Editoriales

Neftalí Reyes

Manuel Cabieses

Rosa Tristán

Reflexiones de Fidel

Discursos

Entrevistas

Libros por Entrega

Poemas

Caricaturas

Artículos Especiales

Contáctanos

Ir a Página Principal

LOS DÍAS QUE VENDRÁN

Por: Neftalí Reyes

Debemos entender que más allá de las siglas, de los nombres, de las ubicaciones partidistas, lo que define al revolucionario son sus acciones revolucionarias, la práctica revolucionaria, de aquí se desprende que el fondo de la batalla actual es la confrontación entre Socialismo y capitalismo, y es así que debemos dividir los campos.

Se trata de una lucha estratégica entre capitalismo y Socialismo, que tiene su plasticidad táctica. Los movimientos que hagamos deben tener esto en mente: es necesario ponerse al lado del Socialismo, del Comandante Chávez.

Después de noviembre tendremos un nuevo paisaje político. Ya en el horizonte se vislumbran señales. Las fuerzas en pugna preparan sus proyectos con los que intervendrán en la lucha por la hegemonía.

En el campo oligarca se perfilan dos opciones bien definidas:

Una, que propone un acuerdo de gobernabilidad, aprovechando la crisis que presagian con la caída de los precios del petróleo, y se apoyan en la debilidad que en algunos sectores dirigentes de la Revolución produce la falta de confianza en el Socialismo, estos a la menor dificultad proclaman: “pacto” “conciliación” “concertación.”

Esta vía está avalada por la embajada gringa, así lo demuestran los voceros, los columnistas que lo impulsan: conspicuos agentes yanquis.

La proposición es muy sencilla:

Primero crean una amenaza de ingobernabilidad, puede que la impulsen con algunas acciones desestabilizadoras, puede que se apoyen en acciones espontáneas de sectores populares no suficientemente organizados, concientes, o incitados por sectores anarquistas que realizan acciones aisladas que favorecen los planes oligarcas.

Luego tienden puentes a sectores de este lado a quienes los unen intereses económicos afines, esto es, que son capitalistas francos o partidarios del híbrido capitalsocialismo, finalmente lanzan la proposición: “un pacto de gobernabilidad” que lleva la participación de esos sectores en el gobierno, y la garantía de no perseguir, no tocar los intereses de los que se plieguen a este pacto.

Del lado de allá esta opción se manifiesta claramente, basta leerlos para dar con las muestras de supuesta “sensatez” de sus voceros más radicales. Revisemos lo que dice Rafael Poleo, en su revista Zeta.

Este vocero después de presagiar debacle por la caída de los precios del petróleo lanza la propuesta de conciliación, desechando simultáneamente la opción golpista. Oigámoslo:

“La solución es compleja y complicada. Requiere un cambio político, ciertamente, pero lo deseable es un cambio en la conducta política del actual Presidente. Ni siquiera una rectificación, sino una adecuación a la nueva realidad. En cambio, hasta para quienes lo consideran deseable, el golpe militar es una posibilidad impensable. Los militares tienen muy pocas ganas de asumir la administración del caos. Ellos, como los civiles, lo que quieren es que el Presidente cargue con la responsabilidad, que actúe con criterio de estadista y no de acuerdo a un proyecto político cada vez más difuso.

En Venezuela la crisis será profunda, por la dependencia del ingreso petrolero y la destrucción del aparato productivo, lo cual nos obliga a importarlo todo, especialmente alimentos.

Ante este cuadro, el Presidente podría convocar una reconciliación nacional para hacer frente al tsunami”.

Está clara la propuesta de este sector de la oligarquía.

La opción de conciliación no es nueva, la aplicaron con éxito en Chile, allá se llama concertación y mantiene al pueblo de Allende en un sopor político que le permite al capital gobernar con una tranquilidad sólo perturbada por las esporádicas protestas de indígenas y estudiantes.

También la usaron con éxito aquí en Venezuela para frustrar la Esperanza del 23 de Enero de 1958. Con esa táctica de concertación, que aquí se llamó Unidad , desviaron la energía social hacia un pacto de punto fijo que nos sumió en casi cincuenta años de oscuridad, de una falsa democracia cuyas nefastas consecuencias en lo económico y espiritual aún estamos pagando.

La otra opción es la ya denunciada del golpe y del magnicidio, que a duras penas han conseguido parar hasta después de las elecciones, pero que siempre está vigente.

Esta opción violenta siempre ha estado presente en el continente, el crimen político ha sido una constante, basta recordar a Torrijos, Allende, Gaitán, Fabricio, y sobre todo recordar los inicios de nuestra historia que comienzan con el magnicidio del Libertador, sobre su cadáver fundaron los neoligarcas su dominación que sustituyó a la dominación colonial.

Las dos opciones no se excluyen, al contrario, se potencian mutuamente, y el imperio y sus lacayos, escogerán la que tenga más fuerza.

En el lado nuestro, encontramos la opción conciliadora, que por ahora se manifiesta con suma timidez, pero que existe y tiene mucha fuerza, porque tiene una buena estructura ideológica que perfecciona y difunde con la contribución de los reformistas internacionales. Esta opción conciliadora, oportunista al fin, desdibuja las bases del Socialismo, extravía los caminos, deforma y sabotea las instrucciones que nos conducen al Socialismo.

Además está presente la opción revolucionaria, que postula que debemos crecernos, como el Libertador, en las dificultades, que siempre, pero más en las crisis, el Socialismo es la solución, que tiene confianza en que el pueblo entenderá las propuestas revolucionarias de su líder y de la Revolución , por tanto, propone rectificar lo que haya que rectificar y profundizar los aciertos, todo siempre dentro del camino al Socialismo.

Las diferentes corrientes se preparan para los días que vendrán, todos mueven sus piezas.

¿Qué debemos hacer los revolucionarios?

Entender que más allá de las siglas, de los nombres, de las ubicaciones partidistas, lo que define al revolucionario son sus acciones revolucionarias, la práctica revolucionaria, de aquí se desprende que el fondo de la batalla actual es la confrontación entre Socialismo y capitalismo, y es así que debemos dividir los campos.

Se trata de una lucha estratégica entre capitalismo y Socialismo, que tiene su plasticidad táctica. Los movimientos que hagamos deben tener esto en mente: es necesario ponerse al lado del Socialismo, del Comandante Chávez.

Es necesario ratificar el apoyo incondicional al Comandante Chávez, el rumbo de esta Revolución depende de él.

Segundo, es imprescindible redoblar los esfuerzos teóricos para combatir los extravíos que ya la conciliación comienza a proponer.

Tercero, hay que construir los Destacamentos de Vanguardia , que serán la columna vertebral, disciplinada, conciente del Socialismo.

Y por sobre todo es necesario entender que el éxito en el combate futuro dependerá en gran medida del resultado electoral. Por eso es necesario que los candidatos del Comandante, por encima de cualquier otra consideración ¡ganen! El objetivo principal en las elecciones es fortalecer al Comandante para los días que vendrán.

El camino hacia la victoria electoral está lleno de obstáculos y peligros. Es en la hora de la acción, en las definiciones cuando las ideologías enemigas emergen y atacan a los procesos revolucionarios.

Ahora cuando estamos en etapa de definición, enfrentando al adversario oligarca en unas elecciones que decidirán el destino del país y de la Revolución , aparecen dos ideologías de alto peligro. Veamos.

Son el anarquismo y el localismo, hijos predilectos del egoísmo y del individualismo. En esta Revolución, impulsados por desviaciones pequeño burguesas, han prosperado.

El anarquismo, se presenta en estos países mezclado con una fuerte dosis de oportunismo, es así que podemos encontrar un alto funcionario del Estado que se declara anarquista, “enemigo del Estado”, y hasta escriben libros y teorías contra el Estado que les subsidia sus centros de estudios.

No es oportunidad para explorar a profundidad los daños y peligros de la desviación anarquista, ahora nos limitaremos a señalar los peligros para la batalla electoral.

El anarquista o anarcoide, rechaza a la organización nacional, al Estado administrador e integrador de la sociedad, prestigia una suerte de voluntarismo, de espontaneísmo, desde esa posición sabotea la disciplina, la necesidad de una dirección, sólo opera desde los apetitos del momento, es incapaz de engranar la táctica con la estrategia, por lo tanto, incapaz de enfrentar un enemigo que tiene planes sumamente sutiles y elaborados.

Priva al pueblo de su vanguardia, lo deja inerme frente a los enemigos, incapaz de retiradas y de ofensivas organizadas, inútil para los requiebros tácticos, siempre frontal, visceral.

El anarcoide es incapaz de entender el planteamiento de estas elecciones, es incapaz de ir más allá de las apariencias, de captar que vota por un proyecto, por una esperanza, su mundo es el mezquino inmediatismo.

El anarquismo es pariente cercano del localismo, éste tiene la visión corta del que considera, como decía Martí, que su aldea es el mundo, no ve más allá de sus pequeñas laderas. El localismo tampoco permite entender la magnitud, la grandeza de la batalla en la que, cubierto con lo electoral local, se oculta una importantísima decisión nacional.

Los dos, anarquismo y localismo son peligrosos enemigos de la Revolución , nos pueden conducir a derrotas innecesarias.

Es urgente combatirlos, dar a las elecciones su componente nacional, convocar al pueblo para lo grande, para lo trascendente, dotarlo de argumentos para dar la batalla contra estos dos flagelos, impregnarlo de razones sagradas por las cuales luchar, superar la miopía local.

Y sobre todo que entendamos la necesidad de proteger la identificación líder que es pueblo, y pueblo que se resume en el líder.

Sólo fortaleciendo a Chávez podemos mantener viva la posibilidad de seguir avanzando, con Chávez debilitado las derechas truncarán a la Revolución , volveremos al capitalismo, el pueblo se sumirá en el desamparo donde los problemas de hoy se multiplicarán y no habrá Esperanza de solución, ni lugar para hacerse oír, perderemos la voz y el futuro.

Nada justifica atentar contra la Esperanza , contra la Revolución , contra Chávez.