
Por: Neftalí Reyes
Es difícil y riesgoso hablar de un personaje en plena efervescencia de su historia, trataremos de sortear la dificultad centrándonos en la obra y no en el protagonista.
Esta historia se remonta al 23 de Enero de 1958, en esa oportunidad una táctica correcta abrió la puertas a la desestabilización que permite avanzar, un dictador fue derrocado y la sociedad entró en período de cambio. En ese momento era posible tomar el cielo por asalto , fundar una nueva sociedad, pero las circunstancia hicieron que la esperanza se pospusiera y solamente se cambiaron las apariencias y quedaron los fundamentos del pasado intactos.
No es lugar para analizar las causas de ese extravío, sólo nos interesa resaltar que un grupo de jóvenes intentó salvar la posibilidad revolucionaria, y en su ímpetu enfrentaron en las montañas la entrega del sueño. La llama revolucionaria seguía ardiendo en esos corazones cimarrones, la posibilidad revolucionaria se mantenía viva en aquel esfuerzo.
Pero esa resistencia revolucionaria fue derrotada, mil razones, mil acciones, mil errores están en las causas del infortunio. Después vinieron las convulsiones propias de la derrota, unos se pasaron al enemigo que hasta ayer combatían, otros se refugiaron en trincheras de honestidad personal, algunos salieron tras molinos de vientos y enfrentaron dragones, no faltaron los que escaparon tras fantasías irrealizables.
Mientras el país, así desguarnecido de ética revolucionaria, sumergido en la desmoralización de los que se entregaron al imperio por un plato de lenteja petrolera, sumergido en la mediocridad del oportunismo y el pragmatismo, perdía toda esperanza.
Un grupo de muchachos militares fue tocado por la llama revolucionaria que procuraba hombres con decoro….
Y el 17 de diciembre de 1982 Juraba en el Samán de Güere ,
Juro por el Dios de mis padres, juro por mi patria, juro por mi honor, que no daré tranquilidad a mi alma ni descanso a mi brazo hasta no ver rotas las cadenas que oprimen a mi pueblo por voluntad de los poderosos. Elección popular, tierras y hombres libres, horror a la oligarquía …
En plena derrota, en pleno desierto, estos muchachos juraban seguir, dar continuidad a la lucha revolucionaria, que percibían era la misma que comenzó el que juró como ellos en el Monte Sacro.
Nacía la esperanza en la derrota.
Veamos el ambiente político en que se produce el Juramento del Samán de Güere:
Por quinta vez consecutiva, desde la instauración de la democracia representativa en 1958, el 3 de diciembre de 1978 se efectuaron nuevas elecciones de Presidente de la República y de los representantes al Congreso. En esta oportunidad, 10 candidatos presidenciales fueron postulados por difere ntes partidos políticos, pero obtuvo el triunfo como candidato del partido COPEI, Luis Herrera Campins, con apoyo de URD, FDP y Opina. Según el escrutinio del Consejo Supremo Electoral, el resultado de las elecciones fue el siguiente: en primer lugar, Luis Herrera Campins con 2.487.318 votos (46,7%) y, en segundo, el candidato del partido Acción Democrática, Luis Piñerúa Ordaz con 2.309.577 votos (43,3%). Ocupando el resto de lugares, con sus respectivos votos figuraron: José Vicente Rangel, 276.083 (5,2%); Diego Arria, 90.060 (1,7%); Luis Beltrán Prieto Figueroa, 59.747 (1,1%); Américo Martín, 52.286 (0,98%); Héctor Mujica, 29.395 (0,55%); Leonardo Montiel Ortega, 13.918 (0,26%); Alejandro Gómez Silva, 8.337 (0,16%) y Pablo Salas Castillo con 6.081 (0,11%). El 12 de marzo de 1979, a la edad de 54 años, Luís Herrera Campins asumió la Presidencia de la República para el período constitucional comprendido entre 1979 y 1984.
Estos datos electorales nos refrescan la situación, para la época del juramento: ¡90% de los votos eran para el pacto de punto fijo! casi unanimidad.
En el mundo el deslizamiento a la derecha es evidente: En el 1985 Gorbachov Anuncia sus reformas a la URSS , con la Perestroika , cuatro años después se derrumba la obra de Lenin.
Solo queda en pie el faro de Cuba Socialista, que entra en el glorioso período de resistencia que se llamó período especial.
Nadie podía imaginar que en esas circunstancias se producía en medio de la noche y cobijados en la historia de un Samán el juramento que cambiaría el rumbo de la sociedad, que despertaría al pueblo narcotizado por casi cincuenta años de manipulación.
En esa década el pacto de punto fijo, que ya vimos dominaba unánime el alma de la nación, se resquebrajó, vino el 27 de febrero del 89, que fue el entierro de la dirigencia revolucionaria que en sus desvaríos no tenía nada que ofrecer a la sociedad, que se debatía entre el fin del facilismo petrolero y la necesidad de crecer para tomar las riendas de su futuro, con el grado de sinceración, de cambio, de madurez que eso significaba.
También fue el entierro del pacto de punto fijo, que consiguió amarrar al pueblo a unas elecciones manipuladoras de la mente colectiva, que construyeron su propios sepultureros: un pueblo malcriado, clientelar, facilista, no preparado para el sacrificio, que a la primera dificultad salió a la calle con una rabieta de adolescente que no lo complace el papá millonario.
En este ambiente, los muchachos del Samán protagonizan la insurrección del 4 de febrero, que significó un corrientazo en el alma dormida del pueblo. A partir de allí lo mejor de la sociedad se puso del lado de aquellos jóvenes que sorprendieron por un desprendimiento inaudito en aquellos días, un amor a la patria escaso en aquel ambiente, una valentía poco común.
Desde ese instante el país inicia el camino hacia una Revolución, dando pasos incomprensibles a veces, por rutas inéditas siempre, pero consecuente en el rumbo. En el proceso iniciado en el Samán, o si se quiere, el 4 de febrero de 1992 podemos distinguir varios períodos.
Un primer período, electoral, cuando en 1998 se consigue derrotar a la oligarquía en su terreno electoral y allí se inicia la Revolución pacífica.
Un segundo período, que podemos llamar Constitucional, que se inicia cuando se convoca a la Constituyente y va hasta su aprobación popular. En este período se afirma la voluntad de cambio de la Revolución.
Con las leyes habilitantes, se parten las aguas, la oligarquía percibe claramente la voluntad de cambio del Comandante y se desechan las intenciones de neutralizarlo por la convocatoria a derrocarlo y truncar la Revolución que entendieron verdadera.
En este momento la lucha de clases, los dos proyectos que se disputan hasta hoy la hegemonía del proceso se hacen evidentes, aparecen con fuerza en escena. Veamos.
Por un lado, el proyecto oligarca, con representantes dentro de la Revolución y en la oposición.
Dentro de la Revolución , con una fracción de extrema derecha militar y civil, esta fue la que dio el golpe de abril, que significó la entrada en un período de enfrentamiento definitivo que continúa hasta nuestros días, atravesando por momentos de intentos de conciliación propugnados por sectores vacilantes internos de la Revolución que han sido siempre respondidos con planes agresivos de derrocamiento por parte de la oposición.
Es fundamental resaltar en este período el sabotaje petrolero que realiza la meritocracia de PDVSA, y cuya derrota recupera para el Estado Revolucionario el control real de la economía, la petrolera dejó de ser un ente que obedecía a intereses distintos a los intereses nacionales, y que controlaba la política del Estado oligarca, para someterse a las directrices del Estado Revolucionario, PDVSA, pasa a estar al servicio de la Revolución.
Después viene la declaración de Revolución antiimperialista, siguiendo el pensamiento del Libertador, paso que indicaba la profundización del proceso.
Luego se declara que no es posible hacer la Revolución en el marco capitalista. Y finalmente se declara el carácter Socialista de la Revolución.
Estos períodos de la Revolución , que resumen la historia del enfrentamiento de la Revolución con sus enemigos, reflejan a vuelo rápido la evolución del pensamiento del Comandante Chávez. Es un pensamiento que se va afilando en el fragor de la lucha, aprendiendo de las dificultades, de los obstáculos presentados en el camino verdadero de concretar el sueño de Bolívar de construir una nación con la mayor suma de felicidad, la mayor suma de justicia…
¿Cuál es la situación hoy y cuáles las tareas que la Revolución tiene por delante?
Para responder esta pregunta es necesario indagar las ideologías que han conducido a la Revolución.
En una primera etapa la ideología hegemónica fue la ideología oligarca, que propugnaba no avanzar, era la época en que miquelena pontificaba que Revolución era sacar la cedula rápidamente, o que los gringos se fijaran en lo que Chávez hacía y no en lo que decía. Cuando Chávez insiste en las leyes habilitantes, esta corriente planifica el golpe de abril.
A partir de abril se abre un gran período hegemonizado por la pequeña burguesía interna que postulaba: En lo político, un pacto con los “sectores democráticos de la oposición”. En lo económico, un híbrido capitalsocialismo, y la idea de que lo importante era controlar la petrolera, pero no en qué se invertía la renta. En lo social, fragmentar aún más a la sociedad con organizaciones aisladas, los consejos comunales.
Este proyecto de la pequeña burguesía, tenía y tiene como objetivo evitar tres pilares de la Revolución Socialista :
Evitar la recuperación de la organicidad de la sociedad, esto es impedir que la sociedad se organice desde los capilares hasta las instancias nacionales.
Evitar la HEGEMONÍA de la Propiedad Social , administrada por el Estado Revolucionario, de los medios de producción.
Evitar la HEGEMONÍA de la Conciencia del Deber Social y apuntalar la conciencia del egoísmo propia del capitalismo.
Evitando la instauración de estos tres pilares, impide, desde su raíz la construcción del Socialismo.
Este proyecto pequeño burgués, entra en contradicción con la marcha hacia el Socialismo, se buscaba o se busca construir el Socialismo con las “armas melladas del capitalismo”, el resultado no podía se otro que el fracaso. Y el fracaso se produjo.
El 2 de diciembre la masa nos dio la espalda, en esa elección perdimos la mitad de los votos, tres millones no nos acompañaron….
A partir del 2 de diciembre la Revolución entra en etapa definitiva, o avanza profundizando el Socialismo, o la restauración interna y externa producirá desencanto en la masa Bolivariana, nos debilitará y vendrá la derrota.
La Revolución debe rectificar, y rectificar ya, incorporar al pueblo a las tareas revolucionarias, devolverle el entusiasmo a la acción revolucionaria, hacer que el pueblo sea el protagonista de su Revolución. Rescatar el espíritu inicial de las Misiones. Hacer de la Revolución una Revolución Misionera. Sólo con este nuevo huracán popular desatado podremos derrotar a las ideologías que obstaculizan el avance.
Esta es la historia de la Revolución Bolivariana , en el medio de ella, aparece siempre la figura sorprendente de Hugo Chávez y su extraordinaria conexión amorosa con el pueblo humilde, que ha hecho posible que la Revolución avance cuando todo presagiaba derrota.