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Estos doce años han sido de preparación para el “Punto Crítico” que inevitablemente se acerca. Se trata del momento cuando se define el rumbo de la Sociedad. Todo lo hecho hasta aquí es acumulación para ese instante histórico.

La Revolución, gracias al hilo conductor y unificador del Comandante, ha conseguido atravesar con éxito estos años turbulentos de feroz lucha contra el imperio y sus lacayos, y también de violenta lucha interna entre las corrientes que procuran la conducción de la Revolución. En los dos frentes se combatió con fiereza, no se pidió ni se dio cuartel.

Una Revolución es así, con momentos de euforia, de viento en popa, y de momentos duros, de desencanto, de confusión. Por eso en una Revolución es indispensable el líder, éste la dota de la coherencia que impide la desbandada. La tarea se ha cumplido, haber llegado a los aires decisivos es una proeza.

Nos aproximamos a una batalla definitiva que se decidirá por tres factores principales:

Primero, la ideología, segundo, la masa actuante impregnada de esa ideología, siguiendo el mandato del líder. Esta trilogía: ideología, masa y líder, resolverá la contienda.

La situación es muy peligrosa y simultáneamente prometedora. Existe el líder, tenemos la potencialidad de la masa actuante ya probada en otras batallas, como en abril y en el sabotaje petrolero. Sabemos, el 27 de febrero nos lo enseñó, de la necesidad de la organización, la dirección, y que sólo así se pueden dar batallas exitosas. Conocemos la necesidad de objetivos políticos claros, tenemos experiencia en malos y en buenos combates.

Fallamos en interiorizar la lucha ideológica, comprender su lógica, entenderla para ubicarse en el momento histórico y cumplir el papel que nos toca.

 No es posible el triunfo sin una fuerte y clara definición ideológica. Los campos se definirán por la ideología, ésta superará las barreras de la militancia política e impondrá su lógica. Así se explica que partidos y líderes antes con la Revolución hoy estén sentados en la misma mesa donde se planificaron los asesinatos de sus líderes y militantes, sentados con adecos y copeyanos, con los capitalistas. La ideología borró la vergüenza.

No es posible entender el momento histórico sin hacer un mapa ideológico, éste supera en nitidez al mapa político. Quiere decir que más importará la militancia ideológica que la militancia política.

Los campos se perfilan cada vez más: el Comandante Chávez deslinda el lado Revolucionario con la consigna “los que quieran patria vengan conmigo”, que significa: los que quieran Socialismo verdadero, que es la única manera de tener Patria, de tener humanidad.

De allí que sea obligatorio definir la ideología socialista. Podríamos adelantar en este escrito algunas características:

El humano como centro de todos los afanes, la vida como razón de los esfuerzos, la naturaleza como fundamento de todo. La Conciencia del Deber Social entrelazada con la Propiedad Social de los medios de producción administrados por el Estado Nacional. El internacionalismo. Estar siempre del lado de los débiles, de los luchadores, de los Revolucionarios.

Sólo un mapa ideológico nos permitirá tomar posiciones de éxito en esta guerra por la construcción del Socialismo y la defensa de la humanidad. La Historia, esa insuperable maestra revolucionaria, es muy clara en sus lecciones, siempre debemos volver a ella, tenerla debajo de la almohada. Veamos.

En toda oportunidad Revolucionaria surgen tres corrientes principales, hay otras, pero suelen ser de poco bulto. Veamos cómo se manifiestan entre nosotros.

Una es el capitalismo franco, que propone atarnos al carro de la globalización, ir atrás de los grandes imperios, de las transnacionales, bailar la música que tocan los países desarrollados, arrodillarnos ante Davos.

Esta corriente es defensora abierta de la propiedad nosocial y del egoísmo, lo hace sin complejos, lo fundamenta en su arte y su ciencia.

Frente a ésta encontramos a la ideología de la pequeña burguesía, siempre dudando, pusilánime, hace un magnífico diagnóstico de la realidad mundial bajo el capitalismo, se rasga las vestiduras ante tanta hambre, tanto excluido, ataca a los grandes acaparadores de alimentos, malucos capitalistas… pero, a la hora de las soluciones, se acobarda y comienza a dar vueltas para no ir al meollo del asunto. Pretenden hacer una tortilla sin cascar los huevos.

La historia entre nosotros no es nueva, a mediados del siglo pasado copó la escena política: la socialdemocracia, representada por los adecos y, con los pecevecos en el vagón de cola, proponían una suerte de Liberación Nacional, que no era otra cosa que el desarrollo de burguesías nacionales (ya el Che decía que en estas tierra las burguesías siempre se entregaban al imperio), de postergar el Socialismo para remotas épocas. Es el llamado pensamiento reformista.

Ya lo decían los clásicos, si no existiera el reformismo ya la Revolución sería una realidad en todo el planeta. Y otros explicaban: embriaga a un reformista y saldrá un capitalista. No se equivocaban, el planteamiento reformista fue el origen, devino en el tenebroso pacto de punto fijo, y en nombre de Juan Bimba se vendió la patria al capitalismo y se persiguió con saña a los Revolucionarios.

Hoy, con la posibilidad de la Revolución Bolivariana, se repite la historia. El reformismo plantea, con matices, construir, reforzar una burguesía nacional, que, para disimular, nombra como “sectores productivos”. Propone una suerte de híbrido inviable, un capitalsocialismo que es una manera de deslizarse al capitalismo.

En esta hora de definiciones que surgen del avance de la Revolución, esta corriente, aunque parezca paradójico, tiene como principal enemigo a los Revolucionarios, a los que plantean los cambios profundos que nos guíen hacia el Socialismo.

La tercera corriente es la revolucionaria, propone Conciencia del Deber Social entrelazada con la Propiedad Social de los medios de producción. Es decir, ir más allá de las metas socialdemócratas, transitar la vía al Socialismo.

Ese es el mapa ideológico, es guía de la política. Los capitalistas francos y los reformistas, desde ambos lados de la talanquera son enemigos de la Revolución, porque son antisocialistas. 

El Presidente llamó al diálogo y se abrió un tiempo de discusión. Lo primero que debemos estudiar es al mismo diálogo. Veamos.

El diálogo no es malo ni bueno en sí mismo, depende de lo que se quiera lograr con él. Hasta los enemigos irreconciliables en las guerras más cruentas han conversado, los antiguos sentaban en la mesa de consulta a sus Dioses. Entonces, los revolucionarios pueden dialogar si la situación lo amerita, para poner reglas en la confrontación, para humanizarla, nunca para arriar las banderas.

Esta intención llevó al Libertador a la conversación con Morillo en Santa Ana de Trujillo, no obstante, Bolívar siempre rechazó las conversaciones para negociar la Independencia, siempre mantuvo el deslinde ideológico.

Lo que no pueden hacer los revolucionarios es, en nombre del diálogo, plantearse colaboracionismos, borrar las diferencias, diluir los objetivos de la lucha. Eso confundiría a la masa, debilitaría las fuerzas revolucionarias.

Los reformistas aprovechan el llamado a conversar y lo transforman en un objetivo estratégico: en la unidad que castra la posibilidad revolucionaria.

La historia es conocida. Esa artimaña la aplicaron el 23 de Enero del 58, y así aquella gesta popular, que sí merece asimilarse a la gesta zamorana, con contenido político, con metas estratégicas claras, con organización, con dirección, fue traicionada, y el instrumento para la traición fue el diálogo como castrador de las posibilidades de deslinde ideológico.

El diálogo bobo, los llamados a unidad sin deslinde ideológico son armas para neutralizar las posibilidades revolucionarias. Estos clamores de la pequeña burguesía son la expresión política de la propuesta de convivencia con la “burguesía nacional”, que necesariamente estrangulará al Socialismo.

Debemos estar alertas, evitar que la conversación con el enemigo se nos convierta en puerta de entrada a la conciliación, a olvidar la meta estratégica, convertirla en retórica.

No es posible, por ejemplo, mostrar como un logro del diálogo, de la democracia, de la convivencia, el que esa organización fascista que es “Javu” haya salido de la huelga de hambre. Eso es un error que nos debilita, nos conduce al desfiladero, desarma, confunde al pueblo.

“Javu” forma parte de un plan golpista dirigido por los gringos, y así debe decirse al pueblo y al mundo,  plan que involucra desde insulza hasta cisneros. No es posible mostrar que suspendan la huelga como un paso hacia la convivencia.

Debemos presentarlo como una derrota del enemigo y alertar que el plan golpista continúa: siguen los susurros a los militares y los ataques a los líderes de la Fuerza Armada, siguen las declaraciones, las amenazas de los gringos, los planes de magnicidios, los desconocimientos a las instituciones, al CNE, al parlamento, a las leyes, al Estado Revolucionario.

Ilusa la pequeña burguesía, piensa que con el diálogo pueden repetir la historia del 23 de Enero, deslizar un nuevo pacto de punto fijo y volver a una coexistencia con la burguesía. El diálogo bobo sólo servirá para debilitar al Gobierno Revolucionario, y preparar el zarpazo fascista.