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La legitimación oligarca es diferente a la Revolucionaria, en los mecanismos de legitimación se muestra la esencial diferencia entre Revolución y contrarrevolución. Veamos.

La legitimación oligarca se basa en la fuerza, en la coerción de las grandes mayorías, esta fuerza puede ser física, represiva, o puede ser la fuerza sorda de la manipulación mediática, del sometimiento ideológico.

Cuando el Libertador dice "Por la ignorancia os han sometido más que por la fuerza", está estableciendo las dos formas de legitimación. La principal, la manipulación, el engaño que encuentra terreno en la ignorancia y, cuando ésta falla, la fuerza bruta.

La historia está llena de ejemplos. Con Allende se muestran claramente las dos caras de la legitimación contrarrevolucionaria. Lo hacían en unas elecciones que siempre les favorecían, cuando este mecanismo les falló, surgió la brutal fuerza como el gran certificador de un gobierno oligarca. Arrasaron con aquel gobierno y todavía aquel pueblo discute si el Presidente se mató o fue forzado a matarse.

Aquí en Venezuela la historia es similar, Chávez les ganó en su terreno electoral y los burgueses comenzaron inmediatamente a buscar la forma de tumbar al gobierno que nacía, a legitimar por la fuerza la transición. Recordamos a Abril y al sabotaje petrolero, es necesario sacar de estos eventos enseñanzas más allá de la anécdota.

La legitimidad de la Revolución, y esto no debe confundirnos, no son las elecciones burguesas, es la movilización de las masas, son las masas actuantes. Claro que hay que ganar las elecciones burguesas, esas son las reglas de nuestro camino pacífico, pero hay que tener claro que eso no nos da legitimidad revolucionaria. Ésta solamente surge de la movilización.

Abril fue un ejemplo, allí se derrumbó la ficción de legitimidad de las elecciones y surgió la verdadera legitimidad revolucionaria: las masas actuando, defendiendo a Chávez y a la Revolución. Con el sabotaje petrolero la situación fue similar, la masa actuante, los obreros petroleros, el pueblo civil y militar en acción, le dieron al gobierno la legitimidad que las elecciones no podían.

Ahora que se aproximan elecciones debemos tener presente esta situación. Es necesario ganar, pero más importante es elevar el nivel de movilización de la base social de la Revolución.

Los pasos que se den para ganar las elecciones nunca deben ser a costa de diluir la conciencia de las masas, recordemos que sin conciencia no hay movilización y sin movilización no hay legitimidad revolucionaria.

Cuando proponemos alianzas con sectores sociales, cuando convocamos a sectores tradicionalmente enemigos, o mejor, visceralmente contrarrevolucionarios, debemos hacerlo invitándolos a incorporarse a la Revolución, a su dinámica, a su lógica, y nunca desdibujando los límites, las metas revolucionarias, siendo complacientes. Esta actitud nos causa un grave daño, confunde, borra los límites, nos iguala en un supuesto mismo esfuerzo, unas supuestas construcciones comunes. Y, si somos iguales, ¿para qué luchar? La permanencia del capitalismo consigue justificación. Hasta ahora, el resultado de esta política de coqueteo con la clase media ha sido muy poco avance en esa clase sifrina, y pérdida del apoyo entre los humildes.

De esta manera nos debilitamos, allí donde es importante, en el corazón de los desposeídos, perdemos capacidad de movilización. Así, podemos ganar elecciones, lo que es dudoso porque preparamos el terreno para que florezca la propaganda y los miedos enemigos, pero seguro perdemos legitimidad verdadera, capacidad de movilizar al pueblo.

La enfermedad de Chávez evidenció el problema del poder, apareció el móvil central de la política despojado de afeites. Se desató una dinámica que persiste a pesar de la sanación del Comandante. Es así, la lucha por el poder escaló elevados niveles de antagonismo y no puede detenerse.

En Venezuela vivimos la agudización de una batalla que ya no se contiene en lo puramente electoral, rebasa los límites de lo establecido. Quién mejor comprenda esta nueva situación tendrá ventaja en el momento del enfrentamiento inevitable.

El problema del poder es visto por la contrarrevolución más allá de lo electoral, construyen un proyecto de país que implica la llegada al gobierno a cualquier costo. Poco a poco se perfilan las vías, todas son afluentes de la intención central: la toma del poder.

Es así que hoy tienen el objetivo de desdibujar el liderazgo de Chávez: intentan confundir líder con administrador. Cuando el Comandante delega funciones administrativas, las viudas veraniegas del hiperliderazgo y los escuálidos hacen fiesta porque piensan que eso significaría pérdida del liderazgo que soporta a la Revolución.

Con la misma intención de deteriorar su imagen, exigen del líder condiciones físicas como si de una olimpiada se tratara, como si de la disputa de un maratón se tratara. Si así fuese, el mejor líder sería Messi o Arango.

Mientras esto sucede, mientras ponen en el centro de la disputa la imagen de Chávez, preparan lo que ellos llaman transición, que en realidad es un golpe. La disputa del poder no desprecia ninguna vía, los oligarcas no respetan leyes ni tradiciones, su vocación de dominio está por sobre todas las cosas.

Los Revolucionarios debemos prepararnos para defender las conquistas de la Revolución contra cualquier eventualidad. No podemos caer en la ingenuidad de pensar que los antagonismos sociales, cada día más agudizados, se resolverán con elecciones, éstas son sólo una estación en el camino.

Está comprobado por la historia, que los procesos revolucionarios que se ilusionan con las leyes burguesas, con sus métodos, y piensan que en ellas comienza y termina toda la política, un día, siempre tarde, descubren que la oligarquía, con más visión de poder, los derrota por vías no contempladas en las leyes.

El Chile de Allende nos alerta, allí la tan cacareada "transición" se mostró en todos sus detalles. Es mentira que la oligarquía prepara una transición pacífica de acuerdo a las leyes, al contrario, con sordina preparan una "transición" tipo pinochet. Recordemos que aún no reconocen al CNE, ni condenan el magnicidio, todos los días susurran a los militares. Ese es su verdadero talante. Ya comienzan a hablar con descaro del golpe. Las declaraciones de guaicaipuro y de rivero en el periódico El Nacional son muestra de susurro a los militares. También varias instituciones oligarcas trabajan en el plan de gobierno.

La Revolución debe prepararse para su defensa en cualquier terreno. En el 2012 es necesario ganar para hacer los cambios que nos liberen definitivamente de la lógica burguesa, de sus valores y sus formas de legitimación. La Revolución debe construir otras formas de legitimación, de certificación, más allá de las elecciones burguesas.