
Por: Neftalí Reyes
La Biblia relata que el pecado original, el que condujo a la pérdida del Paraíso, fue el comer de la manzana. Este relato Bíblico ha sido interpretado de muchas maneras, algunos dicen que representa el árbol de la sabiduría, otros lo asimilan al sexo.
Nosotros haremos otra aproximación. Veamos.
La manzana simboliza el momento cuando la sociedad humana se organizó de tal manera que dejó de trabajar para sí misma y pasó a trabajar para una fracción de ella, cuando el trabajo dejó de ser para beneficio social y se convirtió en fuente de riqueza para sólo una fracción de la sociedad, cuando apareció la propiedad nosocial de los medios de producción, la posibilidad de que unos hombres se apropien del trabajo de otros hombres.
Ese cambio significó el inicio de una aberración que viene evolucionando desde la pérdida del paraíso hasta nuestros días, es el camino al infierno que consigue su punto culminante con el capitalismo globalizado.
El camino fue largo, pero siempre manteniendo las mismas características: la posibilidad de apropiarse del trabajo ajeno, y la espiritualidad que justificara y perpetuara ese robo.
Así transitó la humanidad por la esclavitud, el feudalismo, hasta llegar al capitalismo, todos versiones diferentes de la misma esclavitud.
Entonces, podemos decir que la fuente del pecado original estuvo en la aparición de la propiedad nosocial de los medios de producción.
¿Pero qué hace de la propiedad nosocial el origen del camino al infierno, cómo funciona su perversidad?
Respondamos guiados de la mano del marxismo.
La sociedad humana necesariamente se relaciona con la naturaleza, no se concibe una sociedad sin intercambio con la naturaleza. Podemos decir que la naturaleza es parte integral de la sociedad.
Siendo así, cómo sea esa relación sociedad-naturaleza, será la relación dentro de la sociedad.
Ahora bien, la sociedad se relaciona con la naturaleza a través del trabajo, por lo tanto, la calidad de la relación de trabajo, determinará la calidad de la relación del hombre con la naturaleza y la relación entre los hombres. Solo existen dos posibilidades. Veamos.
Una: Si el trabajo, que es, recordamos, la relación del hombre con la naturaleza, pertenece a toda la sociedad, si los medios de producción, los medios donde se realiza el trabajo, los medios de relación con la naturaleza, pertenecen a toda la sociedad, si el trabajo es determinado de acuerdo a las necesidades de la sociedad y por ella planificado, si el producto de ese trabajo pertenece a la sociedad. Entonces las relaciones hombre-naturaleza y de los hombres entre sí, serán armónicas, amorosas, viables. Esta situación es el Socialismo.
Dos: si por el contrario, el trabajo, la relación del hombre con la naturaleza, es mediado por estas fracciones de la sociedad, que son dueñas de los medios de producción, de los medios de trabajo, si el trabajo es determinado de acuerdo a las necesidades e intereses de esas fracciones, que son intereses nosociales, antisociales, diferentes y antagónicos a los intereses sociales.
Si el producto de ese trabajo pertenece a esas fracciones, entonces la relación sociedad-naturaleza deja de ser directa, ahora está mediada por los intereses de esas fracciones. Entre ellas se establece una dura competencia por la apropiación de la riqueza social, se forma un mercado que es el territorio de esa competencia, que dicta el éxito o el fracaso, que se independiza de la voluntad del hombre y rige su vida.
En este caso la relación hombre-naturaleza y de los hombre entre sí será perversa, guiada por el lucro y la ganancia de esas fracciones, todo se transforma en mercancía, sujeto de ser vendido, hasta el hombre se transforma en mercancía. Esta situación es el capitalismo.
Vemos con claridad, que la calidad de la relación hombre-naturaleza y de los hombres entre sí está dada por la calidad del trabajo, y la calidad del trabajo está determinada por la propiedad de los medios de producción.
Si estos son propiedad nosocial las relaciones del hombre serán perversas.
Si la propiedad de los medios de producción es social se podrán establecer relaciones amorosas
A cada una de estas propiedades, la social y la nosocial corresponden una espiritualidad, una conciencia, una cultura que con ella se entrelaza. Se ha cometido el error de pensar que es una relación mecánica, espontánea, entre la propiedad y la espiritualidad, y no es así, propiedad (materialidad) y espiritualidad se influyen mutuamente, una condiciona a la otra.
Ahora bien, lo que determina la marcha de la historia es la espiritualidad, es la materialidad transformada en cultura, en espíritu, en conciencia.
Es allí donde ocurren las acciones y las relaciones propiamente humanas: la política, el arte, la magia, el amor. Podríamos decir que la Revolución es, ante todo, un hecho de conciencia, que en la lucha revolucionaria lo principal, lo fundamental es la conciencia.
En la Revolución Bolivariana , Revolución pacífica, obligada a cohabitar con la oligarquía, a avanzar por medio de sus instituciones y leyes, por ser una Revolución, como todas las revoluciones, inédita, la teoría debe hacerse a partir de la adaptación del acervo teórico revolucionario universal, a las condiciones de nuestro aquí y ahora.
El inventar de Simón Rodríguez no es un inventar en el aire, sería en ese caso improvisación. Es un inventar sobre lo ya andado por la humanidad, reconociendo la labor intelectual de las generaciones pasadas.
Dicho esto, precisemos.
Para la construcción del Socialismo importa la Propiedad Social , en tanto esta es generadora de Conciencia Social, o mejor, en tanto es la única forma de propiedad que se puede entrelazar con la Conciencia Social , con ella actuar, influirse mutuamente.
Esta es una experiencia nacida de la historia revolucionaria mundial, los procesos que no la aplicaron regresaron al capitalismo, es el caso de la Unión Soviética. Por el contrario, los procesos que siguieron esta enseñanza están firmes como bastiones del Socialismo, es el caso de Cuba.
Es así, la propiedad privada es el pecado original, y son muchas las tentaciones para que las revoluciones coman de la manzana. La serpiente del reformismo, hábil siempre, intenta confundir a los procesos con formas de propiedad, que sin ser sociales, confunden cuando se rodean de una retórica populista.
Nos hablan de democratización del capital, ¡manzana podrida!, el capital no puede democratizarse, porque su esencia es la apropiación del trabajo ajeno. Siempre los capitalistas serán minorías y los explotados, los excluidos, los expropiados, serán inmensas mayorías.
Nos hablan de cogestión: ¡manzana pestilente! Que pretende transformar a los obreros en empresarios, dejando a sus hermanos de clase y a la sociedad, en el desamparo histórico.
Nos hablan de mil cosas que tienen en común escamotear la Propiedad Social de los medios de producción.
Ya hemos visto que la propiedad en el Socialismo no es un capricho que queda a la buena voluntad, se trata de un punto vital que se relaciona con todos los aspectos de la vida social.
Ya sabemos que la Conciencia del Deber Social está estrechamente relacionada con la Propiedad Social. Pero es más profunda la necesidad de su hegemonía, sólo con ella se puede fundar el nuevo sistema, la nueva cultura, podríamos decir, la nueva civilización que es el Socialismo.
Venezuela país rentista, presenta unas características especialísimas, aquí la riqueza es atrapada con la renta, no es directamente producida, esta es una situación sui generis . La producción de riqueza, o mejor, la captura de la renta y la formación de conciencia no se generan en el mismo lugar. Dicho en otras palabras, la petrolera genera divisas pero no genera conciencia. O dicho de otra manera, la riqueza no es producto del trabajo directo.
La economía venezolana depende de la renta petrolera, por eso aquí tiene más importancia el despojo de la renta que la captura de plusvalía. Esta situación nos presenta un reto como Revolución Socialista.
El Socialismo nuestro resultará de la correcta utilización de la renta petrolera. Debemos invertirlo en crear una nueva cultura del trabajo.
Formar fábricas socialistas, centros de trabajo socialista, de Propiedad Social administrada por el Estado como representante de las mayorías. Esas fábricas y esos centros serán escuela de Socialismo, donde el hombre aprenderá una nueva noción del trabajo, será concreción de la Conciencia del Deber Social. El trabajo será expresión práctica de esa conciencia, se trabajará para la sociedad, dando según nuestra capacidad, y hacer posible que la sociedad dé a todos según la necesidad.
Esos centros y esas fábricas irradiarán Conciencia Social sobre el resto de la sociedad, deben ser modelo ético y de eficacia.
La nacionalización de SIDOR, Lácteos Los Andes, la Fábrica de Harina Indio Yaracuy, deben ser columnas en este camino.