
En el ambiente bulle la idea de que nuestra Revolución ha llegado al límite, que se agotó. El enemigo oligarca es el encargado de regar la patraña. Hablan de desbandada, esparcen rumores, deforman actitudes, ahondan grietas. Quieren desunirnos, desencantarnos de la Revolución y de su líder. La ofensiva merece reflexión. Veamos.
Las revoluciones llevan en su seno infinitas revoluciones. En otras palabras, una revolución es una secuencia de revoluciones, éstas no suceden en línea recta, una detrás de otra como si de un tren se tratara, son más bien parecidas a un remolino, a una tolvanera.
Así, cuando parece que la Revolución encuentra un límite, significa que la lucha de clases en su seno alcanzó tal tensión que reclama un salto, la fundación de una nueva realidad, un profundo cambio. Estamos, entonces, en medio de una crisis, entendida ésta como una época de posibilidades, una encrucijada. En otras palabras, una extraordinaria situación revolucionaria, propicia para seguir adelante.
No debemos confundir crisis con agotamiento. El objetivo del enemigo en medio de la situación límite es descorazonar a los revolucionarios, pintarle la situación como la pérdida de las posibilidades, confundirlos.
A veces se avanza, otras da la impresión de retroceso. El camino está lleno de obstáculos y reveses. Es por eso que orientarse en la turbulencia revolucionaria exige constancia, estudio, pensamiento, y sobre todo Fe en el líder.
Se debe tener Fe en el líder, este requisito, que a algunos les parece ir contra las reglas de la teoría, es soportado por la realidad: no hay registro histórico de una revolución sin la presencia de un líder que aglutine, establezca conexión con el alma de la masa. Al contrario, la historia nos ilustra de la estrecha relación de líderes y revoluciones. El Libertador mantuvo la idea, la pasión independentista a través de todas las dificultades. Lenin, con su audacia es un hilo que une a todas las etapas de la Revolución Soviética, a las victoriosas y también a las que postergaron el triunfo. Fidel, es un monumento a la constancia y a la conducción de un pueblo en la borrasca y también con el viento a favor. No aceptar la enseñanza de la historia es un suicidio, una actitud dogmática. La fidelidad al líder es requisito indispensable para una Revolución.
Cuando el pueblo humilde pare un líder, éste lo resume, es su reflejo. El líder es el hilo imprescindible para atravesar desiertos, turbulencias y laberintos, es el que le da coherencia al proceso, a la sucesión de Revoluciones.
La lucha de clases en su fase revolucionaria, ese formidable choque de los mundos que cada clase representa, produce tal desajuste social, tal conmoción dentro de las clases en pugna, que sin un líder, sin esa cohesión, el proceso se diluiría en millones de chispas sin ningún sentido. Así, el choque de clases siempre se resolvería a favor de la clase dominante, que posee el aparato espiritual y militar, la tradición para el sometimiento.
El líder es la conexión del proceso con la realidad, sin él todo quedaría confinado al escritorio de los eruditos, el pueblo humilde, sin el sentimiento que lo moviliza, se replegaría a la lucha por la sobrevivencia cotidiana, y se produciría la desconexión entre teoría y práctica, táctica y estrategia, que es fundamento de la dominación.
Contar con un líder es garantía del tránsito seguro a través de la vicisitud que la Revolución supone.
El aparecimiento de un líder es un hecho milagroso, la conexión con el pueblo es difícil de establecer, sus causas aunque muy investigadas son poco conocidas. Cuando la conexión líder-pueblo surge es un deber protegerla.
En Venezuela la Revolución tiene la cohesión de un líder, eso es garantía de avance por sobre cualquier obstáculo.
Las elecciones parlamentarias evidenciaron el cambio que se venía generando en el seno de la sociedad. Los avances del proceso producen deslindes, atrás van quedando los que no quieren ir hacia el Socialismo, los que sólo se atreven a pañitos calientes, a tremendismos, a cambios de maquillaje.
Ya vimos lo que pasó con henry falcón y el ppt, terminaron en la mesa de la derecha. El hecho no es casual, se trata del agrupamiento natural de las ideologías. Allá en esa mesa se encuentran los que defienden el capitalismo en cualquiera de sus camuflajes. Están los capitalistas asumidos como julio borges, hasta los avergonzados de última hora.
Se puede decir que los “reformistas-revolucionarios”, esa rara mezcla, sueñan en las noches con la convivencia en la mesa oligarca. Es así porque tienen afinidad ideológica, se atraen mutuamente. En esa dirección se irán todos, esa es su naturaleza.
La Revolución entra en una encrucijada, hay inmensas posibilidades de avanzar, pero también de retroceder, de cometer incomprensiones que nos lleven al pasado. Vivimos época comparable con la Chile de Allende, o los primeros meses de la Revolución Cubana, o del Bolívar de 1830.
El pueblo de Colombia no comprendió la grandeza del Libertador, pecó de crédulo, y Bolívar terminó en San Pedro Alejandrino. En Chile los movimientos revolucionarios no entendieron con suficiente fuerza la necesidad del líder como alma del proceso, y esa debilidad abrió camino a pinochet. El pueblo de Cuba reconoció a Fidel, lo acompañó, y cuando éste renuncia en la crisis de Urrutia, le apoya, lo respalda, y abre las puertas a la Revolución Cubana hasta estos días.
La oligarquía agrupada en la mesa intenta manipular al pueblo humilde y a las filas bolivarianas, quieren que nos comportemos como soldados bisoños, fáciles de desmoralizar. Es impresionante la andanada de desinformación que nos llueve cada día. Es una campaña muy bien diseñada por los tanques pensantes gringos.
Quieren dividirnos, difunden rumores para profundizar grietas, siembran dudas sobre los dirigentes, estimulan debilidades, halagan vanidades, confunden con ideas disolventes, atacan a Chávez por todos los flancos.
A pesar de ellos, vivimos una magnífica oportunidad para seguir adelante: es en las encrucijadas que las revoluciones se mueven, saltan, resuelven la crisis hacia adelante. Esa es la situación de hoy, vivimos la oportunidad de consolidar el camino.
Hoy transitamos momentos estelares para la Revolución, debemos aprovecharlos. Para esto es necesaria mucha disciplina revolucionaria, la que señala los errores, las fallas, reconoce los triunfos, los avances, y nunca por su acción pone en peligro el proceso, sabe que dentro de la Revolución y con Chávez todo, fuera de la Revolución y sin Chávez nada.
Nunca antes en la historia de Venezuela se había presentado una oportunidad de Revolución como la que hoy vivimos. Transitamos época fundacional, similar a la de la independencia, debemos sentirnos orgullosos y privilegiados de tener la oportunidad participar en la batalla más importante de la patria y la humanidad.
Y por sobre todo, en estos momentos de encrucijada, cuando la Revolución, la Patria y la Humanidad más nos necesitan, es indispensable la Fe en el líder. Sentir que San Pedro Alejandrino no puede repetirse, que no podemos dejar que nuevamente abusen de nuestra credulidad, que sería condenarnos a ser cómplices del asesinato de la humanidad.