
Por: Neftalí Reyes
La historia de la humanidad es la historia de la lucha de clases, y la lucha de clases es la lucha de la represión de las clases dominantes sobre las dominadas.
Una clase dominante no puede subsistir sin reprimir a las clases dominadas, sin reprimir no pude instaurar su sistema de dominación y mucho menos perpetuarlo.
Esta dominación-represión tiene como eje central el miedo. Entonces, podemos concluir que la historia de la humanidad es la historia del miedo.
Cada período histórico tiene sus miedos característicos, tiene la forma de instalar en el alma esos miedos, y también de exorcizarlos. Conociendo la dinámica de los miedos se podría ubicar un período histórico. En resumen, los miedos caracterizan las épocas.
Los revolucionarios, que son los hombres que hacen revolución, deben estudiar el fenómeno miedo, allí está la clave de la sustitución de un sistema.
El miedo puede tener dos fuentes: la represión física y la represión espiritual.
En el primer caso la amenaza de daño físico que puede llegar hasta la muerte es la fuente del miedo, se teme a la peinilla, al tiro en la manifestación, al gas, a la invasión, etc.
En el segundo caso, en la represión espiritual, el temor se instala en el inconciente, no es percibido con claridad, por eso es más potente. Es allí que se afianza el miedo que domina.
Es difícil separar las dos fuentes, la física y la espiritual se complementan en la represión, una se transforma en la otra, una tiene como finalidad activar y reforzar a la otra. La peinilla se arraiga en la primera nalgada de la lejana niñez. La tortura, que es física, nos aplasta el espíritu. El miedo al despojo se concretiza y nos paraliza.
No obstante, uno prevalece sobre otro, dependiendo de la época. En una dictadura prevalece el miedo físico. En una “democracia burguesa” predomina la manipulación sobre el espíritu.
En las primeras épocas la represión tenía un fuerte componente espiritual, los dominantes eran descendientes directos de los dioses, así se protegían, atacar a un rey era atacar a sus padres divinos, las divinidades y los gobernantes se confundían, tal como en los centauros, se confundían hombres y caballos.
El miedo tenía un fuerte componente supersticioso, se temía a los rayos, a la luna llena, al viento, y el que dominaba ese temor, el que conocía, lo usaba para la dominación.
La dominación espiritual ha utilizado a la religión como instrumento represivo y distraccionista, seguro contra rebeliones, de esta manera las insurgencias contra el orden establecido también tenían un fuerte componente religioso.
La represión fue evolucionando a medida que se desarrollaba la sociedad, las técnicas físicas y espirituales se fueron sofisticando. Hoy la tortura es una ciencia que tiene como auxiliares a la psiquiatría, la psicología, la biología, la física. Guantánamo es uno de los grandes laboratorios de tortura, y los conocimientos macabros que allí aprende el imperio oligarca son puestos al servicio de su perpetuación, extrapolándolos a la dominación de sociedades enteras, de ese conocimiento surge la teoría del choque que aplicaron con éxito en la Chile de Allende.
El avance en la manipulación masiva del espíritu social es asombroso, los medios de deformación espiritual ocupan todo el espacio de relación del humano, nos representamos al mundo a través de las imágenes de los canales que transmiten ficciones convenientes a los intereses imperiales.
Nuestra visión del mundo es ficción instalada que nos separa de la realidad, somos sociedades esquizofrénicas que viven en un mundo de mentira. En ese sentido podríamos decir que la humanidad toda es una suerte de Guantánamo.
La dominación espiritual ha evolucionado hasta llegar a niveles de perfección. Los medios tienen la capacidad de crear miedo en la población en cuestión de horas, frente a este poder de los medios que ya Orson Welles predecía, las iglesias se han quedado rezagadas, los medios son las nuevas religiones, y los artistas los nuevos sacerdotes y los nuevos líderes políticos, o mejor, los políticos y los artistas se confunden en sus papeles.
Los medios son capaces de crear problemas insolubles donde sólo hay pequeños inconvenientes, de construir verdades en el vacío, de formar imágenes de honestos o derrumbar reputaciones en un abrir y cerrar de ojos.
Son capaces de derrotar a un candidato, o de elevar a otro, de hacer perder elecciones, de dotar de existencia a alguien o de borrar de la memoria colectiva a otros.
Son hábiles creando miedos que son como latigazos que conducen rebaños, pueden provocar insurrecciones, inducir crímenes, o paralizar a las masas, distraerlas o aburrirlas.
Así defienden al sistema. Es una red de manipulación con una alta eficiencia, es el principal componente de la guerra de cuarta generación. Contra ella debemos crear defensas.
Aquí en Venezuela han empleado esta arma, esta represión con éxito, el 2 de diciembre consiguieron llevar al pueblo chavista a la inercia, y ahora con motivo de las elecciones regionales, estamos sufriendo una ofensiva sobre la espiritualidad revolucionaria de grandes proporciones. No puede el gobierno dar un paso por pequeño que sea, porque se hace presente el hostigamiento. Así pasó con el currículo, con la ley de seguridad, y recientemente el ataque se ha arreciado contra las leyes de la habilitante, intentan crear miedo.
Sus dardos van dirigidos al inconciente, activan el miedo al despojo, nos dicen que perderemos esto, que nos quitaran aquello. Despiertan terrores a un futuro incierto militarizado, guiado por monstruos que asimilamos a los monstruos que habitaban los closets de nuestra niñez.
La ofensiva es brutal, todas las fuerzas de la oligarquía se han conjurado en contra de la esperanza Bolivariana, se activan para impedir la redención del pueblo, lo que significa la pérdida de sus privilegios groseros.
Los revolucionarios debemos tomar conciencia del monstruo poderoso que enfrentamos. Sin entender sus métodos de lucha, no podremos derrotarlo, estaremos gastando energía en combates que no son principales.
¿Cómo derrotar al miedo?
El miedo es la gran arma de las oligarquías, pueden con este sentimiento dirigir a las masas.
Ahora, en contra de la Revolución intentan instalar en el alma de la nación varios miedos: el miedo al despojo de las pertenencias más queridas de la gente, el miedo a perder la casa, los bienes, hasta lo hijos, la tranquilidad, se usan técnicas para remover los miedos infantiles, se trabaja el inconciente.
Arremeten contra la Fuerza Armada, levantan a la reserva como un espectro, crean una falsa división entre institucionalistas y bolivarianos, como si se pudiera ser institucionalista sin ser seguidor del Libertador.
Los revolucionarios debemos dar la batalla en este terreno, desmontar el miedo, oponiéndole la confianza: se deja de tener miedo cuando se tiene confianza, cuando se siente acompañado, la compañía es la sociedad y el líder.
Elevando la Conciencia del Deber Social, de la pertenencia a la sociedad, se levanta una barrera contra el miedo, que es un sentimiento individual, arraigado en la soledad.
La sociedad, la revolución y el líder son la mejor protección contra el miedo.
Un elemento importante en la lucha contra el miedo, es la confianza en el líder, debemos percibirlo, hacer que se perciba como garantía de que nada malo será aprobado, ninguna acción emprendida que perjudique al pueblo .
Hoy, que estamos bajo fuego cruzado enemigo, es más importante que nunca preservar la autoridad moral del líder, hoy tienen más vigencia que nunca las consignas: ¡Con Chávez todo, sin Chávez nada! ¡Con Chávez es con lo que Chávez decida! En la discusión se debe ser irreverente, pero después que se tome la decisión hay que apoyarla, aun si no se está de acuerdo, o mejor, apoyarla con más fuerza si no se está de acuerdo.
A la par de la confianza en el líder, la Revolución, la sociedad, que son garantía de bienestar para el pueblo, debemos poner todo nuestro arsenal mediático en la tarea de combatir los embates enemigos. Cada mentira debe ser desmontada, cada valor oligarca debe tener su contrario revolucionario.
Es necesario crear una cultura de la Revolución que suplante los valores éticos y morales del capitalismo, por los valores amorosos del Socialismo.
Fortalecer al PSUV, es necesario afinar su organización, fortalecer su ideología, estimular la discusión. Un partido revolucionario fuerte, es una barrera contra el miedo.