
Revisemos un poco de historia. Los Movimientos Sociales tienen su auge con la caída de la Unión Soviética. Los teóricos burgueses diagnosticaron el fin de la historia, y los de la pequeña burguesía huyeron diciendo que no era necesario tomar el poder para hacer Revolución, que las luchas parciales, por una alcaldía o por reivindicaciones de las minorías, ocupaban el afán de las luchas.
Es decir, los Movimientos Sociales no son políticos, al contrario, devinieron, por los aires anarcoides, en enemigos del poder, de la Política, algo que muchas veces han declarado.
El Polo Patriótico, que se nutre principalmente de estos movimientos sociales, tiene una peligrosa tendencia a constituirse en expresión de la ideología pequeño burguesa. Ya se manifiesta una fuerte corriente antipartido, con postulados contra la organización, hablan de una horizontalidad narcotizante, inoperante, y tienen, no la ocultan, una intención anti PSUV.
De esta manera asoma en el futuro del Polo la amenaza de terminar siendo un 27 de febrero político, es decir, una acción inocua, sin ningún resultado político positivo, más bien con un fuerte impacto negativo en la marcha de la Revolución.
No hay razón que justifique que el Polo sustituya al Partido, no hay razón para que el esfuerzo de captar ¡siete millones de militantes! de haber convocado a organizaciones políticas a sumarse a ese esfuerzo, haber realizado un Congreso Ideológico, que, mal que bien, discutió y produjo documentos, no hay razón para sustituirlo o subordinarlo súbitamente a la suma de movimientos, muy meritorios en su accionar, pero que hasta ayer, tuvieron objetivos no políticos dentro de la sociedad.
El Partido debe existir y debe dirigir, su acción, su ejemplo, su producción teórica son indispensables para concretar a la Revolución. Una de las labores principales de la Revolución es cuidar al Partido, corregir sus errores, fortalecer su organización para que se transforme en sistema nervioso de la Revolución, en alma de la sociedad. Nadie podía esperar que este PSUV naciera maduro, debe ser perfeccionado, pero es un extravío cambiarlo a la primera dificultad, lesionarlo en su moral, debilitarlo.
Debemos tener cuidado, el mundo del norte se estremece en una profunda crisis que despierta a esos pueblos, no es posible seguir viviendo en capitalismo, expoliando al resto del mundo y no sufrir sus consecuencias. Las protestas abundan tanto como las teorías que intentan morigerarlas. Esas teorías que intentan atenuar las protestas, convertirlas en sólo estridencia, tienen como componente principal la negación de la política, de los partidos revolucionarios, de los líderes. Debemos tener cuidado de que esas ideas lleguen a nosotros revestidas de modernidad revolucionaria, que aprovechen debilidades ideológicas y se cuelen en nuestro accionar.
Ya saldrán los filosofastros y anarcoides a atacar estas ideas asimilándolas a la caída de la Unión Soviética, ignoran a Cuba, su ejemplo, su Partido, su Vanguardia, se olvidan del Che, de Fidel, líderes indispensables.
Ya saldrán los filosofastros y anarcoides a atacar con argumento ad hominem. Los esperamos… Pensamos que el destino de la Revolución se decide en la discusión de este punto. Hoy nos enfrentamos a la ofensiva más importante de la ideología pequeño burguesa contra la Revolución, contra el Partido. Es deber de los Revolucionarios correr todos los riesgos para enfrentarla.
La ideología de la pequeña burguesía es muy peculiar, por ser una clase oscilante es muy inestable, inconsecuente. Sabemos que una clase dominante no se suicida, sin embargo, una subalterna como la pequeña burguesía, siendo responsable del poder, necesariamente debe suicidarse, no puede concretarlo, su hervor se agota con rapidez. Al carecer de proyecto propio, tiene dos opciones: el Socialismo que la aterra, o regresar al capitalismo. Su oportunismo la conduce a inmolarse en un furor tan retórico cuanto inútil.
Siendo así, el principal peligro para una Revolución es la atractiva ideología pequeño burguesa, siempre inoperante, inútil espuma, fuego fatuo, sólo estruendo, nunca sustitución, construcción.
Venezuela es país muy especial, sometido a un siglo de renta petrolera, con gobernantes que fragmentaron al pueblo con un sistema que daba migajas y no exigía nada a cambio, sólo demandaba tranquilidad para saquear al petróleo. Donde el despojo sustituía a la explotación, la renta a la plusvalía, el oro negro dispensaba cualquier planificación, enmendaba cualquier disparate.
Un país así necesariamente es terreno fértil para las ideologías oscilantes que siempre transan las luchas. Por ejemplo, la lucha armada, oportunidad magnífica para el cambio profundo, no fue derrotada por el enemigo fuertemente armado, lo hizo la ideología timorata, que a las primeras dificultades se cansó, escribió libros y tesis para justificar otros horizontes más confortables.
La ideología vacilante tiene como rasgo importante su renuncia a dirigir, traslada la responsabilidad a entes difusos, pervierte el fuego social dando sin pedir nada a cambio. Así ha actuado durante más de medio siglo, cuando el país dejó de ser campesino y se vino a los cerros de las grandes ciudades. El pacto de punto fijo es hijo directo de esta ideología.
El 27 de febrero es ejemplo de la incapacidad de esta ideología para construir, para superar al sistema capitalista, al contrario, es prueba de su función de distracción de la energía social hacia metas inocuas pero estridentes. El 27f no tuvo dirección política, todo quedó a la espontaneidad inofensiva, la masa puso miles de muertos sin una acción política, toda aquella energía se diluyó en la suma de miles de acciones individuales.
Ahora con ocasión de la formación del Polo Patriótico, la ideología pequeño burguesa arremete contra la posibilidad revolucionaria y pretende convertir al Polo en ofensiva contra la dirección política del proceso: contra el PSUV primero, luego contra el Comandante.
El Polo, extraordinario instrumento para las batallas que se avecinan, puede ser convertido en un arma contrarrevolucionaria por esta ideología vacilante que, en definitiva, actúa como válvula de seguridad del capitalismo, sabotea todas las iniciativas revolucionarias, las despoja de fuerza, las convierte solo en cascarón.
Es importante estudiar al Polo para poder defenderlo, ver su historia, relacionarlo con el ambiente donde sucede. Pero sobre todo es necesario preservar al PSUV, con todos sus errores y vicios, que deben ser corregidos, él y el líder son indispensables para dotar a la sociedad de la Política, la consecuencia que faltó el 27 de febrero.
¡Con Chávez!