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La pregunta orbita a toda Revolución. Es en la cantidad y en la velocidad de los cambios donde los procesos se definen.

Los reformistas, los socialdemócratas, muchas veces aparentan acercamientos con el Socialismo, por lo menos no lo combaten frontalmente, hasta una Internacional Socialista tienen, y no dudan en llamarse socialistas, allí está el MAS como ejemplo, y el partido socialista obrero español, es comparsa del pp de Aznar, los dos brillantes agentes del capitalismo español y europeo. Aceptan que el capitalismo es maligno, admiten la necesidad de cambiarlo, pero, a la hora de la práctica, empiezan a escurrirse.

Dicen: “hay que hacer cambios”, “poco a poco para no alterar la economía”, “los cambios no deben ser muy extendidos, con ciertas áreas es suficiente”, “los privados tienen derecho a subsistir, la sociedad los necesita”. El capitalismo no es malo, lo que pasan es que algunos insensatos abusan, lo que hay es que controlarlo un poco. En esa parsimonia no forman Conciencia del Deber Social, y los cambios son absorbidos por el sistema capitalista. Así distraen las posibilidades de construir Socialismo. Disipan la fuerza de cambio, son válvula de seguridad del sistema.

La posición revolucionaria es clara: tanto Socialismo y tan rápido como lo exija la formación de la Conciencia del Deber Social, a la velocidad que sea indispensable para impedir la restauración capitalista. Esta es la fórmula de la construcción socialista, no tiene otra razón que construir y proteger el Socialismo.

Los cambios pueden ser materiales: los referentes a la Propiedad Social administrados por el Estado Nacional, la única forma de propiedad que se entrelaza con la Conciencia del Deber Social.

En la organización social: aquellos que formen tejido nacional, desde las unidades capilares, hasta lo nacional, desde la base hasta los organismos de dirección nacional. Este esquema vale para todas las formas de organización política y social. Los esquemas organizativos que sólo contemplan las organizaciones primarias no son soporte de la conciencia de sociedad, sólo estimulan la visión del contorno donde actúan, en esos límites confinan su conciencia, su visión del mundo.

Cambios en la conciencia: aquí es fundamental el mensaje de nuestros medios de difusión, el ejemplo de los dirigentes y las señales que se envíen a la población.

Estos mensajes deben traducir los pasos de la Revolución, en ideología, en conciencia, en valores éticos y morales. Es importante destacar que son estos cambios en la conciencia, ese cambio cultural, el objetivo central de la construcción socialista y la medida del éxito de la Revolución.

El nivel de conciencia se mide por la movilización: masa inerme, sentada, es masa inconsciente y, masa combativa, movilizada, organizada, defendiendo a la Revolución y al Comandante en cualquier terreno, es masa consciente.

Los avances aislados se diluyen, deben ser logros en conjunto, a las diferentes velocidades que impongan las circunstancias, pero siempre con la misma tendencia, el mismo sentido.

No construyen Socialismo las propuestas de avance en un área y, simultáneamente, acciones de retroceso al capitalista en otra. O como diría el Che, usar las herramientas socialistas en un área y las herramientas melladas en otra. El resultado será confusión de las masas, desdibujar las líneas que nos separan de los oligarcas, quitarle vigor a la propuesta socialista.

Nunca el capitalismo será bueno: ni chiquito, ni mediano, ni grande, eso no existe, siempre será explotador y dañino para la sociedad y el planeta. No hay tercera vía posible, los terceros caminos desembocan tarde o temprano en el capitalismo. El dilema es Socialismo o capitalismo.

Somos un pueblo privilegiado, el Comandante nos convocó para la más noble tarea que un pueblo puede emprender en estos tiempos definitivos, la construcción del Socialismo, caminar hacia la salvación de la humanidad, a la búsqueda de la felicidad con equidad, con armonía.

Somos un pueblo grande, capaz de esa hazaña, ya en 1810 emprendimos el camino de liberar a un continente y lo logramos, este pueblo ha parido líderes inmensos, eso somos, un pueblo dichoso, nacido para lo grande, para las empresas sagradas. En Abril, cuando el pueblo salió a la calle a rescatar al Comandante, a la dignidad, cuando se derrotó el golpe fascista, este pueblo demostró que conserva intacta la estirpe de los Libertadores, esos días se demostró que hay material para el Socialismo.

Desdichados los pueblos que sólo son convocados para la mezquindad, para lo mediocre, que sólo oyen las trompetas de la iniquidad que llaman a la esclavitud, a la inconsciencia, que transforman al mundo en un gran mercado donde todo se puede vender o comprar, o destruir, todo en aras de la ganancia, de lo inútil.

Este pueblo debe estar alerta, las invitaciones a lo sórdido, a lo pequeño,  sólo pueden construir un mundo en el que unos pocos vivan con privilegios materiales, la mayoría en desgracia, y todos sumergidos en la miseria de ser cada vez menos humanos. Los que desprecian la solidaridad con pueblos maltratados por las circunstancias, muestran así su carácter perverso que inevitablemente se volcará sobre su pueblo.

Son los mismos que separaron a Bolívar de su ejército antes de Ayacucho, con estas mismas argucias engañaron al pueblo para la traición al Libertador, con estas mismas patrañas pueblos incautos han elegido a sus verdugos, por estas manipulaciones Jerusalén entregó a Cristo.

Los gobernantes deben estar atentos, sólo los pueblos convocados para lo grande, entran en la historia por sus logros asombrosos, los pueblos a los que se le insufla en sus almas el altruismo, el amor a la gloria de servir a la sociedad, sólo esos serán capaces de las hazañas que reclaman los tiempos.

Pero cuando las sociedades sólo son atendidas en lo material, que se convierte en la principal palanca para movilizarla, se hacen cada vez más egoístas, más oportunistas, y estamos creando a nuestros sepultureros, a los enterradores de la vida.

Recordemos que las aspiraciones materiales cuando aisladas, inconscientes, insaciables, siempre generan resquemor, reacciones infames.

En estas circunstancias definitorias, de vida o muerte, que atraviesa el planeta, Fidel, el que no miente jamás en su última reflexión nos dice: “…Pero las pruebas indican, de hecho, que lo que estamos viviendo ahora es un adelanto de la alteración, económica y política, a la que nos enfrentaremos en un mundo recalentado. Y dada nuestra incapacidad para actuar frente a los gases de efecto invernadero, se avecinan muchas más cosas, y mucho peores.

Han pasado casi 19 años de la Cumbre de Río de Janeiro y tenemos el problema delante. Allí estábamos planteando esos problemas, sin imaginarnos que el fin de la especie puede ser dentro de un siglo o de decenios, si antes no se produce una guerra.” [Ver páginas 6-7 de esta edición]. En estas condiciones definitorias de la vida, si nos vamos a equivocar que sea por exceso de Socialismo, y no por dudar en su construcción, que sea siempre convocando al pueblo para lo grande, y no por temer, por tener poca fe en su respuesta.

La equivocación por exceso de Socialismo, siempre se puede remediar, el ánimo, la conciencia, la emoción siempre quedarán intactas y el camino abierto, así los errores se pueden remediar. En contraste, la equivocación de las concesiones al capitalismo acaba con la esperanza, aniquila la posibilidad revolucionaria, confunde. Esos errores son fatales, después de ellos sólo queda la restauración, es el fin del Socialismo.

A la historia sólo pasarán las convocatorias a las grandes hazañas, sólo lo espiritual mueve a los pueblos y los inscribe en el libro del recuerdo.

Está Revolución pasará a la historia por haber cambiado el espíritu de la época, la cultura de este pueblo, pero nunca por los aportes materiales.