
El susurro a los militares es continuo, los plumíferos de la oligarquía no cesan en sus llamados. El imperio ya prima otras vías, la mesa quedó como plato de segunda.
Las señales son claras, la conclusión definitiva, ya el consenso de las diferentes fuerzas en pugna no respalda la salida electoral, la crisis busca nuevos caminos. No entender esto, enceguecerse frente a la realidad, nos conduce al fracaso. Es necesario tomar medidas. Nuevas tareas surgen para los Revolucionarios. Un ejemplo nos ilustra. Leamos un párrafo de las declaraciones de oswaldo álvarez paz, en el nacional del 10 de Agosto. Dice:
"Chávez debería renunciar. Las fuerzas motrices de la nación deben prepararse para un gobierno de transición, bajo un pacto de gobernabilidad e integrado por quienes compartan esos principios y valores fundamentales que identifican a todos los demócratas. Este señor, enfermo, en proceso de recuperación o sano, ha sido un pésimo presidente. Está sobregirado en un tiempo que ya se agotó."
Declaraciones como esta abundan, es fácil concluir que no indican el camino de las elecciones, al contrario, señalan salidas cruentas… se aprestan.
Ya la etapa pequeño burguesa de la Revolución toca a su fin, se agotó. Ahora es necesario preparar la etapa de consolidación revolucionaria, el dilema es claro: la Revolución avanza o perece. ¿Cómo hacerlo?
Es un lugar común, un cliché, decir que el Estado burgués debe ser superado, que es necesario sustituirlo por el Estado Revolucionario. Esa parece ser la causa de todos los males y razón para el desencanto. Las respuestas al cómo hacerlo dividen las aguas dentro de la Revolución.
Unos, intentan meter la realidad dentro de los libracos, proponen etapismo trasnochado y se diluyen en su dogmatismo. Otros, se hacen la vista gorda, se esconden e ignoran la situación, reciclan las acciones, siguen adelante con sus ficciones que sólo existen en sus papeles llenos de números vacíos.
El Estado burgués debe ser sustituido a partir de la evolución de la Revolución, es decir, desde nuestra realidad. Y debe ser sustituido para respaldar una nueva relación social. Veamos.
El gobierno está en manos de los Revolucionarios, el Presidente es Chávez, administramos el presupuesto, dictamos leyes, tenemos mayoría en la Asamblea, Chávez mueve y emociona a la multitud, los ministerios trabajan, dan créditos, atienden la salud, la educación, el deporte, el transporte, tenemos soberanía.
Esta realidad no puede ser ignorada, el viejo Estado tiene un importantísimo papel en su propia sustitución. Aquí no cabe imitar modelos propios de otras situaciones, no hay demolición como sucede cuando la Revolución arriba al poder de forma violenta, tal como sucedió en Cuba, en Rusia. Las condiciones de Revolución Pacífica imponen otra fisiología.
En nuestra Revolución las batallas, los avances, pasan por triunfos en el territorio de las instituciones del viejo Estado. En estas batallas ganamos la primera condición de una Revolución: existir y simultáneamente avanzar en la comprensión de las necesidades revolucionarias.
Esta originalidad de la Revolución pacífica conlleva un gran peligro: olvidarse de la necesidad de modificar esa institucionalidad, conformarse con ganar estas batallas subalternas y olvidarnos que en cada elección burguesa la Revolución se desgasta.
La Revolución pacífica es una carrera entre los cambios de conciencia, de cultura, y el desgaste de las elecciones burguesas. Si no cambiamos con suficiente rapidez, el desgaste nos aniquila.
Las próximas elecciones deben ser ganadas preparando las condiciones para los cambios, sólo así, existiendo y cambiando, triunfaremos. Esa es hoy la doble batalla que enfrenta la Revolución: ganar las próximas elecciones y paralelamente crear condiciones para el cambio. Existir para cambiar.
Ya decíamos que la Revolución pacífica gana las elecciones para existir, y existe para poder cambiar. Pero hay un tiempo limitado para hacer los cambios, este tiempo está determinado por la creación de Conciencia del Deber Social que esos cambios suponen. Los altos niveles de conciencia que garantizan a la Revolución deben alcanzarse antes que el desgate, por las elecciones oligarcas, lleve a la Revolución a niveles inviables.
Estamos en una encrucijada: la acumulación de conciencia y el desgaste están en niveles críticos. Ya no hay holgura para más erosiones electorales y, a la par, los niveles de conciencia exigen y hacen posible los cambios. Dicho en otras palabras, nos encontramos en una situación definitoria, revolucionaria: "avanzar o perecer". Esta situación la detectó la oligarquía y se prepara, ya busca caminos extra constitucionales, crear condiciones de ingobernabilidad para justificar el zarpazo. La huelga de transporte que se anuncia es una maniobra golpista clásica.
Debemos estar alegres, llegar aquí, a momentos de definición, con la oportunidad de avanzar, nos tomó años de combate y de acumulación de experiencias, de derrotas y de extravíos. Ahora, hacemos los cambios o la lógica burguesa nos devorará. Regresa la pregunta ¿Cómo hacerlos?
Lo primero que debemos detectar es la columna que sostiene la espiritualidad de la visión burguesa de la vida y su expresión en el aparato del Estado. Es decir, lo que cambiando arrastrará e impulsará sustituciones en el resto del Estado y, lo que es más importante, en el comportamiento político de la sociedad.
Esa columna es, sin duda, la elección burguesa. Mientras elijamos con ese método, el sistema burgués y su Estado serán fuertes, se fortalecerán con cada elección y corremos el peligro de que la esperanza, la posibilidad de Revolución, sucumba en ese pantano.
Es necesario elegir de otra manera y elegir otras instituciones que funcionen de manera diferente. Las elecciones deben dejar de ser un episodio espasmódico, individualista, egoísta, y pasar a ser una expresión de la organización social. Así estaremos derrumbando la columna principal que sostiene al viejo Estado. Por allí debemos comenzar, esa es la primera tarea de los cambios revolucionarios, por eso es necesario ganar. Repetimos, ganar para existir, existir para cambiar.
El primer paso hacia las elecciones revolucionarias ya está dado, es la creación de los Consejos Comunales, se trata ahora de agruparlos en instancias locales, regionales, hasta llegar a la instancia nacional. El tejido así formado debe sustituir al sistema electoral burgués.
La instancia nacional debe tener un funcionamiento diferente: los delegados que la conformen no perderán la ligazón con la base y serán correaje entre todas las instancias, ese tejido social que elige no será una efímera estructura electoral, al contrario, será organización permanente.
Con este paso daremos a los Consejos Comunales la visión elevada, indispensable para entender que sus problemas locales tienen conexión con lo nacional y con lo internacional. Este paso evitaría la formación de la mentalidad de "republiquita local", que se desentiende de los problemas del país, creyendo, al decir de Martí, que “su aldea es el mundo." Así comenzará la sustitución del viejo Estado por el nuevo, será el inicio de los grandes cambios.