
Por: Neftalí Reyes
La Revolución de Allende, fue pacífica y fue verdadera, él buscó por medios distintos al Che los mismos fines.
Es una gran enseñanza para los revolucionarios de hoy, seguir los pasos de Salvador Allende en los años en que la Revolución que él dirigía se debatía entre triunfar o morir. Veamos.
Fragmentos del discurso de Allende en el Estadio Nacional al tomar posesión del gobierno el 5 de noviembre de 1970.
Dijo el pueblo: “venceremos”, y vencimos
Aquí estamos hoy compañeros para conmemorar el comienzo de nuestro triunfo. Pero alguien más vence hoy con nosotros. Están aquí Lautaro y Caupolicán hermanados en la distancia de Cuauhtémoc y Tupac Amaru.
Hoy, aquí entre nosotros, vence O´Higgins, que nos dio la independencia política celebrando el paso hacia la independencia económica.
Hoy aquí con nosotros vence, Manuel Rodríguez…
… De los trabajadores es la victoria.
Del pueblo sufrido que soportó por siglo y medio, bajo el nombre de independencia, la explotación de una clase dominante incapaz de asegurar el progreso, y de hecho, desatendida de él.
La verdad, lo sabemos todos, es que el atraso, la ignorancia, el hambre de nuestro pueblo y de todos los pueblos del Tercer Mundo, existen y persisten porque resultan lucrativos para unos pocos privilegiados…
… Sabemos bien, por experiencia propia, que las causas reales de nuestro atraso están en el sistema.
En este sistema capitalista dependiente, que, en el plano interno opone las mayoría necesitadas a minorías ricas; y en el plano internacional, opone los pueblos poderosos a los pobres; y los más costean la prosperidad de los menos.
Heredemos una sociedad lacerada por las desigualdades sociales.
Una sociedad dividida en clases antagónicas de explotadores y explotados…
…contra todas estas formas de existencia se ha alzado el pueblo chileno. Nuestra victoria fue dada por la convicción, al fin alcanzada, de que sólo un gobierno auténticamente revolucionario podría enfrentar el poderío de las clases dominantes, y al mismo tiempo movilizar a todos los chilenos para edificar la República del pueblo trabajador.
Esa es la gran tarea que la historia nos entrega…
Allende dibujaba así al país que recibía, las causas de la pobreza y el hambre, y la voluntad del pueblo chileno, mediante un gobierno revolucionario, de cambiar ese mundo de miseria.
Exploremos la vía para ese cambio que Allende proponía:
…Vivimos un momento histórico: la gran transformación de las instituciones políticas de Chile. El instante en que suben al poder, por la voluntad mayoritaria, los partidos y movimientos portavoces de los sectores sociales más negados.
Si nos detenemos a meditar un momento y miramos hacia atrás en nuestra historia, los chilenos estamos orgullosos de haber logrado imponernos por la vía política, triunfando sobre la violencia.
Esta es una noble tradición. Es una conquista imperecedera, en efecto, a lo largo de nuestro permanente combate por la liberación, de la lenta y dura lucha por la igualdad y por la justicia, hemos preferido siempre resolver los conflictos sociales con los recursos de la persuasión, con la acción política.
Rechazamos, nosotros los chilenos, en lo más profundo de nuestras conciencias, las luchas fraticidas. Pero sin renunciar jamás a reivindicar los derechos del pueblo. Nuestro escudo lo dice: “Por la razón o por la fuerza” pero dice primero por la razón.
Esta paz cívica, esta continuidad del proceso político, no es la consecuencia fortuita de un azar. Es el resultado de nuestra estructura socioeconómica, de una relación peculiar de las fuerzas sociales que nuestro país ha ido construyendo de acuerdo con la realidad de nuestro desarrollo…
Queda dibujado el cuadro político en la chile de 1970: Un país dividido en clases antagónicas, con alto grado de explotación y miseria. Un gobierno revolucionario que llega al poder por vía electoral, que diagnostica que el mal está en el capitalismo, que la Revolución es la superación del capitalismo, y que eso, dada la tradición de Chile se puede hacer por vía pacífica.
Avanzaba Allende por el camino pacífico que se habían trazado, y en 1971, en su primer informe al Congreso señalaba:
…En el proceso revolucionario que vivimos, son cinco los puntos esenciales en que confluye nuestro combate político y social: la legalidad, la institucionalidad, las libertades políticas, la violencia y la socialización de los medios de producción; cuestiones que afectan al presente y al futuro de cada conciudadano…
… nuestro sistema legal debe ser modificado. De ahí la gran responsabilidad de las Cámaras en la hora presente: contribuir a que no se bloquee la transformación de nuestro sistema jurídico. Del realismo del Congreso depende, en gran medida, que a la legalidad capitalista suceda la legalidad socialista conforme a las transformaciones socieconómicas que estamos implantando, sin que una fractura violenta de la juridicidad abra las puertas a arbitrariedades y excesos que responsablemente queremos evitar (subrayado nuestro).
El papel social ordenador y regulador que corresponde al régimen de derecho está integrado a nuestro sistema institucional. La lucha de los movimientos y partidos populares que hoy son gobierno ha contribuido sustancialmente a una de las realidades más prometedoras con que cuenta el país: tenemos un sistema institucional abierto, que ha resistido incluso a quienes pretendieron violar la voluntad del pueblo.
La flexibilidad de nuestro sistema institucional nos permite esperar que no será una rígida barrera de contención. Y que igual que nuestro sistema legal, se adaptará a las nuevas exigencias para generar, a través de los cauces constitucionales, la institucionalidad nueva que exige la superación del capitalismo…
El 4 de diciembre del 1971 en el discurso de despedida de Fidel, en el Estadio Nacional, Allende exponía:
Nosotros teníamos conciencia hace mucho tiempo de que Cuba, en su historia era distinta a Chile, y por eso, de acuerdo a su propia realidad, buscó el camino que esa realidad exigía, y con las armas derrotaron la dictadura bastistiana y empezaron el duro y sacrificado esfuerzo por construir una nueva sociedad, una patria distinta, donde la dignidad alcanzara niveles individuales y colectivos como pueblo.
Chile, de acuerdo a su historia y a su propia realidad, ha buscado su camino y ha empleado este camino para hacer posible, dentro de los marcos del sufragio, un Gobierno Popular nacional, auténticamente revolucionario y democrático, para abrir también las anchas avenidas que nos conduzcan al Socialismo.
Ya lo he dicho, por caminos distintos, Cuba y Chile han llegado a un proceso revolucionario, de una marcha profunda, no sólo por el tiempo sino por su propia realidad en Cuba, y nosotros dando los pasos necesarios para afianzar el proceso revolucionario y caminar presurosamente hacia las metas que nos hemos trazado.
Hemos intensificado la reforma agraria y herido profundamente al latifundio, hemos estatizado la banca y hemos estatizado también diversos monopolios para fortalecer el área de la economía social, y al cumplir los aspectos fundamentales del Programa de la Unidad Popular nos hemos preocupado fundamentalmente del hombre y de la mujer de Chile, del niño, y del anciano, y de ahí la política de redistribución del ingreso para impedir que siguieran consagrándose en nuestra patria las diferencias brutales que marca el régimen capitalista, donde la explotación del hombre por el hombre es lo esencial(…) y por eso es que Chile presencia en este instante el ataque que viene implacablemente organizado desde afuera y que encuentra eco dentro, en sectores que añoran el poder y quisieran impedir el camino del gobierno de ustedes, del pueblo hecho gobierno.
Y en este mismo discurso de despedida de Fidel, señala, acusa a la garra del imperio que ya aparecía claramente en el horizonte:
…Ayer, las agencias informativas han señalado que los integrantes de una misión que enviara el presidente de los Estados Unidos a recorrer algunos países de América Latina han dicho que de Chile poco pueden decir, porque los antecedentes y opiniones recogidas en los pueblos que visitaron, en las conversaciones que han tenido con sus dirigentes, se puede deducir que el Gobierno Popular tiene sus horas contadas.
En la Revolución Chilena se daba un intenso debate teórico tratando de buscar el camino en aquellos días de turbulencia arreciada. En el informe que Allende presenta el Pleno del Partido Socialista, el 13 de marzo de 1972 expone su posición:
… No está en la quiebra violenta del aparato estatal el camino que la Revolución Chilena tiene por delante(…) Se trata sí de transformar el aparato burocrático, el aparato del Estado, como totalidad, la propia Carta Fundamental, en su sentido de clase y, también, en sus manifestaciones institucionales individualmente consideradas. Lo hemos dicho durante años, está escrito en el programa de gobierno de la Unidad Popular y lo estamos llevando a cabo.
La cuestión teórica que ello plantea reposa en un supuesto que aparece evocado en el Informe Político: el de si la institucionalidad actual puede o no negarse a sí misma, destruirse a sí misma, abriendo paso a un nuevo régimen institucional (subrayado nuestro). Para responder esta cuestión se requiere, previamente, tener en cuenta dos factores. En primer lugar, si el régimen institucional es o no abierto al cambio. En segundo lugar, qué fuerzas sociales están detrás del régimen institucional, dándole su fortaleza. Ambos factores se corresponde el uno al otro, ya que solo si el aparato del Estado no es infranqueable a las fuerzas sociales populares puede concebirse que la institucionalidad sea suficientemente flexible para tolerar las transformaciones estructurales sin que estalle automáticamente.
Es concebible que esta cuestión teórica, tan fundamental, planteara dudas en cuanto a su respuesta hace año y medio. Pero no se puede aceptar que todavía sea objeto de una interpretación invertida.
Es evidente, en la Revolución y en el Partido Socialista se discutía el asunto de la legalidad, de la institucionalidad, que ya la oligarquía no respetaba, y se discutía el cómo enfrentar al zarpazo de la oligarquía que ya se venía asomando en el horizonte. Allende era partidario de mantenerse dentro de la legalidad burguesa siempre, y ese pensamiento lo respaldó inmolándose. En el mismo discurso de despedida a Fidel, Allende advierte:
Nadie puede descartar que la burguesía, en su escalada contra el régimen institucional, llegue a intentar provocar las condiciones de ruptura violenta. Los trabajadores organizados deben estar preparados concientes de ello, dispuestos a asumir el papel que les corresponde.
En el tercer informe de gobierno, 21 de mayo de 1973, el Presidente Allende decía:
… Por otra parte, la significación del resultado electoral [del 4 de marzo] la da el contexto histórico en que ha tenido lugar. La política gubernamental se ha traducido en el apoyo masivo que han recibido los partidos políticos que lo sustentan, el más alto que gobierno alguno haya alcanzado en los últimos 20 años tras 27 meses de gestión. El 4 de marzo ha sido reafirmada la vía chilena al Socialismo.
Esto lo afirma Allende escasos 115 días antes del asalto final de la oligarquía. Y aquí entra en discusión otro asunto importantísimo: el apoyo electoral, es decir, el apoyo en la legalidad oligarca, y el apoyo a la hora que la oligarquía se sale del carril constitucional, la hora del enfrentamiento en la calle. Parecen ser dos apoyos de diferente calidad, el uno defiende, acontece mientras la legalidad no ha sido vulnerada, el otro defiende a la Revolución cuando la batalla se presenta en terreno de confrontación fuera de la legalidad, cuando la lucha política se agudiza y deviene en confrontación militar.
El 22 de agosto, es decir seis meses y medio después del apoyo masivo en las elecciones del 4 de marzo, que se valora como una reafirmación de la vía chilena al Socialismo, Allende se dirige al pueblo de Chile, en estos términos:
En el día de ayer los diputados de oposición han exhortado formalmente a las Fuerzas Armadas y Carabineros a que adopten una posición deliberante frente al Poder Ejecutivo, a que quebranten su deber de obediencia al Supremo Gobierno, a que se indisciplinen contra la autoridad civil del Estado, al que están subordinadas por mandato de la Carta Fundamental , a que asuman una función política, según las opiniones inscontitucionales de la mayoría de una de las ramas del Congreso…
Tres días después el Presidente Allende dirigía una carta al General Prats, con motivo de su renuncia a la comandancia en jefe y su retiro del ejército. En ella le dice:
El Ejército ha perdido su valioso concurso, pero guardará para siempre el legado que usted le entregara como firme promotor de su desarrollo…
… los soeces ataques dirigidos contra usted constituyen una parte de la escalada fascista en la cual se ha llegado a sacrificar al Comandante de la Armada , mi edecán y amigo, Arturo Araya Peters, quien fuera ultimado por personas pertenecientes al mismo grupo social, que tronchó la vida del General Schneider. Es este un duro momento para Chile, que usted lo siente de manera muy profunda.
El gesto de su renunciamiento, motivado por razones superiores, no es la manifestación de quien se doblega o rinde ante la injusticia, sino que es la proyección de la hombría propia de quien da una nueva muestra de su responsabilidad y fortaleza.
Todo ya estaba consumado, veinte días después sucedía el golpe de Pinochet, dirigido por el imperio norteamericano que había decretado el derrocamiento de Allende aun antes de tomar posesión, y de la oligarquía chilena cómplice del imperio.
Salvador Allende cae en la Moneda , siempre fiel a sus creencias.
La vía pacífica verdadera, presenta problemas teóricos no resueltos.
Uno de ellos y muy importante es el del comportamiento frente a una oligarquía que al verse sin control de la legalidad que ella misma creó, se levanta contra esa legalidad, pero usándola como santuario para preparar un zarpazo, momento en el que se sale de la legalidad. Mientras esto pasa las revoluciones pacíficas verdaderas están maniatadas en la legalidad.
Otro problema a resolver es que las revoluciones pacíficas verdaderas, al permanecer en el campo de la legalidad, tienen que permitir la actividad impune de su peor enemigo, ahora con mucho más poder que cuando el gobierno de Allende, la actividad de los medios de comunicación, que tienen el objetivo de mermar el apoyo popular a la Revolución.
Otro obstáculo que reclama solución, es la actividad de los reformistas en el campo revolucionario, que confunde, mina la confianza popular, y ya sabemos que Revolución debilitada es fácil presa del fascismo.
Quedan estos hechos para la reflexión, el estudio de quien transite la misma vía de la Revolución pacífica y verdadera…