
Por: Neftalí Reyes
Lo que en definitiva se escenifica en el mundo, y por supuesto también en Venezuela, es la guerra entre dos culturas.
Es una lucha milenaria que viene desde las profundidades de la historia, desde la desaparición de la Propiedad Social de los medios de producción, y el aparecimiento del absurdo de la propiedad nosocial de los medios de producción.
Toda forma hegemónica de propiedad de los medios de producción está entrelazada a una cultura que la justifica, y contribuye a su reproducción y perpetuación. De allí que en el mundo se enfrenten dos culturas, la cultura que justifica la apropiación del trabajo ajeno, y la cultura que reivindica al hombre como ser social, que entiende que sólo puede expresar todas sus potencialidades viviendo en una sociedad integrada, donde la lucha de todos contra todos sea sustituida para la cooperación, dicho de otra forma, una sociedad del amor, en sustitución de la sociedad del egoísmo.
La cultura que justifica la apropiación del trabajo ajeno, que es lo mismo que decir el trabajo esclavo con sus diferentes matices, es necesariamente la cultura del egoísmo, prestigia el individualismo egoísta, se rige por el principio ético de: “si da lucro al individuo es lícito” y si es una sociedad donde la vida del hombre, su tiempo se puede comprar, es una mercancía, entonces todo es mercancía factible de ser comprada, todo lo espiritual y todo lo material, desde una aguja, hasta el amor, la reputación, la salud.
Esta es la economía dominante y por supuesto, la cultura dominante.
Contra ellas luchamos, la Revolución es en esencia la sustitución de esta cultura. Todas las transformaciones, las medidas que tome la Revolución deben tener esta meta.
Si alguien quiere resumir la Revolución , al Socialismo en una sola frase esa frase es: “una nueva cultura”, “un hombre nuevo”, guiado por profundos sentimientos de amor. De aquí se desprenden, se determinan todos los cambios.
Los cambios en la relación de propiedad, tienen como fin apuntalar la nueva actitud con el trabajo, pilar de la nueva cultura. Esta nueva cultura del trabajo es impensable sin una hegemonía de la Propiedad Social de los medios de producción, que permita que el trabajo sea beneficio para toda la sociedad y no para una fracción de ella. Sólo un cambio así, sólo trabajando para la sociedad toda se puede liberar al trabajo de su enajenación, y se sentarán las bases para el amor, para la nueva cultura, se derrotará la competencia, el egoísmo, la vieja cultura.
La organización social, tendrá como fin, restaurar a la sociedad fragmentada por las necesidades del sistema egoísta, en millones de individualismo. El tejido social así construido devolverá al individuo el sentido de pertenencia a la sociedad.
Los valores difundidos por los medios serán los valores del amor, la fraternidad, la cooperación, en contra de los valores del egoísmo, la agresión gratuita, el odio.
La política dejará de ser una lucha entre rivales irreconciliables que pugnan, para transformarse en una crítica amorosa que busca el mejor camino para el bien de todos.
Toda la nueva cultura estará al servicio del hombre en sociedad.
Es así, en la sociedad capitalista cohabitan dos culturas. Una hegemónica, la cultura del capitalismo, de la rapiña, del egoísmo. Y la otra la cultura de la liberación, del humanismo, del amor.
La pregunta que surge de esta situación y que es muy importante para los revolucionarios es:
¿Cómo es posible que una clase minoritaria, la capitalista, ejerza esa hegemonía, conduzca al resto de la sociedad? O dicho de forma más sencilla ¿Cuáles son los mecanismos de la hegemonía?
La respuesta necesita varias precisiones:
La hegemonía no se sostiene en el mundo material, se afinca en la espiritualidad, es allí donde se escenifica la gran batalla por la hegemonía de las culturas, es en el mundo de las ideas donde se conquista la hegemonía, cuando la mayoría de la sociedad deja de justificar a un sistema, cuando lo cuestiona, deja de entenderlo como natural, inamovible, entonces, los días de ese sistema están contados.
Por el contrario, si la mayoría acepta como una fatalidad al sistema, no lo hace culpable de sus desdichas, lo justifica, ese sistema está anclado en el alma de la sociedad y tiene asegurada la perpetuidad.
De aquí se entiende que los mecanismos que establecen la hegemonía tienen como objetivos la espiritualidad.
La estructura psíquica que soporta estos mecanismos se instala en la tierna infancia: el miedo, la culpa, las recompensas, son algunos de ellos. Sobre esa psiquis actúan los mecanismos hegemónicos o de dominación.
Al principio eran preponderantes los mecanismos religiosos, las iglesias ejercían gran influencia sobre las almas. Era el púlpito, el sermón, el centro de la hegemonía cultural, de allí salía la aprobación o la desaprobación, el miedo era manejado con destreza. Recordemos los ataques de la iglesia al Libertador y a Miranda. Y recordemos la importancia que daba Bolívar a la imprenta, a la que llamaba artillería del pensamiento.
Apareció la radio y Orson Welles nos hizo conocer su poder, cuando simuló una invasión de marcianos y la ciudad de New York entró en pánico.
Llegó el cine y la imagen cautivo al hombre. Posteriormente se unió la imagen al sonido y nació un poderoso instrumento de manipulación. Cuando el cine se hizo televisión, se produjo la invasión de la pantalla a la intimidad y la dominación adquirió niveles letales.
Ahora la manipulación psíquica, adquirió la fuerza para crear “realidades paralelas”, “realidades-ficción”, que son manejadas por las clases dominantes.
Los revolucionarios tienen que lidiar con estas fuerzas desconocidas hasta ahora por la humanidad. Fuerzas capaces de llevarnos al suicidio colectivo, de dirigir el consumo y la producción, las angustias y las alegrías de la sociedad, de dictar la forma de vestir, y la de caminar, de determinar el lenguaje, de hacer de una palabra anatema y sublimar a otra.
Fuerzas capaces de hacer de un asesinato una virtud, y de una virtud un asesinato, de transformar líderes en monstruos, y a monstruos en líderes, a delincuentes en santos, y a santos en olvido.
En definitiva fuerzas capaces de dirigir a su antojo nuestras vidas.
El Comandante Fidel en su discurso en el Aula Magna de la Universidad de
La Habana comenta sobre la manipulación psíquica. Escuchemos:
Habían engañado al mundo. Cuando surgieron los medios masivos se apoderaron de las mentes y gobernaban no solo a base de mentiras, sino de reflejos condicionados. No es lo mismo una mentira que un reflejo condicionado: la mentira afecta el conocimiento; el reflejo condicionado afecta la capacidad de pensar. Y no es lo mismo estar desinformado que haber perdido la capacidad de pensar, porque ya te crearon reflejos: “Esto es malo, esto es malo; el socialismo es malo, el socialismo es malo”, y todos los ignorantes y todos los pobres y todos los explotados diciendo: “El socialismo es malo.” “El comunismo es malo”, y todos los pobres, todos los explotados y todos los analfabetos repitiendo: “El comunismo es malo.”
“Cuba es mala, Cuba es mala”, lo dijo el imperio, lo dijo en Ginebra, lo dijo en veinte lugares, y vienen todos los explotados de este mundo, todos los analfabetos y todos los que no reciben atención médica, ni educación, ni tienen garantizado empleo, no tienen garantizado nada: “ La Revolución Cubana es mala, la Revolución Cubana es mala.” “Oiga, que la Revolución Cubana hizo esto y esto.” “Oiga, que no hay un analfabeto.” “Oiga, que la mortalidad infantil es esta.” “Oiga, que todo el mundo sabe leer y escribir.” “Oiga, que no puede haber libertad si no hay cultura.” “Oiga, no puede haber elección.”
¿De qué hablan? ¿Qué hace el analfabeto? ¿Cómo puede saber que el Fondo Monetario Internacional es bueno o malo, y que los intereses son más altos, y que el mundo está siendo sometido y saqueado incesantemente por mil métodos de ese sistema? No lo sabe.
No enseñan a leer y escribir a las masas, gastan un millón en publicidad cada año; pero no es que gasten, lo gastan en crear reflejos condicionados, porque aquel compró Palmolive, el otro Colgate, el otro jabón Candado, sencillamente porque se lo dijeron cien veces, se lo asociaron a una imagen bonita y le fueron sembrando, tallando el cerebro. Ellos que hablan tanto de lavado de cerebro, ellos lo tallan, le dan una forma, le quitan al ser humano la capacidad de pensar; y si todavía le fueran a quitar la capacidad de pensar a alguien que se gradúa en una universidad y puede leer un libro sería menos grave.
¿Qué puede leer el analfabeto? ¿Cómo se entera de que lo están engatusando? ¿Cómo se entera de que la mentira más grande del mundo es decir que eso es democracia, el sistema podrido que impera ahí y en la mayor parte, por no decir casi todos los países que copiaron ese sistema? Es terrible el daño que hacen. Y cada cual va tomando conciencia, y va tomando conciencia un día tras otro, un día tras otro; un día tras otro, más desprecio, más repugnancia, más odio, más condena, más deseos de combatir. Eso es lo que hace que cualquiera pueda ser, al cabo del tiempo, muchas veces más revolucionario de lo que era cuando ignoraba muchas de esas cosas y solo conocía los elementos de la injusticia y de la desigualdad.
Contra estas fuerzas luchan los revolucionarios. Es necesario derrotarlas para construir el Socialismo, un mundo sano, acabar con la esquizofrenia cultural que nos conduce a la extinción.
La batalla debe darse en los medios de difusión, prensa, radio, televisión, allí deben prevalecer los valores de la nueva cultura, pero no es esta la principal trinchera, de la batalla, pelear sólo en el sistema mediático nos alejaría de la realidad-real y de la gente. La batalla principal es en la organización del pueblo, que es en otras palabras el restablecimiento de la integración social.
Porque la manipulación mediática sólo se puede sostener en una sociedad despedazada, la manipulación fragmenta la sociedad y en esa dispersión se sustenta. Necesita, se alimenta de la relación egoísta de millones de seres que se han convertido en náufragos, que han perdido la confianza necesaria para la comunicación, y sin comunicación, no hay crítica, ni análisis, es imposible buscar la verdad, somos solitarias presas de la manipulación.
Esa falta de comunicación social, ese aislamiento es el que le permite instalar la otra realidad.
Es por eso que para ganar la batalla cultural, es imprescindible la organización social, la que restablece el tejido social, que organiza desde el capilar hasta la instancia nacional, que establece organismos de dirección, instancias de discusión, posibilita que la sociedad se impregne de información, de argumentos, del lenguaje que refleja la realidad-real. Crea las condiciones para que los más concientes ayuden a los que todavía viven en la oscuridad.
Permite, en resumen, que la sociedad establezca una comunicación con ella misma, que reflexione, y así se haga impermeable a las mentiras, las detecte, las rechace, madure.
La batalla por el espíritu de la sociedad, por desplazar al espíritu capitalista no se puede ganar sin avanzar en el Socialismo. Sólo la nueva sociedad que se va formando podrá dotar a la sociedad, con su ejemplo, su organización y sus logros, de la fuerza necesaria para vencer la manipulación.