
La fuerte tendencia hacia el centro político y económico parece ser una ley de las Revoluciones Pacíficas. Todas las corrientes antisocialistas, las de adentro y las de afuera jalan a la Revolución hacia ese punto. Allí se siente cómodo el reformismo, allí el proceso se debilita, desdibuja, y es fácil presa de la restauración. Veamos.
La idea central del reformismo es que todos somos iguales, no hay apropiadores ni despojados, de esa manera borran la lucha de clases, anestesian a los humildes, blindan al sistema contra cualquier insurrección. Las diferencias que se observan en la sociedad, donde unos viven en la opulencia y otros en la miseria material, se deberían al esfuerzo individual, si se trabaja con ahínco es posible surgir. Se plasma de esta manera el sueño americano, donde todos podemos llegar a ser millonarios, basta trabajar duro. Esta idea fragmenta al máximo la sociedad, decreta la guerra de todos contra todos.
Si todos somos iguales, y además aislados, luchadores individuales, la necesidad de una vanguardia pierde asidero, es inútil, no hay combates que dirigir, lo que se impone es la candorosa conducta de los ingenuos, los "buenos ciudadanos", la sumisión. Nunca reconocerse como colectivo.
Igual sucede con la necesidad de organizarse, para qué, lo que se prestigia es la multitud amorfa, la suma de "egoísmos iguales". Así la idea de que todos somos lo mismo, que a primera vista parece algo inocuo, irrebatible moralmente, bonito, inofensivo, se devela como un pilar principal de la dominación y la restauración.
La Revolución Bolivariana, que es un inmenso laboratorio social, es una muestra de esta ley de las revoluciones pacífica: el jaloneo hacia el centro tiene varios afincamientos.
Los restauradores internos más descarados pujan hacia el centro y declaran abiertamente que es necesario aislar a los extremistas de lado y lado. Es la expresión política de la propuesta económica de un híbrido Capital-Socialismo. Está claro que en el centro político-económico, ese especie de limbo, o de zona gris, el Socialismo se debilita, no puede definir su propio perfil, se desdibuja, se desvanece, se debilita.
Donde la idea de ir al centro tiene más fuerza es en el campo oligarca. Veamos
Carlos blanco, plumífero destacado de la oposición escribe:
"Para lograr una transición creíble hay dos principios básicos: el chavismo no va a ser una fuerza hegemónica más nunca, sólo un factor político más; la oposición ni puede ni debe plantearse un horizonte que implique la destrucción de lo que hoy es el chavismo. A partir de allí el llegadero todavía está lejos pero visible."
La derecha en un foro convocado por la mesa estudia la transición. Analicemos las ideas allí expuestas.
Según carlos raúl hernández: "el problema de la liquidación de un régimen político, o sea de una transición, tiene que ver con la capacidad política que puedan desplegar los factores que quieren deshacer el orden. El catedrático usó como ejemplos los casos de la transición democrática chilena y nicaragüense para poner de relieve la importancia de que los factores triunfantes en un proceso político de transición, tengan flexibilidad en las circunstancias políticas y fuerza para enfrentarse a los extremos."
Por su parte, ramón guillermo aveledo, secretario ejecutivo de la mesa, señaló: que en estos procesos hace falta una estrategia y disposición al diálogo y la negociación, porque "la transición y el dogma se tienen mutua alergia".
El objetivo de las fuerzas antisocialistas está muy claro: conducir al Socialismo al centro, debilitarlo, y después darle el zarpazo. No hay dudas, en el centro nos espera el patíbulo.
Ya sabemos el peligro que el reformismo representa para la Revolución, fue alertado con claridad por los clásicos, quienes llegaron a decir: "Si el reformismo no existiera, ya la Revolución sería un hecho en todo el mundo". Ya conocemos el alto peligro que significa el reformismo para las Revoluciones Pacíficas. Miguel Enríquez, el jefe del MIR chileno, sentenció: “la caída de Allende es una derrota del reformismo y no del Socialismo”.
Varios son los extravíos posibles del Socialismo y una sola su vía al éxito. La pregunta que surge es ¿cuál es el camino correcto?
La respuesta tiene varias aristas que surgen de la filosofía. Si el asunto más general no se resuelve, si la Revolución camina guiada por las apariencias, entonces fácilmente caerá en formas populistas, anarcoides y, al final, será presa de la contrarrevolución.
Es necesario estudiar con seriedad y rigor la evolución de la idea libertaria que ha guiado a la humanidad en la búsqueda de la redención. De esta manera, estaremos en capacidad de ubicar a nuestro proceso en la historia, en lo más avanzado de la idea revolucionaria. A propósito de esto, es importante leer las publicaciones del Instituto Internacional de Estudios Políticos Los Cinco Héroes Cubanos, [Ver página 3 de esta edición] que aparecen los martes en Últimas Noticias. En su entrega del martes 26 de Julio, publicó el artículo "Sobre los Hombros del Che" que compendia muy bien este importante asunto.
Se desprende de este estudio, que en la raíz del camino revolucionario está el choque entre el egoísmo y el amor. De esta forma, la vieja pugna entre estímulos morales y estímulos materiales toma carácter vital, no es un asunto de capricho, es de vida o muerte.
La búsqueda de la felicidad, del bienestar, del buen vivir, se torna escenario de una profunda lucha ideológica, centro de una reflexión filosófica. Veamos.
Si buscamos el bienestar con base en la supremacía de lo material, estaremos dentro de la lógica del capitalismo y de todos los sistemas de explotación.
Ahora bien, si buscamos el buen vivir con base en la supremacía de lo espiritual, nos estaremos colocando al lado del pensamiento del Che, de Fidel, y de lo más trascendente de la Revolución Cubana. Le estaremos señalando a la humanidad el camino de su salvación.
La humanidad sólo tendrá salvación si supera la lógica del capitalismo: la acumulación material como objetivo e indicador de riqueza, de bienestar, cuya expresión más acabada es el aumento del PIB como señal de salud de la economía, y sustituye esa lógica suicida por la armonía: el hombre en convivencia sana con la naturaleza, integrado a ella. Este cambio sólo se logra si lo espiritual se sobrepone a lo material.
La humanidad vive hasta hoy una pre-historia, así lo dicen los clásicos, esta pre-historia tiene en todas sus etapas una lógica de la acumulación material, del aumento de las fuerzas productivas, de la producción. El Socialismo significa la entrada en la Historia, en la cual la lógica del aumento de las fuerzas productivas será sustituida por la lógica de la armonía, una nueva manera de producir y una nueva manera de consumir.
La conquista de una nueva relación entre los hombres y de éstos con la naturaleza, y la derrota del egoísmo como motor de la sociedad, son asuntos de vida o muerte que bien valen todos los riesgos.