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Todo sistema social es definido por la forma de propiedad de los medios de producción. Todos los sistemas anteriores al Socialismo se sustentan en la propiedad nosocial.

La forma de propiedad es importante porque alrededor de ella orbita una cultura específica que la justifica, la reproduce y perpetúa. Así, cultura y propiedad constituyen un conjunto, un sistema.

De allí que el cambio en la forma de propiedad es asunto central en una Revolución, sólo él hace posible la nueva cultura, una espiritualidad y la consciencia Socialista.

En Venezuela, un país con economía rentista, dependiente del petróleo, el gran reto de la Revolución es: 

¿Qué hacer con la renta petrolera, cómo transformarla en palanca Socialista?

Aquí la renta se utilizó para estimular una burguesía parasitaria, no productora, mendicante, y una población con una significativa disociación entre el esfuerzo y el logro. En resumen, el petróleo creó una cultura que se correspondía con un país narcotizado de renta, extrañado del trabajo, despilfarrador y facilista. De esta manera, distraído, facilitaba la depredación de la riqueza nacional por los gringos, que se la llevaban a precios viles.

La Revolución Bolivariana, luego de la victoria del saboteo petrolero,  tuvo control del petróleo, lo usó en primera instancia para saldar la inmensa deuda social, la material y la espiritual. La red de alimentación, los programas educativos y de salud son ejemplo. El pueblo percibió así a un gobierno amoroso.

Esa primera etapa fue necesaria, pero rápidamente se topó con la pregunta crucial de toda Revolución: ¿Cómo cambiar las relaciones de propiedad de los medios de producción, los sustentadores de la cultura? O, recordando el pensamiento de Los Miserables que con frecuencia cita Chávez: ¿Cómo demoler los molinos y también el viento que los mueve?

Antes de la Revolución el despilfarro de la renta iba a la par con los precios del petróleo, la política y la filantropía dependían de la subida o bajada del petróleo. Si el gobierno de turno tenía la suerte de toparse con precios altos, la población lo consideraba buen gobierno, lo contrario, el precio bajo, lo estigmatizaba como un mal gobierno. El país vivía sumergido, oscilando entre la borrachera de los precios altos, y la resaca de los precios bajos. En medio del festín se formaba una burguesía petrolera, parásita, que vampirizaba la renta sin producir nada. Recordemos los célebres 12 apóstoles de carlos andrés.

Un ejemplo claro de todo esto son los gobiernos de carlos andrés perez, el primer gobierno tuvo bonanza petrolera, el segundo produjo, en medio de los precios bajos, un motín.

Ahora, en la Revolución Bolivariana, las respuestas emergen desde posiciones ideológicas, es una lucha por la hegemonía del proceso, es el principal escenario de la confrontación inevitable de toda Revolución con el reformismo restaurador.

Los reformistas restauradores proponen, no es la primera vez que lo intentan, crear con la renta una neoburguesía, y fortalecer a la burguesía tradicional con el pretexto de que ahora sí producirán, que sí tendrán rostro humano, y así construir lo que llaman “país productivo”.

Justificados con las emergencias levantan fantasmas y estrangulan la posibilidad socialista. Un ejemplo: con el déficit de viviendas se desaforaron, lo pretenden convertir en un mero problema técnico. Es una celada al Socialismo… Construir casas y simultáneamente construir burguesía, es decir, so pretexto de construir casas, contrabandear las condiciones para sumir al humano en la miseria espiritual y material que es el capitalismo.

Esas casas le saldrán carísimas a esta sociedad, son vía para transferir la renta a la burguesía, así acumulará capital y provecho político, criamos cuervos, nos costarán la esperanza. Nunca la burguesía resolverá un problema al Socialismo.

El reto es crear consciencia socialista y simultáneamente construir casas, que el humilde entienda el poder de trabajar en colectivo, en sociedad, reforzar el nexo esfuerzo-logro, rescatar el valor del trabajo voluntario, ese será un paso invalorable hacia el Socialismo

Uno de los principales desafíos de la Revolución Bolivariana es la construcción de casas, la sociedad sufre un alto déficit de viviendas. Este reto, saldar la inmensa deuda social en este campo, es una oportunidad única para demostrar la fuerza, la eficiencia del Socialismo.

Las vías que tiene la Revolución para encarar la construcción de viviendas son dos:
Una, construir casas de la manera tradicional, esto es, convocando a los capitalistas, que ellos se encarguen del trabajo. Después adjudicarlas, y a partir de ese logro material intentar crear conciencia socialista. En otras palabras: construir casas y después Socialismo.

La otra manera es transformar el proceso de construcción en una escuela de Socialismo. Hacer casas y, haciéndolas, simultáneamente elevar la conciencia. En otros términos: resolver los problemas educando, formando socialismo y hombres nuevos.

Esas casas así construidas tendrán una relación orgánica con sus trabajadores, una relación amorosa, serán un símbolo del reencuentro del hombre con el producto de su trabajo, tendrán un valor espiritual muchísimo mayor que el valor monetario, serán un paso gigante hacia la nueva sociedad y un golpe a la relación capitalista.

Está claro que la costumbre, la dominación instalada en la psiquis, conspira contra esta manera de resolver el reto: es más cómodo derivarlo a los privados. Ya se oyen las vocecitas de los agoreros, diciendo: “así no es posible, la gente no responderá, la única manera es con los privados, no queremos correr riesgos.”

Es posible afrontar el reto con una gran movilización popular, que la sociedad se conmueva, viva en, para, dentro de la Misión Vivienda, que la construcción de casas sea un problema de todos: la sociedad solidaria, volcada a solucionar las dificultades de sus hijos, y resolverlas educando.

Ya tenemos ejemplos, la Revolución puede exhibirlos, son reales, prácticos, de que eso es posible: los obreros petroleros, estimulados con la acción de PDVSA de socializar los muelles en la Costa Oriental del Lago, iniciaron hace meses jornadas de trabajo voluntario que han dado frutos extraordinarios. Asombra el número de unidades flotantes que han recuperado y, lo que es más importante, alienta el nivel de Conciencia del Deber Social que han alcanzado, de internacionalismo, de ubicación política. Allí es más sólido, consciente el apoyo a Chávez y a la Revolución.

En las aguas del Lago, hoy, gracias a ese trabajo voluntario navegan dos barcos emblemáticos del avance revolucionario: “El Granma” y el “Cinco Héroes”, en esas aguas donde alguna vez navegó el “pilín”, ahora lo hace el internacionalismo proletario.

Ya estos obreros comenzaron la construcción de casas con trabajo voluntario. Es una experiencia, un rumbo que debe consolidarse y extenderse. Es apropiado que la Misión Vivienda desarrolle áreas para la construcción con trabajo voluntario, estos Santuarios, serán zonas de educación, ejemplo de eficacia material y espiritual del Socialismo.

Trabajar en estas zonas será un honor, un orgullo que dará motivo para un estímulo moral, serán territorios de formación del hombre nuevo, de allí deben salir casas y contingentes de cuadros socialistas.