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Comentando la primera línea del documento de las Cinco Líneas Estratégicas propuesto por la dirección del PSUV para su discusión, es oportuno referirse a un párrafo que, sin dudas, influye en el resto del trabajo, determina una visión.

Dice el documento: “Luego de las rebeliones militares – populares del 4 de Febrero y del 27 de Noviembre de 1.992, hijas de la rebelión popular del 27 de febrero de 1.989”…

La consideración de este punto es de vital importancia para la marcha de la Revolución, porque de la posición que tomemos, de las ideologías que así se manifiesten, dependerá la función del partido: si vanguardia o mera maquinaria electoral.

Analicemos los acontecimientos.

El 27 de febrero fue una “revuelta popular” sin ningún objetivo político y sin ninguna organización. Evidenció el fracaso de una dirigencia de izquierda que, derrotada, extenuada, se pasó al confort de la mesa oligarca o se refugió en posiciones anarcoides que abdicaron su papel de dirigentes, negaron la organización política, la organización social, dejaron a las masas sin brújula, sin vanguardia, y aquel formidable estallido no pasó de ser una “jacquerie”, un motín, cuando ha podido y debido ser la captura del gobierno, el inicio del camino revolucionario.

En contraste, el 4 de febrero fue una acción eminentemente política, de vanguardia, que buscaba sensibilizar a la población, dirigirla. Fue un volver al camino de ser, de dirigir, una derrota a la renuncia a ser dirigentes, una derrota a la ideología anarcoide que fracasó el 27 de febrero.

Es simbólica la tanqueta golpeando la puerta de Miraflores, denota una claridad en la acción política, la toma del poder, su defensa.

Entonces, decir como lo hace el documento que hoy analizamos que el 4 es hijo del 27 de febrero, es aceptar que la corriente anarcoide tiene razón, que no hay que organizar ni politizar a las masas y, lo que es peor, no es necesaria una vanguardia, al contrario, la combaten porque se puede convertir en una “iglesia”.

Es abonar la corriente pequeño burguesa, anarcoide, y profundizar los obstáculos que impiden el fortalecimiento del partido: Si el 27 es camino correcto… ¿entonces, para qué el partido? Éste servirá a lo sumo de “correa de transmisión”. Esa postura impide ver la alta necesidad de un partido vanguardia, que dirija al pueblo en sus combates.

Lo revolucionario es pensar que el 4 supera la dispersión y la falta de dirección del 27 de febrero. Es señal que reafirma la necesidad de una vanguardia.

De esta manera aflora un punto crucial en la discusión: ¿Es necesaria una vanguardia? ¿Para qué sirve el partido?

Nosotros pensamos que sí. Sin ese partido-vanguardia que dirija la batalla no es posible que el pueblo avance, es posible construirlo sin privilegios, sin que se convierta en iglesia, ese es el reto. Para fortalecerlo es necesario derrotar la ideología anarcoide que impide su concreción. Nuestras fallas primero son ideológicas, después organizativas.

Valientes pasos hacia la madurez revolucionaria del PSUV los que da su dirección al llamar a la militancia a discutir y simultáneamente a presentar un documento que dirige y le da cauce al debate.

Continuamos con los comentarios a la primera línea de las cinco que contiene el documento: De la “cultura política capitalista” a la militancia socialista.

El documento afirma que: “La fortaleza de la Revolución Bolivariana se sustenta, en buena medida, en la voluntad del máximo liderazgo de la Revolución, de enfrentar esta cultura capitalista”. Esta voluntad la consideramos vital para el desarrollo de la Revolución.

Más adelante el documento nos dice que la manera de enfrentar a la Cultura Capitalista es: “convirtiéndose en una suerte de intérprete de las demandas y las aspiraciones populares, dándole voz a los que nunca la tuvieron y haciendo visibles a los invisibles, a los marginados, a los olvidados y explotados”. Enunciado con el que estamos de acuerdo, pero que es insuficiente para dar cuenta del inmenso desafío de enfrentar la Cultura Capitalista, y sustituirla por la Cultura Socialista.

Creemos que para oponerse a la cultura capitalista e intentar su sustitución con posibilidades de éxito, es necesario conocer muy bien sus características, sus orígenes, las ideologías que la sustentan, fortalezas, debilidades y, sobre todo, concientizar la necesidad vital de hacerlo. Sólo así nos emocionará la tarea y tendremos razones sagradas para emprenderla, además sólo conociendo al enemigo podremos diseñar la estrategia de enfrentamiento.

En un apretado resumen: el capitalismo, fragmentador en su economía y en su espiritualidad, basa su cultura en la fragmentación social, es una cultura del egoísmo, del individualismo. Que se entrelaza con la propiedad nosocial de los medios de producción, he allí el centro del problema. La propiedad nosocial de los medios de producción supone la existencia de mercancía, de mercado, y por supuesto, de explotación, de apropiación del trabajo ajeno, y lo que es más importante, la transformación del hombre en mercancía y, le confiere a las mercancías propiedades propias de la vida, de esta manera el mundo de las mercancías, el mercado domina a la sociedad.

De todo esto surge una cultura del consumo desmedido, eso es lo que mueve al mercado. Nos transformamos en máquinas de consumir, el que no consume no existe, está al margen de la vida, excluido.

Se desprende de este apretado resumen, que no es posible superar al capitalismo sin superar a la propiedad nosocial de los medios de producción, sustituirla por la Propiedad Social administrada por el Estado Nacional, esta propiedad se entrelaza con la Conciencia del Deber Social.

Los enfrentamientos a esta cultura capitalista de la fragmentación se han hecho desde varios ángulos, uno de ellos es el ataque basado en la ideología de la pequeña burguesía, timorata, ambigua, que se opone a los males de la cultura capitalista, pero a la hora de remediarlos le teme a los cambios sustanciales y se queda navegando en la superficie, llevada por una retórica, suerte de fuego artificial que resulta en un ataque débil al capitalismo, porque siempre deja intacta la fragmentación e impide la Conciencia del Deber Social, base de la nueva cultura. Temen a la superación de la propiedad nosocial, y proponen una serie de variantes que la dejan intacta.

De esta ideología pequeña burguesa nos interesa hoy su forma anarcoide que niega al Estado, por lo tanto a la propiedad social, a la organización política, y es origen principal de los males que hoy padece el partido.  Esta ideología se evidencia en el documento que hoy estudiamos, cuando propone un falso dilema: Un partido/iglesia, o un partido sin dirección, confinado a sólo una de sus funciones, el de “correa de transmisión”, privándolo de su función principal, ser vanguardia de la marcha revolucionaria.

Es necesario, entonces, discutir el documento y, sobre todo, esta primera línea estratégica, desde las ideologías que sustentan a las diferentes posiciones que dan origen a diferentes conductas, disímiles enfoques históricos y diferentes visiones del futuro.

 En el documento se resume la lucha de clases que se desarrolla dentro de la Revolución, es importante que esa lucha se haga conciente. Recordemos que una Revolución antes de ser derrotada políticamente ya lo fue en la ideología, por eso es tan importante delinear con precisión la teoría revolucionaria. Esta discusión a la que nos convocan hoy debe ser una importante contribución a la construcción de esa teoría.