
POR: NEFTALÍ REYES
El capitalismo está vivo y se defiende, es una bestia insaciable que se alimenta del sudor, de la sangre de los trabajadores, depreda la vida donde quiera que esté. Es de ilusos pensar en una revolución sin un feroz enfrentamiento con el imperio capitalista en todas sus variantes y manifestaciones ideológicas.
Las agresiones del capitalismo a los intentos revolucionarios van desde la agresión directa, magnicidios, invasiones, bombardeos, hasta las sutiles diversiones ideológicas.
De los magnicidios existe una galería de ejemplos: algunos contra Chávez, Allende, Torrijos, más de seiscientos intentos contra Fidel, y recientemente los ingleses desempolvan el magnicidio contra Lenin. La BBC de Londres así comenta el caso: “ Hace casi medio siglo, el Reino Unido fue acusado de organizar un operativo para matar a Vladimir Lenin y poner fin a su naciente gobierno socialista. El gobierno británico de la época desestimó la historia diciendo que no era más que mera propaganda soviética. Pero nueva evidencia indica que quizás era cierto.
Por décadas, lo que llegó a conocerse como "el complot de Lockhart" ha estado grabado en los anales de los archivos soviéticos, ha sido enseñado en las escuelas y hasta ilustrado en películas.”
De las invasiones podríamos hacer un mapa mundial y prácticamente no quedaría lugar sin la mancha de la infamia del imperio capitalista.
Sin embargo, el mayor daño lo hace el imperio induciendo los extravíos ideológicos: estos operan en territorio sutil, de allí que sean el estudio y la reflexión, armas indispensables para combatirlos.
Para inducir los extravíos cuenta con los tanques pensantes, artistas, escritores, toda la maquinaria de Hollywood, desarrollan una cultura que apuntale los valores del individualismo, el egoísmo, la fragmentación, la difunden como lo natural, la hacen costumbre. Podríamos también mencionar la infiltración en la izquierda de los países susceptibles de rebelión. Promueve las posturas teóricas que lo favorecen, ataca con fuerza a las que lo perjudica.
En la Revolución Bolivariana hay muchos frentes donde se expresan las diferentes propuestas ideológicas. Se observan actuando, y las podemos identificar en la práctica, ubicar por sus objetivos, sacar conclusiones.
Revisemos algunas noticias que servirán para formarnos un cuadro de las características de la confrontación ideológica, y para entender cuál es la exacta ubicación del pensamiento revolucionario.
…“el gobierno, reiteró ayer que preparan medidas para combatir la especulación y ampliar la participación del Estado en la actividad comercial. Adelantó el pasado jueves que se estudia crear una Ley de Precios, una Ley de Máxima Ganancia y otra Ley de Comercio.”
De acuerdo con la propuesta de convivencia entre el capitalismo y las formas socialistas, el Estado Revolucionario debe controlar al capitalismo. Es algo así como darle rostro humano: que explote pero no tanto, que gane pero no mucho, que tenga respeto al Socialismo.
Veamos el ataque del “capitalismo controlado”, esta es su respuesta.
Pablo Baraybar, presidente de la cámara venezolana de la industria de alimentos (Cavidea), declara:
“Sin la empresa privada no habrá crecimiento ni desarrollo. El Gobierno sólo no lo va a hacer. La empresa privada tampoco puede sola. La única forma es trabajando juntos.”
Es la tesis compartida de la convivencia de los dos sistemas. Más adelante saca las uñas y amenaza con el desabastecimiento, que sabemos es preludio de un golpe:
“No estamos negados al control, pero creemos que el momento es muy malo para tomar medidas de prueba que pueden ocasionar problemas de abastecimiento.”
Después hace un diagnóstico de lo complejo de la distribución de alimentos:
“Para las industrias es sumamente complejo el tema, el manejo de los barcos, el contar con los vehículos, almacenes y silos. Cada empresa dedica a eso una cantidad de esfuerzo, horas hombre y contratación de empresas. El Estado no tiene esas capacidades.”
Confesión que muestra lo heroico de aquellos días de la fundación de PDVAL, cuando la Revolución derrotó el desabastecimiento escuálido y desmontamos aquel golpe.
Queda evidente que el capitalismo no acepta controles, es enemigo irreconciliable del Socialismo y de cualquier intento de darle rostro humano. La convivencia con él no puede ser una estrategia, a lo sumo una táctica.
La realidad, la historia nos dice que el imperio convierte todos los ámbitos de la vida social en política, es decir, en defensa de su sistema capitalista.
No hay rincón ni actividad social que se escape de ser utilizado para perpetuar, reproducir al sistema. Es así con el arte, las películas, el teatro, la economía, la organización social, todo es penetrado por el imperio capitalista y puesto a su servicio, o mejor, toda la sociedad es escenario de la lucha feroz entre el capitalismo y el Socialismo.
Recientemente aparece en la prensa escuálida, en primera página la siguiente noticia:
“Consejos comunales formaron un frente para combatir la exclusión”
“1.000 consejos comunales que no han podido registrarse en Fundacomunal crearon ayer una organización. En una asamblea que se realizó en la plaza Brión de Chacaíto, varios representantes de estas asociaciones explicaron sus razones: sin ese trámite no pueden recibir recursos para sus proyectos. En muchos casos, se niega la certificación por razones políticas. Por eso, recolectaron firmas para apoyar la integración legal del Frente Nacional de Consejos Comunales Excluidos.”
Uno de los promotores de este frente es willian ojeda, por si alguna duda de las intenciones había.
Como pensaba el Che, el imperio tiene fino olfato para detectar lo que le conviene y lo que debe eliminar. El enemigo entendió, antes que nosotros, que los Consejos Comunales son ante todo instrumentos políticos, y para que ejerzan bien su labor deben estar integrados, y los integró en este frente antigobierno, antisocialista, usando el ropaje del trabajo comunal.
La Revolución, acicateada por el látigo de la contra, debe dar un paso más allá y organizar a los Consejos Comunales en un tejido nacional, única manera de constituirlos en fuerte trinchera en la defensa del Socialismo, que es la verdadera defensa de sus problemas inmediatos.
Los Consejos Comunales deben entender, y que lo hagan es labor del partido y del gobierno, que la solución de sus problemas sólo es posible en Socialismo, que si la posibilidad se pierde, si el país cae de nuevo en manos de los capitalistas de antaño y ogaño, entonces, irremediablemente, vendrán los días de miseria espiritual y material, pero multiplicados por miles.
Por eso la lucha contra los problemas del barrio debe ser la batalla por el Socialismo. El capitalismo no puede resolver los problemas que el mismo creó.
La tarea de crear este tejido de los Consejos Comunales es vital, urgente. El capitalismo nos ataca en ese frente, la respuesta es avanzar, sólo ese tejido será barrera contra el egoísmo que crece en los Consejos aislados, y sólo ese tejido puede absorber las enseñanzas, la ideología, la solidaridad que es soporte del Socialismo.
Nunca en la historia habíamos estado tan cerca de darle concreción al Socialismo, a la nueva sociedad, al hombre nuevo. El tejido social nacional de los Consejos Comunales y las Comunas es un paso importantísimo en ese camino.
Los Consejos Comunales aislados son débiles frente a la seducción capitalista.