar las posturas castradoras que confunden realismo con pesimismo.

De esas jornadas dependerá la fuerza de nuestra marcha, y podríamos decir que dependerá el éxito o el fracaso de la Revolución , una Revolución que no reflexiona a profundidad es una Revolución débil.

En esas jornadas debe participar la gran masa Bolivariana.

Desde ahora y después del 23 de noviembre debemos acerar al partido, formar los Destacamentos de Vanguardia que servirán de columna vertebral a la organización.

Se debe profundizar en la formación de los cuadros revolucionarios, esto es, su preparación para que sean ejemplo de hombres nuevos, socialistas, hombres capaces de hacer la Revolución. La formación sólo tiene sentido si es preparación para construir la Revolución.  

Desde ahora y después del 23 debemos cerrar filas con el Comandante Chávez, pueblo y líder fuertemente unidos para hacer frente a la difícil situación económica mundial que tendremos que enfrentar.

En el mundo está ocurriendo un cataclismo económico de tal magnitud que ha llevado a las grandes potencias a intentar un reacomodo del sistema financiero mundial, este solo dato ya es suficiente para demostrar la magnitud de la crisis.

La crisis del capitalismo, por su misma esencia depredadora, intentará alimentar su solución con la sangre, el hambre y el sudor de los pueblos.

Sólo las sociedades que cuenten con un camino alterno al capitalismo, el Socialismo, con líderes y pueblos capaces de mantener ese rumbo, serán capaces de capear esta tempestad.

El Comandante Chávez es el líder de este proceso, pero necesita la colaboración, el complemento de una organización, de una dirección que potencie, vehicule y vigorice ese liderazgo.

Es necesario construir una dirección nacional y regional política que organice, conduzca al pueblo en las duras batallas que se avecinan. Vale la pena ahondar en el asunto.

La pequeña burguesía en su versión anarcoide, que tuvo y tiene mucho auge como consecuencia de la caída del campo soviético, ha enfilado sus mejores armas en contra de la organización, de la dirección, de los dirigentes.

Esta postura reaccionaria, ha hecho mucho daño al movimiento revolucionario porque ha calado en las masas excluidas y ha creado una suerte de complejo en las direcciones, que se avergüenzan de su papel.

Es necesario combatir con fuerza, afuera y dentro de nosotros mismos el virus anarcoide.

El pueblo humilde, las clases sociales despojadas sólo pueden actuar en política si están organizadas políticamente y cuentan con dirección política.

En la dominación capitalista, el pueblo, las clases son despojadas económica, social, y también políticamente, se hace de todo para impedir  la organización propia de su condición, la formación de una organización imbuida de la ideología revolucionaria, se ponen a correr teorías disolventes, falsos empoderamientos, desviaciones locales.

Al no estar organizada, al estar desprovista de dirección,  las clases despojadas, el pueblo humilde es incapaz de diseñar estrategias, actúa espasmódicamente, a lo sumo llega a hacer daño a la superficie del sistema, nunca a sustituirlo.

Ya sabemos que la Dirección es importante, entonces surge una pregunta,

¿Por qué esta Revolución, este pueblo que ha parido un líder como el Comandante Chávez ha sido incapaz de parir una dirección que lo complemente, que le de fuerza al rumbo revolucionario. Y cómo hacer para corregir los extravíos  y construir, por fin, la dirección y la organización revolucionaria vigorosa?

Variadas y abundantes son las razones, pero podríamos comenzar por revisar el daño de las posturas anarcoides.

La principal deformación anarcoide es separar a los líderes de las masas, del pueblo, de las clases sociales despojadas. Esta separación se extiende, o mejor, nace de la separación del Estado revolucionario del pueblo humilde, de las clases sociales despojadas.

De esa manera la función dirigente del Estado, de la organización, de los líderes queda truncada, obtenemos así  dirigentes sin pueblo y pueblo sin dirección. Entonces lo primero que hay que corregir es la idea de la separación dirección-pueblo.

La dirección en una Revolución nace del pueblo, es pueblo organizado y conciente,  es pueblo que se reconoce a sí mismo, que reconoce a la dirección, al Estado, a los dirigentes como una parte de sí mismo, como un instrumento para actuar en política.

Es necesario retomar el papel de los dirigentes, saber que sus errores y omisiones son errores y omisiones atribuibles a la falta de conexión dirigentes-pueblo, así los errores son de todos y los aciertos son de todos, cuando tengamos conciencia de esto nos estaremos acercando al Socialismo, tendremos a los mejores dirigentes, y al mejor pueblo.

Tomemos por ejemplo un alcalde o un gobernador de esos que traicionaron, es cierto que el tipejo es un despreciable . Pero también es cierto que la  masa que lo eligió como su representante se mostró inerme, encadenada, frente a esta traición.

Pensemos en los problemas de seguridad, de la basura, etc, los dirigentes separados del pueblo y el pueblo separado de los dirigentes no han sido capaces de enfrentar esos problemas, de estudiarlos: unos, los dirigentes se descocan por buscar más patrullas, más motos, más policías, y así van directo al fracaso y al patíbulo electoral.

Los otros, el pueblo desconectado de sus dirigentes busca soluciones individuales, aisladas y espera la oportunidad de guillotinar al “culpable”, es decir, al dirigente que no soluciona, porque está desconectado del pueblo.

Se forma así un círculo vicioso, una situación de profundización de los problemas, de desánimo, que nos conduce, necesariamente, a sistemas de fuerza, al fascismo.