
Las elecciones burguesas son una inmensa operación de mercadeo, de venta de una mercancía llamada candidato. El proyecto, el plan de gobierno, no tiene importancia en el torneo, es algo así como los ingredientes de un shampoo que nadie ve, lo que vende es el empaque, la promesa de "dar al cabello el brillo del diamante", la calidad de la propaganda en la televisión, las vallas…
Intentan convertir las elecciones en el mismo engaño que les permitió depredar al país por medio siglo. Ahora prometen y mienten, ocultan lo que verdaderamente está en juego en las próximas elecciones, intentan trivializar la importancia del evento electoral, convertirlo en un mero torneo de compra-venta.
Es el mercado donde se transan las mercancías, todas, desde un bombillo hasta la fuerza de trabajo, todo, inclusive el voto en las elecciones burguesas. En el mercado las mercancías se cambian por dinero, y ese dinero por nuevas mercancías. La pregunta que surge es: ¿La “mercancía voto” se cambia por qué? El asunto merece investigación. Veamos.
Las elecciones burguesas son una inmensa operación de mercadeo, de venta de una mercancía llamada candidato. El proyecto, el plan de gobierno, no tiene importancia en el torneo, es algo así como los ingredientes de un shampoo que nadie ve, lo que vende es el empaque, la promesa de "dar al cabello el brillo del diamante", la calidad de la propaganda en la televisión, las vallas…
Igual pasa con los candidatos, son una mercancía. Lo decisivo es el envase, las cuñas, pero sobre todo las promesas, no importa que sean extravagantes, locas, lo imprescindible es que muevan el alma consumista y cubran la expectativa de saciar las falsas necesidades. Los candidatos buscan agencias publicitarias de prestigio, al final la contienda no es una disputa política sino una competencia entre agencias de propaganda siempre extranjeras, éstas exhiben como mérito haber triunfado en diferentes eventos electorales en diversos países.
En las elecciones burguesas la falsa imagen cubre a la seriedad de un plan, al rigor de un pensamiento. Los candidatos acuden al mercado electoral y éste dirá, no quién es mejor, sino quién pudo engañar más, quién tenía mejor empaque, quien “se vendió" mejor.
Ahora, en pocos meses vamos a una elección burguesa, ya los candidatos-mercancías burgueses se lanzaron al mercado, son un cartel, una mafia, firmaron un pacto y el garante es la embajada gringa. Son varios proyectos que convergen en el odio a Chávez, lo aborrecen porque busca reivindicar a los humildes, lo detestan como antes condenaron al Libertador y crucificaron a Cristo.
Es difícil la elección que se avecina, es una inmensa operación de mercadeo, y nosotros tenemos una cultura del mercado, de la mercancía, de la falsa necesidad. Vivimos sumergidos en la manipulación de la publicidad, capaz de convertir a un veneno en alimento con la misma facilidad que convierte a un mequetrefe en estadista.
Somos proclives, acostumbrados a este tipo de propaganda que construye fantasías, así vamos viviendo de ilusión en ilusión, nos despojan del futuro, nos borran el pasado, lo único que tiene realidad es la cuña que vemos en la pantalla de la televisión, así, cual zombis nos llevan al mercado para inmolarnos en la compra sin sentido.
La sociedad comienza a sufrir el bombardeo de la manipulación electoral, llueven promesas y miedos, la mentira tomó cuenta del mercado electoral, la verdad desaparece, estamos en guerra cruel que busca cambiar el voto por ilusiones y terror, miedo a ser despojado hasta de lo que no tenemos, la batalla es en el inconsciente.
Muchas son las medidas pertinentes, lo importante es encarar el momento como una guerra contra un enemigo que tiene impresionantes armas de destrucción física, tantas como armas poderosísimas de manipulación del alma colectiva, éstas últimas son las que han empleado contra la Revolución nuestra, recordemos la Reforma, o la manipulación que justifica que los gringos usando aviones sin tripulación asesinen personas en cualquier parte del mundo y lo justifiquen diciendo que son terroristas, ese calificativo dispensa cualquier juicio, tranquiliza a la opinión pública que vive aterrorizada como un niño que teme el monstruo que habita en la oscuridad de su cuarto.
Preparemos la batalla. No podemos seguir actuando con la misma lógica del pasado, estamos en una nueva situación que amerita nuevos comportamientos, estructuras adecuadas, organización apropiada y, sobre todo, correr el riesgo de romper con la lógica del mercado electoral. Tener la misma valentía que convirtió a Chávez en el líder.
Es así, esta Revolución se ha afianzado en el corazón del pueblo por su capacidad de romper la lógica de la cuarta y de mostrar un comportamiento, un sentimiento profundamente diferente al de los contrarrevolucionarios.
Los de la mesa fascista se han disfrazado como corresponde a los estafadores. Ahora deambulan por allí con su antifaz de mansos corderos prometiendo resolver los problemas que ellos mismos crearon en el pasado, y llamando a paz y amor…
¡Mentirosos! Son lobos con ropajes de abuelita, pero se les ven las orejas y el rabo.
Intentan convertir las elecciones en el mismo engaño que les permitió depredar al país por medio siglo. Ahora prometen y mienten, ocultan lo que verdaderamente está en juego en las próximas elecciones, intentan trivializar la importancia del evento electoral, convertirlo en un mero torneo de compra-venta. Veamos.
La Revolución es la operación de redención de los humildes más importante que haya tenido lugar en Venezuela desde la Independencia. Continuadora de lo mejor de las luchas libertarias que mantuvieron en alto la bandera de la emancipación de los humildes, la sanación de la sociedad, la concreción de esos sueños tantas veces postergados y tantas veces traicionados. Chávez es su líder y el pueblo consciente es su base, su carne.
Eso es la Revolución. No hay nada mejor para el pueblo que la posibilidad de ser dueño de su destino, y esa oportunidad sólo la puede ofrecer la Revolución. Ese es el mensaje que debemos anidar en el alma colectiva, sobre eso no hay nada más importante, todo lo demás viene por añadidura.
Es cierto que hemos cometido errores, ¿en cuál empresa de esta magnitud no se comenten? Es verdad que hay mucho por hacer todavía, nadie lo niega, es incontestable que hay funcionarios perjudicando a la Revolución, todo eso existe, pero lo que es evidente es la voluntad de la Revolución de favorecer al pueblo, de buscar las mejores formas de dignificarlo, eso es lo importante, lo definitivo, lo que debe guiar las acciones.
Si Chávez sale del gobierno, si este pueblo no comprende la magnitud del compromiso, si elige una vez más a sus verdugos, en ese caso, los enemigos de los humildes, los mismos que asesinaron a Bolívar, a Neruda, Santucho, Fabricio, al Che… a ¡Cristo!, y a miles de combatientes por la redención del humano, esos fascistas tomarán cuenta del rumbo de la nación. Liquidarán la esperanza. Los humildes volverán a la época ya olvidada cuando eran excluidos de todo, retrocederán a ser los despreciados.
Estas son las consideraciones que debemos discutir, llevar a la masa, que se sepa la seriedad de la decisión de octubre, que no debe ser guiada por las superficialidades que intenta instalar la oligarquía. De esa manera fortaleceremos a los humildes, les daremos razones sagradas por las cuáles luchar, los haremos partícipes de la construcción de su futuro.
Pero si los contrarrevolucionarios escogen el camino de la violencia, tal como asoma en los escritos de sus voceros, si ponen en práctica los planes golpistas que a cielo abierto elaboran, entonces tendremos a un pueblo capaz de hacerles frente, porque sabría que lucha por algo por lo que vale la pena cualquier sacrificio.