LOS INTERESES DE LA LUCHA INTERNA
Por: Neftalí Reyes
A medida que una Revolución se va acercando al poder los intereses de los actores revolucionarios cambian radicalmente. Cuando se supera la etapa del sacrificio desinteresado, cuando se arriba al poder, pasada la euforia de los primeros tiempos, cuando las aguas se asientan, se abre paso a otras posibilidades materiales y espirituales.
Es necesario decidir y reafirmar a cuál proyecto va a servir el poder, la posesión del Estado, a cuál ideología de clases va a representar aquel Estado recién conquistado.
Se traslada así el foco de la tensión de clases del exterior de la Revolución a su interior. Se agudiza la lucha de clases interna que hasta ese momento aparecía suavizada por las necesidades de enfrentar en la disputa del poder a fracciones de clase externas.
Aparece así la posibilidad del uso del poder para el servicio de los diferentes intereses de clase que habitaban a la Revolución : o para la sustitución de oligarquías, o para fortalecer la intención de seguir profundizando la vía revolucionaria. Esta es la esencia de la confrontación dentro de la Revolución , esta es la esencia de la profunda lucha de clases que se acontece dentro de una Revolución en el poder.
Esta lucha de clases interna puede presentarse con diferentes matices, con variados sucesos, pero en definitiva, siempre será un enfrentamiento entre la restauración y la Revolución.
Revisando la historia nos daremos cuenta que siempre se cumple este patrón, la lucha de la restauración contra la Revolución dentro del campo revolucionario es constante.
En la Revolución Francesa es famoso el Termidor, estudiado mucho por los revolucionarios soviéticos que comparaban con el Termidor su proceso de lucha de clases interna. Revisemos algunos párrafos de un escrito que nos habla del Termidor Francés, publicado en el International Biulletin , de la oposición de izquierda comunista, número 2, 1º de marzo de 1931, agrupación que se oponía a la desviación de Stalin:
Me referiré muy brevemente al problema del termidor y el bonapartismo. Ya dije muchas veces que es necesario desarrollar este tema en un artículo, ya que, como cualquier otra cuestión histórica, entraña el peligro de hacer analogías demasiado formales, por importantes y fructíferas que sean, y tender a reducir a abstracciones el proceso concreto. El termidor fue una forma transitoria entre el jacobinismo y el bonapartismo. Lo que realmente caracterizaba al termidor era que, formalmente, el gobierno estaba en manos de miembros del mismo partido. Un sector de los jacobinos, o cuasi-jacobinos, destruyó al otro sector, el de los jacobinos auténticos, mediante el llamado a la guerra civil abierta. Bonapartismo significa la victoria del poder centralista burocrático-militar sobre los diversos matices del jacobinismo. En términos de la lucha de clases, esto implica la transición gradual del poder de manos de los sans-culottes a manos de la clase acomodada.
Si consideramos la posibilidad teórica de una victoria de la contrarrevolución en la Unión Soviética , no es indispensable que ésta asuma la forma del termidor francés. Puede saltar esta etapa en el canino hacia el bonapartismo, o combinar las dos, así como la Revolu ción de Octubre combinó el final de la revolución democrática con el comienzo de la revolución socialista. Semejante mezcla de etapas históricas corresponde perfectamente al desarrollo social de Rusia y a toda su historia.
En el artículo se aprecia con claridad la lucha de clases interna en la Francia de Robespierre, y la analogía que los soviéticos hacían con su revolución. Esa lucha interna, el Termidor, trajo la restauración en Francia.
En la Unión Soviética la situación fue muy similar: desaparecido Lenin, se desató una lucha interna que desembocó en las cruentas purgas de Stalin, la salida de Trotsky al exilio y su posterior asesinato en México en manos del español Mercader, y en una deformación severa del camino Socialista que termina con la restauración franca en manos de Gorbachov.
En la Revolución Cubana la historia es diferente, allí tenemos un ejemplo de lucha de clases interna con una solución revolucionaria. Las desviaciones del camino fueron corregidas temprano y el ejemplo cubano aún es faro que señala el camino.
La Revolución de la independencia , es un dramático ejemplo de la lucha interna:
Después de derrotados los españoles con la Batalla de Ayacucho, las pugnas internas afloran con alta intensidad.
Santander se enfrenta a Bolívar, Páez traiciona, es capturado por la oligarquía. Las contradicciones son de tal profundidad que se perpetran varios intentos de magnicidio y Bolívar es desterrado, repudiado, y termina en San Pedro Alejandrino sintiendo que “ha arado en el mar” sintiéndose tan “majadero como Cristo y el Quijote”.
En lo que antes era la Gran Colombia se forman repúblicas independiente en las que la Revolución queda postergada, sólo se opera una sustitución de oligarquías. La restauración es completa. Los esclavos siguen esclavos, los campesinos continúan sin tierras, mientras los neoligarcas se transforman en latifundistas.
La Revolución Bolivariana no escapa de esta característica de las revoluciones, si revisamos su corta vida encontraremos que la Revolución avanza sobre una fuerte lucha de clases que a cada paso se hace más cruenta.
Recordemos la pugna contra la derecha representada por los militares golpistas del 11 de abril en complicidad con los civiles encabezados por miquilena.
Después, superado este primer obstáculo, la Revolución entró en un período de enfrentamiento con la derecha externa que impidió, postergó el recrudecimiento de la lucha de clases interna.
Entre tanto, dentro de la Revolución surgía una suerte de neoligarquía amparada en la renta, que necesariamente desarrolló a la par de sus intereses económicos necesidades políticas que la llevan a entrar en la pugna por el poder, a intentar imponer un rumbo a la Revolución que favoreciera sus intereses.
Esta corriente se enfrenta inevitablemente con las fuerzas revolucionarias que intentan profundizar la Revolución , seguir avanzando en la construcción del Socialismo, consolidar lo ya alcanzado, expandir las zonas socialistas, hacer del Trabajo Colectivo Voluntario un arma para la construcción de la Conciencia Socialista y no un ejercicio de distracción mediática.
Esta pugna es a veces sutil, a veces cruenta, pero siempre despiadada. Las fuerzas de la restauración interna están más cercanas a la oposición oligarca que a los revolucionarios bolivarianos, a éstos los persigue con saña, pero guardando las apariencias. A los oligarcas los une la comunión de intereses, no les conviene el Socialismo, sus capitales, sus riquezas, reclaman capitalismo.
Las fuerzas de la restauración deben guardar las apariencias, deben golpear la causa revolucionaria, pero no pueden hacerlo frontalmente, deben ser sutiles, disfrazarse de revolucionarios, usar la retórica revolucionaria, aparentar, vaciar de contenido a la teoría, apropiarse de la Revolución para deformarla.
¿Cómo enfrentar esta situación de lucha interna, cuál debe ser el comportamiento de los revolucionarios, cómo triunfar en esta difícil batalla?
Se debe entender que la batalla es ante todo una batalla de ideas, por eso el estudio es el arma más importante, se debe fortalecer a la ideología revolucionaria, armarse de teoría para poder detectar y enfrentar los disimulos, disfraces y deformaciones que son el arma más importante que usa la restauración interna.
Se debe entender que las masas, el pueblo debe participar en la gran discusión revolucionaria, en las soluciones, en la búsqueda de respuestas. No hay solución verdadera sin la participación del pueblo.
La discusión debe llevarse a las grandes masas, esta es una manera de empoderarla. Pueblo informado, conciente, organizado es garantía de Revolución, de que la restauración será derrotada.
Si la discusión se queda en las elites políticas, si las controversias se intentan resolver en cenáculos, se abren las puertas a las soluciones represivas.
Es indispensable en la lucha interna cerrar filas con el Comandante, él es la garantía de marcha hacia el Socialismo, no es posible el Socialismo sin Chávez. La conexión amorosa de Chávez con el pueblo es indispensable para la marcha hacia el Socialismo, debemos fortalecerla con irreverencia en la discusión, sólo así encontraremos el camino correcto, sólo de la discusión surge la verdad, pero simultáneamente debemos tener lealtad en la acción, sólo de la lealtad surge la fuerza de la organización revolucionaria, es necesario permanecer unidos al líder aun en los desacuerdos, o mejor, unidos principalmente en los desacuerdos.