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EL PODER DE UNA IDEA

Por: Neftalí Reyes

Nunca el poder de una idea estuvo tan evidente, como en el Caribe de finales de los años cincuenta.

Dos hechos en apariencia similares pero contrastantes en su desarrollo sucedieron en esos días. Uno, el derrocamiento de la dictadura de Marcos Pérez Jiménez en Venezuela, 23 de Enero de 1958, el otro, el derrocamiento de la dictadura de Fulgencio Batista, 1 de Enero de 19 59. Estudiemos como los pueblos y sus líderes resolvieron aquellas encrucijadas.

23 de Enero de 1958

Es derribada por una insurrección cívico-militar la dictadura del General Marcos Pérez Jiménez. Una unión del Partido Comunista de Venezuela y de partidos socialdemócratas, agrupados en la Junta Patriótica guiaron esas luchas.

A partir de ese momento la sociedad venezolana entra en un período de turbulencia, de efervescencia popular, podríamos caracterizar aquellos días de prerrevolucionarios y no estaríamos exagerando.

Estudiemos las ideas que batallaban por la hegemonía de la sociedad:

El Partido Comunista de Venezuela , heroico y sabio en el combate supo construir una estrategia correcta: La unidad de todas las corrientes política que se oponían al gobierno de Pérez Jiménez, esa estrategia llevó al derrocamiento de la dictadura, fue exitosa.

No obstante, después del derrocamiento de la dictadura la situación política reclamaba una nueva estrategia, la necesaria para enrumbar a la sociedad por caminos de cambios profundos. Y el Partido Comunista no tuvo respuesta a esta nueva situación, continuó insistiendo en la estrategia de unidad con las corrientes socialdemócratas.

Es comprensible esta conducta si recordamos que los partidos comunistas de la América eran deudores directos de las políticas de la Unión Soviética estalinista, que propugnaban la construcción de alianzas con las burguesías nacionales, la formación de frentes amplios con metas democráticas burguesas y postergaban las aspiraciones de una Revolución Socialista.

Los Partidos Socialdemócratas, Acción Democrática, COPEY, URD, firmantes de un pacto, el de punto fijo, que excluía al Partido Comunista. Presentaban un proyecto capitalista engarzado a la economía del imperio, pero con algunos ribetes nacionalistas.

Este proyecto aprovechando la ambigüedad de la dirigencia revolucionaria capturó la hegemonía, secuestró la esperanza revolucionaria, y los actores revolucionarios del 23 de Enero tomaron conciencia de la necesidad de abrir caminos de redención con las armas en las manos, fue así que las montañas de Venezuela se abonaron nuevamente de los sueños y la sangre de los mejores hijos de la patria.

Las ideas incorrectas de los conductores revolucionarios, que pretendían alianzas con la burguesía rentista, hizo posible que entregaran la dirección de la resistencia interna a la derecha exiliada, es así que Sáez Mérida entrega AD a Rómulo Betancourt, Fabricio Ojeda hace otro tanto con Jóvito Villalba. Esos extravíos llevan al país a casi cincuenta años de nefasto pacto de punto fijo.

Esos cincuenta años están poblados de entregas al imperio, de represión a los dirigentes y a las ideas revolucionarias, despojos de la riqueza nacional, desintegración nacional. De derrota y sacrificio.

Podemos resumir diciendo que el 23 de Enero del 19 58 fue un glamoroso triunfo civil-militar que por las ideas erradas de la dirección revolucionaria lo cosechó la oligarquía.

En contraste, un año después y al otro extremo del Caribe, en la isla de Cuba, el 1 de Enero del 59, entraba en La Habana Fidel Castro, para desarrollar en Cuba la Revolución más importante que la humanidad ha construido, la Revolución Cubana , que ha significado para su pueblo una elevación cultural y humana no alcanzada por ninguna otra sociedad.

Esa Revolución es guiada por ideas certeras de lucha anticapitalista. No hace pacto con los representantes políticos de la burguesía, derrota a las pretensiones reformistas de Urrutia, y emprende el rumbo certero hacia la Revolución Socialista , supera la etapa de democracia burguesa y se adentra con fuerza en el rumbo Socialista.

Impulsa: en lo económico, la Propiedad Social de los medios de producción. En lo político, la construcción de un poderoso partido revolucionario que agrupa a los movimientos revolucionarios que había para la fecha, es de resaltar que el Partido Comunista Cubano reconoce como líder a Fidel Castro y se suma a sus esfuerzos. En lo social, organización del pueblo, modificación del sistema electoral oligarca, creación de un tejido de Poder Popular que va desde las pequeñas organizaciones locales hasta una Asamblea Nacional. Profesa un inmenso internacionalismo, y al mismo tiempo una defensa sin concesiones de su soberanía.

Esta Revolución, un milagro, consiguió construirse Socialista a noventa millas del imperio, desmintiendo en la práctica las teorías de que el continente no estaba preparado para ir al Socialismo, que a lo máximo que se podía aspirar era a un buen gobierno democrático, que eso era suficiente dada las condiciones de ser el “patio trasero del imperio”.

Revisemos los antecedentes del 1 de Enero de 1959, vayamos seis años antes, el 26 de julio de 1953:

Unos jóvenes intentan tomar por asalto uno de los principales cuarteles de la Isla de Cuba, estaban guiados por Fidel Castro y seguían las enseñanzas de Martí. El Asalto al Cuartel Moncada fue un costoso éxito, cumplió los objetivos estratégicos, que eran sensibilizar a la sociedad, el Moncada era un motor pequeño que debía arrancar al motor grande. El éxito en las revoluciones tiene extraños caminos.

Los móviles del asalto se resumen en la defensa que Fidel hace en el juicio que le siguen a él y sus compañero que termina con la frase “condenadme la historia me absolverá”.

Demos una ojeada al alegato de Fidel Castro:

El 16 de octubre de 1953, el jefe del Asalto al Cuartel Moncada, Fidel Castro, pronunció su personal alegato ante el tribunal que le juzgaba por su participación en el asalto. El texto siguiente recoge las últimas frases del discurso castrista que acabó por convertirse en una significativa consigna política de los revolucionarios opuestos al régimen de Fulgencio Batista:

Creo haber justificado suficientemente mi punto de vista: son más razones que las que esgrimió el señor Fiscal para pedir que se me condene a veintiséis años de cárcel; todas asisten a los hombres que luchan por la libertad y la felicidad de un pueblo, ninguna a los que lo oprimen, envilecen y saquean despiadadamente; por eso yo he tenido que exponer muchas y él no pudo exponer una sola. ¿Cómo justificar la presencia de Batista en el poder, al que llegó contra la voluntad del pueblo y violando por la traición y por la fuerza las leyes de la República ? ¿Cómo calificar de legítimo un régimen de sangre, opresión e ignominia? ¿Cómo llamar revolucionario un gobierno donde se han conjugado los hombres, las ideas y los métodos más retrógrados de la vida pública? ¿Cómo considerar jurídicamente válida la alta traición de un tribunal cuya misión era defender nuestra Constitución? ¿Con qué derechos envían a la cárcel a ciudadanos que vinieron a dar por el decoro de su Patria su sangre y su vida? ¡Eso es monstruoso ante los ojos de la nación y los principios de la verdadera justicia!

Pero hay una razón que nos asiste más poderosa que todas las demás: somos cubanos, y ser cubano implica un deber, no cumplirlo es crimen y traición. Vivimos orgullosos de la historia de nuestra Patria, la aprendimos en la escuela y hemos crecido oyendo hablar de libertad, de justicia y de derechos. Se nos enseñó a venerar desde temprano el ejemplo glorioso de nuestros héroes y de nuestros mártires. Céspedes, Agramonte, Maceo, Gómez y Martí fueron los primeros nombres que se grabaron en nuestro cerebro, se nos enseñó que el Titán había dicho que la libertad no se mendiga sino que se conquista con el filo del machete, se nos enseñó que para la educación de los ciudadanos en la patria libre, escribió el Apóstol en su libro La Edad de Oro : «Un hombre que se conforma con obedecer leyes injustas, y permite que le pisen el país en que nació los hombres que se lo maltratan, no es un hombre honrado... En el mundo ha de haber cierta cantidad de decoro como ha de haber cierta cantidad de luz. Cuando hay muchos hombres sin decoro, hay siempre otros que tienen en sí el decoro de muchos hombres. Esos son los que se rebelan con fuerza terrible contra los que le roban a los pueblos su libertad, que es robarles a los hombres su decoro. En esos hombres van miles de hombres, va un pueblo entero, va la dignidad humana...» Se nos enseñó que el 10 de octubre y el 24 de febrero son efemérides gloriosas y de regocijo patrio porque marcan los días en que los cubanos se rebelaron contra el yugo de la infame tiranía, se nos enseñó a querer y defender la hermosa bandera de la estrella solitaria y a cantar todas las tardes un himno cuyos versos dicen que vivir en cadenas es vivir en afrenta y oprobio sumidos, y que morir por la Patria es vivir. Todo eso aprendimos y no lo olvidaremos aunque hoy en nuestra Patria se está asesinando y encarcelando a los hombres por practicar las ideas que les enseñaron desde la cuna. Nacimos en un país libre que nos legaron nuestros padres, y primero se hundirá la Isla en el mar antes que consintamos en ser esclavos de nadie.

Parecía que el Apóstol iba a morir en el año de su centenario, que su memoria se extinguiría para siempre, ¡tanta era la afrenta! Pero vive, no ha muerto, su pueblo es fiel a su recuerdo; hay cubanos que han caído defendiendo sus doctrinas, hay jóvenes que en magnífico desagravio vinieron a morir junto a su tumba, a darle su sangre y su vida para que él siga viviendo en el alma de la Patria. ¡Cuba, qué sería de ti si hubieras dejado morir a tu Apóstol! Termino mi defensa, pero no lo haré, como hacen siempre todos los letrados, pidiendo la libertad del defendido; no puedo pedirla cuando mis compañeros están sufriendo ya en Isla de Pinos ignominiosa prisión. Enviadme junto a ellos a compartir su suerte, es concebible que los hombres honrados estén muertos o presos en una República donde está de presidente un criminal y un ladrón. A los señores Magistrados, mi sincera gratitud por haberme permitido expresarme libremente, sin mezquinas coacciones; no os guardo rencor, reconozco que en ciertos aspectos habéis sido humanos y sé que el presidente de este Tribunal, hombre de limpia vida, no puede disimular su repugnancia por el estado de cosas reinantes que lo obliga a dictar un fallo injusto. Queda todavía a la Audiencia un problema más grave: ahí están las causas iniciadas por los setenta asesinatos, es decir, la mayor masacre que hemos conocido; los culpables siguen libres con un arma en la mano que es una amenaza perenne para la vida de los ciudadanos; si no cae sobre ellos todo el peso de la ley, por cobardía o porque se lo impiden y no renuncian en pleno todos los magistrados, me apiado de vuestras honras y compadezco la mancha sin precedentes que caerá sobre el Poder Judicial. En cuanto a mí, sé que la cárcel será dura como no lo ha sido nunca para nadie, preñada de amenazas, de ruin y cobarde ensañamiento, pero no la temo, como no temo la furia del tirano miserable que arrancó la vida a setenta hermanos míos.

Condenadme, no importa, la historia me absolverá.

Hoy en Venezuela, medio siglo después del 23 de enero, vivimos una situación revolucionaria similar, pero ahora la responsabilidad del pueblo y de sus dirigentes es mucho mayor, el planeta necesita el ejemplo que marque el rumbo, es necesario demostrar que un nuevo mundo es posible, corregir el rumbo suicida que nos propone el capitalismo, es necesario que aprendamos de la experiencia, fortalezcamos las ideas correctas, las que nos conducen por el camino Socialista.