
Es evidente, se acerca una tempestad social de inmensas proporciones, o mejor, ya estamos hundidos en ella. Las señales son claras, las consecuencias las padecemos, la conclusión es directa: el capitalismo atraviesa una crisis terminal y, necesariamente, arrastra al mundo.
Ya ningún dirigente sensato desconoce el peligro, aunque desgraciadamente los pueblos enceguecidos por los poderosos sistemas de desinformación capitalistas no toman cuenta del peligro.
La crisis del capitalismo es la crisis de la humanidad, hoy no se decide la suerte de un sistema, sino el destino de la especie humana y de la vida planetaria. Es deber de los Revolucionarios luchar por la supervivencia de la humanidad, ese es el reto principal. Se trata de demostrar si la especie que llevó la vida a los bordes del acantilado de la extinción, podrá salvarla. En esta etapa histórica, crisis, tempestad, capitalismo, son sinónimos: definen una situación que pone en peligro la vida misma.
Para la Revolución Bolivariana es indispensable entender las manifestaciones de la agonía del capitalismo, sólo de esta manera podremos asumir nuestro papel histórico, la enorme, pero hermosa responsabilidad que tenemos. Recordemos que la humanidad capitalista abre camino a la humanidad socialista o perece, de allí la importancia vital de la lucha por el Socialismo. Veamos.
La dolencia del capitalismo se puede abordar desde diferentes puntos: financiero, político, demográfico, de producción, impacto ecológico, etc. Al estudiar el fenómeno de la crisis nos daremos cuenta que todas sus facetas tienen origen en la manera como el hombre del capitalismo se percibe y en la relaciones económicas que imponen esa visión. Analicemos las manifestaciones del capitalismo mundial y tratemos de determinar su desarrollo.
La economía capitalista se desmorona, la deuda de Estados Unidos es signo de las estructurales dificultades de aquel sistema, lo mismo sucede con Europa, Grecia es patognomónico, en China la realidad diluye el milagro, ya se asoman dificultades, recordándonos que no hay capitalismo sin crisis.
Estados Unidos merece nuestra especial atención, están próximas unas elecciones, y la crisis lastra la candidatura y las encuestas de obama. Es lógico pensar que usarán infamias para subirlas, ya lo consiguieron con la “muerte de Bin Laden” pero la elevación fue efímera, los números volvieron a caer arrastrados por la economía. De allí que Chávez puede ser un buen objetivo en la proximidad de sus elecciones.
El desastre ecológico, las sequias de los ríos, las inundaciones muestran sus consecuencias, en la producción de alimentos se vaticina una fuerte escasez, ya se sufre alza en los precios.
Las migraciones de los hambrientos, a pesar de los esfuerzos por ocultarlas, ya tocan duro las puertas del norte y crean desajustes demográficos.
Podríamos concluir diciendo que la civilización, tal como la conocemos, desaparecerá. En los próximos años todo cambiará, ya la transformación sucede frente a una humanidad ciega. La supervivencia de la especie dependerá de que ese cambio sea una superación de las relaciones humanas capitalistas, lo contrario será la extinción.
No obstante, en el corto plazo la crisis del capitalismo tendrá consecuencias sobre la política continental y mundial. Primero, se radicalizarán las opciones políticas, no habrá lugar para terceras vías, para capitalismos con rostro humano, el dilema será, como nunca, Socialismo o Barbarie, Socialismo o Fascismo. Aquí en el Continente, es deber de los Bolivarianos alertar a los pueblos, ser ejemplo de cómo enfrentar las dificultades, es necesario profundizar a la Revolución, ese es el único modo de vencer la tempestad.
Ya hemos visto la situación grave de la humanidad, conocemos la causa de la enfermedad, el malestar no necesita comprobación. La pregunta que surge es ¿Qué deben hacer los revolucionarios, cuál es su responsabilidad?
El primer deber de los bolivarianos es preservar la Revolución y a su liderazgo, al Comandante Chávez, su existencia. Surge inmediatamente otra pregunta ¿Cómo hacerlo?
Una Revolución se preserva avanzando, siempre siendo Revolución, nunca deteniéndose, la quietud es mortal. Pero, una revolución no puede ir más lejos que la ideología que la sustente: si los basamentos más generales de su ideología son débiles, entonces la Revolución se desvanece en miles de destellos inocuos, como las luces de bengala.
De aquí que es necesario ir al fondo, a las premisas que sustentan nuestra ideología, someterlas al escrutinio de la sinceridad, sólo ajustando estos pilares teóricos podremos blindar la Revolución, hacerla invencible.
Sin la valentía para hacer esta revisión será imposible llegar a buen puerto, nos perderemos en la gimnasia de los argumentos banales y seremos barridos por la realidad, por el huracán que se avecina. Veamos algunos puntos que ameritan discusión.
La Revolución debe rescatar el aprecio por la adquisición y la producción de conocimientos, la reflexión, el pensamiento, derrotar la conseja adeca, socialdemócrata, de que la ignorancia es virtud, de que nacemos aprendidos por obra y gracia, derrotar la extraña paradoja de que la suma de ignorancias es conocimiento elevado.
Es necesario retomar con seriedad el Estudio, indagar por qué los intentos de prestigiar el conocimiento se han perdido. Adelantamos que no se podrá estudiar con seriedad mientras no se entienda la importancia del conocimiento universal, y no se concientice que los llamados “saberes” no son espontáneos, necesitan esfuerzo, sistematizar, relacionarlos con el conocimiento universal de milenios de acumulación, aplicar métodos, oír con atención a los que han estudiado con el mismo respeto con que oímos al médico cuando tenemos dolencia, o le conferimos al piloto que conduce el avión la anuencia de guiarnos.
La Revolución sólo podrá ser hija del Estudio, de la cultura, del esfuerzo por conocer, por comprender.
Recordemos que el “buen vivir” es imposible que sea un asunto meramente material, un asunto de “cuchillo y tenedor”. No, es ante todo un proyecto espiritual, de allí la importancia del conocimiento, de la cultura, de aquella que incorpora lo local a lo universal, única manera de que algo adquiera valor humano.
Debemos estudiar los mecanismos de la dominación, que ha conseguido hacer del dominado su principal soporte y difusor de su cultura. Desechar la teoría que postula que el pueblo espontáneamente conseguirá su liberación, que fundará un nuevo mundo. Este planteamiento desarma al pueblo, lo condena a la esclavitud de la ignorancia engreída, niega el papel del Estado Revolucionario, la necesidad de la vanguardia, de la organización.
Al contrario, el pueblo crea su vanguardia, y ésta lo conduce por el camino de la redención. Y en ese afán vanguardia y pueblo se fusionan, esa es la esencia de la Revolución. Podemos concluir que no hay Revolución sin vanguardia revolucionaria, y no hay vanguardia sin teoría revolucionaria, y sin éstas dos no habrá práctica revolucionaria, no habrá Revolución.
Hay premisas económicas, organizativas, éticas, todas deben discutirse, sólo así comprenderemos los problemas de hoy.
¡Con Chávez más resteaos que nunca!