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La transformación de la existencia en conciencia es un problema central de la Revolución. Aún falta mucho estudio para llegar a entender medianamente este fenómeno. Las preguntas abundan: ¿Por qué los obreros apoyaron a Hitler? ¿Por qué la Revolución Cubana fue campesina? ¿Por qué los humildes nuestros apoyaron durante casi medio siglo al pacto de punto fijo? ¿Por qué cuando destierran al Libertador, en la Patria Grande, no pasó nada?

Es así, la historia demuestra que la relación existencia-conciencia no es directa, ni lineal. La condición revolucionaria de una clase no se desprende espontáneamente de su existencia. La Revolución es un acto consciente, dirigido por los más conscientes.
La primera aproximación al problema indica que las ideologías dominantes migran hacia las clases dominadas y, allí en su interior, aplastan la que debería ser la ideología que emane de su existencia. Esta es la esencia de la dominación, colonizar a toda la sociedad con los valores, la consciencia, la ética y la espiritualidad de la clase dominante.

La segunda aproximación es que la Revolución debe impregnar de los nuevos valores y de la nueva ética a amplios sectores, y dirigirlos hacia la conquista de la hegemonía de la sociedad.

De lo anterior surge el problema central de la Revolución: ¿cómo sintonizar la existencia del explotado con la conciencia de la liberación, de la construcción de la nueva sociedad? O, dicho en otras palabras: ¿cómo transformar al explotado en Hombre Nuevo?

La búsqueda de esa respuesta, en la teoría y en la práctica revolucionaria, es constante histórica. Si revisamos el pasado nos daremos cuenta que los errores allí cometidos conducen a la derrota de las Revoluciones, a las restauraciones. En Revoluciones vigorosas como la Soviética, o la China, los extravíos desembocaron en la restauración del capitalismo.

Cabe aquí recordar al Che, y su advertencia temprana sobre el uso de las armas melladas del capitalismo para construir el Socialismo, se refería principalmente al estimulo a la espiritualidad egoísta, fundamento del sistema capitalista.

No obstante, esos errores, esos extravíos contribuyen al avance en la búsqueda de la respuesta correcta, ese largo camino encuentra en la Revolución Cubana lo más adelantado. Esa Revolución y su pensamiento representan un salto decisivo en el camino hacia la teoría que guíe la construcción del hombre y la sociedad nueva. El Che y Fidel, sus vidas y su pensamiento, constituyen lo más avanzado de esas ideas, es ineludible su estudio para cualquier Revolución.

Nuestra Revolución ocurre en un país con más de cien años de cultura rentista, en medio de una ofensiva imperial, de distorsiones teóricas que enmarañan el camino cierto, dificultan la conexión entre existencia y conciencia, el estudio del pensamiento y la acción de Fidel y el Che debería ser objeto de un desesperado esfuerzo: así como publicitamos a "Mi casa bien equipada," deberíamos con el mismo vigor impulsar a "Mi conocimiento, mi formación, mi conciencia, mi espíritu bien equipado".

De esta manera estaremos siendo fieles al pensamiento de Fidel y el Che, que postula que la Revolución es, ante todo, un asunto de conciencia, que debemos crear riqueza a partir de la conciencia y no conciencia a partir de la riqueza.

La búsqueda de la conciencia revolucionaria es la esencia de la historia de la humanidad, acoplar la existencia de los desposeídos con la conciencia revolucionaria es el centro de la Revolución. Se podría decir también que es fundamento de la lucha de clases.

Cuando el Libertador grita: "¡trescientos años de calma no bastan!" estaba intentando conectar la existencia colonial con la conciencia independentista. El 4 de febrero tenía ese mismo sentido. El Asalto al Moncada es intento de establecer esa conexión, de despertar esa conciencia.

El pensamiento revolucionario ha avanzado en la elaboración teórica que guía a los desposeídos al encuentro con la ideología que les pertenece. Ya sabemos que la Revolución es un acto consciente, no espontáneo, es el difícil parto de la conciencia de la liberación, donde  lo espiritual prima sobre lo material.

Ese paso en sociedades como la nuestra, donde la cultura de la renta lo ha distorsionado todo, es sumamente difícil para los dirigentes y para los gobernados. Pero es decisivo, es el camino.

En la historia de las Revoluciones se ha caído en la lógica del capitalismo, es así, la recompensa material individual privó sobre la recompensa material colectiva, social.

La recompensa material individual estimula el egoísmo, que es la base espiritual del capitalismo. De esta manera, al permanecer dentro de la lógica capitalista, este sistema perverso pudo hacer su labor de zapa, amplió su base espiritual dentro de la sociedad, exigió sus reivindicaciones, fortaleció su sistema de valores, el principal, el del dinero como compensación universal, y sobrevino la restauración.

Es así, las concesiones económicas al capitalismo, traen aparejadas elevaciones en la conciencia egoísta, aumenta así la posibilidad de restauración.

De allí que un importante reto de esta Revolución nuestra es cambiar el sistema de necesidades y la forma de satisfacerlas.

En el capitalismo las necesidades son artificiales y huidizas, se crea la ilusión que se resolverán con recompensa material individual: dinero. Y, de esa manera, las estructuras del sistema se mantienen intactas, la lucha de los desposeídos deriva hacia un objetivo ficcional, ilusorio.

Los obreros, para poner un ejemplo que vale para toda la sociedad, tienen cien años luchando por compensaciones materiales, más prestaciones, más salario, y la situación de ellos sigue igual, y la del resto de los desposeídos peor.

Los obreros, de esta manera, están luchando dentro de la lógica capitalista que los despoja, se hacen parte de ella y así se condenan a la miseria espiritual y material, no consiguen encontrarse con la conciencia de la liberación, no se dan cuenta de sus condiciones porque están colonizados por los valores de la clase hegemónica.
Ahora se discute una ley del trabajo, ésta debe ser socialista, pero ¿qué significa esto? Hasta ahora se oye que se modificarán las prestaciones y se discute un “petrobono”. Si es así, si es sólo eso, continuamos en la lógica del capital, del reivindicativismo rancio.

La clase obrera está destinada a salvar a la humanidad, es urgente, imprescindible, que se yerga sobre las inútiles mezquindades reivindicativas y, encontrada con su reto histórico, con su ideología, dirija a la sociedad hacia la emancipación. Eso debe reflejarse en esa nueva Ley, eso la haría socialista. Debe ser una Ley que asombre al mundo, ese es el reto.

El reto de esta Revolución su papel histórico tiene que ver con la salvación de la humanidad amenazada de extinción por el capitalismo, la crisis global que padecemos nos conduce a territorios donde sólo los pueblos unidos, con metas altruistas podrán sobreponerse a la barbarie. Por el contrario, en los pueblos sometidos a la fragmentación capitalista, se agudizará la guerra de todos contra todos, alcanzarán niveles de crueldad extrema.