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LAS FUERZAS EN PUGNA

Por: Neftalí Reyes

Hoy en Venezuela atravesamos una de estas épocas fundacionales, época de Revolución. La expresión política del sistema de dominación entró en crisis en el segundo gobierno de Carlos Andrés Pérez, y se produjo una turbulencia, dando oportunidad a la Revolución Bolivariana para romper la hegemonía del pacto de punto fijo, llegando a la Presidencia el Comandante Chávez. Se desata así una feroz lucha de clases y se conforma el cuadro, el modelo de fuerzas que es común a las revoluciones.

Aparecen dos campos principales:

  • El primer campo es el de los restauradores que tienen dos expresiones: una violenta y otra pacífica, las dos se complementan y se cambian papeles de acuerdo a las circunstancias.
  • En el segundo campo, el campo revolucionario, tiene dos expresiones: una con la ideología pequeño burguesa, y otra la revolucionaria auténtica.

En una Revolución el modelo de las fuerzas en pugna parece seguir esquema común.

Cuando la expresión política del sistema de dominación entra en crisis, se abre un período prerrevolucionario, de turbulencia, donde la solución revolucionaria es posible.

En estos períodos la lucha de clases hierve al máximo y se expresa en la conducta de las fuerzas políticas. El contenido de clases se expresa en las decisiones que tienen que ver con el poder.

Encontramos el siguiente cuadro de fuerzas:

•  Las que intentan perpetuar el sistema imperante, se aferran al poder.

•  Las fuerzas que pujan por tomar el poder para cambiar el sistema.

•  Y por último, las fuerzas que situadas en el medio de estas dos tratan de morigerar la lucha, de hacer los cambios imprescindibles para que todo siga igual, a lo sumo un desplazamiento de las fracciones de clases dominantes, o un remozamiento de la expresión política de la dominación.

Con este esquema en mente estudiemos, rápidamente que pasó en Venezuela y en la América desde el 23 de Enero de 1958.

Cuando la dictadura de Pérez Jiménez se deterioró el país entró en turbulencia, se abrió un período donde las posibilidades revolucionarias se elevaron.

En este período encontramos las fuerzas que intentaban perpetuarse en el poder, representados por una derecha militar, que en un primer momento formó la Junta de Gobierno, y por los intentos golpistas de Castro León.

Actuaban también las fuerzas representadas por el pacto de punto fijo, que pugnaban por hacer los cambios sólo hacia la formalidad electoral, y mantenernos así dentro del sistema capitalista.

La opción revolucionaria no apareció realmente en el escenario de la pugna. La dirección pequeña burguesa, dogmática y entreguista, que tuvo éxito en el derrocamiento de la dictadura, se arredró ante la posibilidad revolucionaria y con la cola entre las piernas dobló la cerviz frente al pacto de punto fijo. Osciló entre las dos posibilidades, dudó en dar el salto hacia el cambio profundo y terminó truncando la posibilidad revolucionaria y consolidando la nueva forma de la dominación.

Lo que siguió lo conocemos todos: casi cincuenta años de pacto de punto fijo que nos llevaron a niveles insoportables de deterioro.

Simultáneamente con la caída de la dictadura de Pérez Jiménez ocurrió la el derrocamiento de la dictadura de Batista, se abrió en Cuba un período de turbulencia, pero allá si bien se presentó el mismo cuadro, las fuerzas se movieron de otra manera.

Aparecieron las fuerzas que pugnaban por mantener el sistema imperante, recordemos al General que pretendió dar un golpe cuando el gobierno de Batista se derrumbaba.

Las fuerzas revolucionarias eran fuertes, tenían hegemonía, sin embargo, dentro de ellas germinaban las opciones que pretendían truncar el camino revolucionario. La más clara expresión de esta pugna la encontramos en la renuncia de Fidel que precipitó la situación y la derrota de la derecha interna, así la Revolución siguió su rumbo.

El contraste es claro, en Venezuela la pequeña burguesía que nos guió el 23 de Enero no tenía la consistencia ideológica para hacer Revolución y, literalmente, le regaló la posibilidad revolucionaria, el poder que tenía en sus manos, a la oligarquía.

En Cuba, la dirección tenía consistencia ideológica, sabía qué hacer en la turbulencia y avanzó decididamente hacia el Socialismo.

El resultado es ilustrador, allá Socialismo, un pueblo constructor de su destino, que se quiere y es querido por su gobierno, ejemplo de dignidad para el resto del mundo. Acá, cincuenta años de pacto de punto fijo, un país depredado por el imperio y sus lacayos, sumido en espantosa miseria espiritual y material.

Salta a la vista el papel de la ideología en los momentos de definición del rumbo, cuando los pueblos atraviesan épocas fundacionales.

Hoy en Venezuela atravesamos una de estas épocas fundacionales, época de Revolución. La expresión política del sistema de dominación entró en crisis en el segundo gobierno de Carlos Andrés Pérez, y se produjo una turbulencia, dando oportunidad a la Revolución Bolivariana para romper la hegemonía del pacto de punto fijo, llegando a la Presidencia el Comandante Chávez. Se desata así una feroz lucha de clases y se conforma el cuadro, el modelo de fuerzas que es común a las revoluciones.

Aparecen dos campos principales:

•  El primer campo es el de los restauradores que tienen dos expresiones: una violenta y otra pacífica, las dos se complementan y se cambian papeles de acuerdo a las circunstancias. La expresión violenta es responsable del golpe de abril y del sabotaje petrolero. La expresión pacífica participa en elecciones y toma colinas de poder. Las dos buscan debilitar al gobierno revolucionario.

•  En el segundo campo, el campo revolucionario, tiene dos expresiones: una con la ideología pequeño burguesa, y otra la revolucionaria auténtica. La primera se caracteriza por un gran temor a tomar decisiones que hagan avanzar el proceso hacia niveles de rompimiento con el pasado y hacia la construcción del Socialismo; debilita poco a poco a la Revolución , cosechando escepticismo y confusión en la masa que ya da indicios de comenzar a retirar su apoyo activo al proceso. En definitiva su accionar favorece a la restauración.

Los revolucionarios auténticos son débiles en la teoría y en la práctica.

Es ineludible mencionar el fenómeno Chávez, el Comandante inclina, prácticamente él sólo, la balanza para el lado revolucionario, lo que ha hecho posible que la esperanza revolucionaria, la posibilidad de cambio radical siga vigente.

La Revolución en Venezuela no ha conseguido zafarse de la hegemonía de la pequeña burguesía, recuerden que viene comandando los intentos revolucionarios desde el 23 de Enero del 1958.

La derrota de la Revolución el 23 de Enero fue una derrota de la ideología de la pequeña burguesía que empapada de un miedo profundo a la Revolución es incapaz de concretarla.

La lucha guerrillera que fue consecuencia directa de la derrota del 23 de Enero, también fue conducida por la ideología pequeño burguesa y allí está una de las causas fundamentales de su fracaso.

Después vino la participación en la democracia oligarca, y ese fue el camino para que grandes sectores revolucionarios se deslizaran hacia las canonjías del sistema, y el cinismo de los renegados. Otros se fueron hacia el cómodo anarquismo, más declarativo que práctico y siempre extraviado. Así languideció la opción revolucionaria.

Con la llegada de la Revolución Bolivariana , la pequeña burguesía “revolucionaria” tomó segundo aire. Participó en el gobierno del Comandante Chávez llevando en el morral sus deformaciones:

Unos, anarcoides, no pudieron superar la irresponsabilidad de la fantasía, del utopismo inoperante. Los otros asustados plantean la conciliación, la concertación, todos hacen daño tremendo a la Revolución.

Ahora es imprescindible que la ideología del proletariado, la única capaz de dirigir una Revolución, aparezca con fuerza en el escenario revolucionario, es vital apuntalar el liderazgo del Comandante Chávez. Ya esta Revolución no aguanta más desvarío, es urgente avanzar con fuerza y decisión por el camino hacia el Socialismo.

Sólo la ideología del proletariado es revolucionaria. De la adopción de esa ideología depende el destino de la Revolución.

Sólo la clase obrera puede dejar de ser clase y convertirse en sociedad toda, en humanidad.

La ideología del proletariado debe ser asimilada por el proletariado, los obreros deben encontrarse con su ideología, sólo así serán capaces de hegemonizar un bloque de clases que conduzca a la Revolución , que la defienda de los extravíos pequeño burgueses y de las amenazas oligarcas.