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No es difícil detectar intenciones golpistas oligarcas: ellos anuncian sus planes, así lo hicieron en abril y en diciembre. Es suficiente leer las señales para darse cuenta de sus propósitos. Veamos.

Diego Arria, connotado agente imperial, que fue presidente del Consejo de Seguridad de la ONU, cargo de absoluta confianza de la oligarquía internacional, es vocero antichávez por todo el mundo, publica en la Revista “Poder 360” un artículo abiertamente golpista. Dice Arria:

“He comprobado lo difícil y hasta  lo peligroso que resulta contradecir a algunos voceros opositores que no perciben la gravedad de la coyuntura política. Que no aceptan que nuestro problema desde hace tiempo dejó de ser sólo electoral. Que  vivimos bajo la bota de un régimen militarizado y dictatorial que sepultó la democracia. Por este motivo no aceptan que la mayor exigencia que enfrentamos no es de naturaleza electoral, ni se resolverá con procedimientos electorales (tarjeta única o múltiple, como sugerí en el pasado). El problema de Venezuela es de naturaleza política, y sólo podría resolverse si actuamos en un frente unido de resistencia, que vaya más allá de activarnos sólo con fines electorales. Esto, por supuesto, exige un verdadero consenso”.

No hay dudas, el imperio dio la orden de yugular a la Revolución, de esclavizar de nuevo al país, de tumbar a Chávez. En Facebook, Arria habla de un destino similar al de Noriega.

Las medidas no se hacen esperar, los agentes oligarcas internos, sumisos, dan los pasos desestabilizadores que el imperio les dicta: intentan agrietar a la FAN, por eso han levantado la acusación de “Traición a la Patria ”.

Con esto pretenden justificar cualquiera acción violenta. Es un guión que viene de los halcones gringos, Arria lo confirma, y se desarrolla con precisión de campaña militar.

Primero avanzó el general rastrero, éste acusó la presencia de cubanos y dictaminó “traición a la patria”.

Luego el partido de Rosales mueve a Enrique Ochoa, uno de sus malignos, para demandar en el Tribunal a Chávez y a los altos mandos militares por “traición a la Patria.”

Está claro que los oligarcas que enarbolan banderas gringas, llaman a invasión a la séptima flota, tienen su cuartel general en Miami, apoyan las bases gringas, es obvio que no están preocupados por la Patria, todo forma parte del macabro guión.

El grupo 2D de bobolongo, ataca el domingo con un comunicado lleno de hipocresía dando otro paso hacia el desenlace golpista: hablan de la soberanía en peligro y de respeto a la Constitución. Se les olvidó que en abril dieron un golpe con complicidad gringa y derogaron la Constitución que hoy dicen asumir.

Las señales están claras, los campos se perfilan nítidos. Los oligarcas se decidieron por la vía violenta, todas sus acciones se subordinan a ella. Los vacilantes se quedan en un limbo esperando ser perdonados por el monstruo fascista que se asoma.

Recordemos las declaraciones de Quiroz, del general Ochoa Antich, las insinuaciones de Rosales, los gritos del renegado Carlos Blanco, los requiebros de Teodoro. Todos llevan agua, a su manera, al mismo molino del imperio.

Y la última señal la envía Fedecamaras, organismo de clara vocación golpista que agrupa a los empresarios. El día 6 de Mayo aparece con un comunicado idéntico al aprobado el 5 de marzo del 2002 en la Quinta Esmeralda, cuando se firmó el pacto que desembocó días después en el golpe de abril.

A los Revolucionarios no nos queda otra opción que avanzar en el Socialismo. Arrasar en septiembre. Ya los candidatos se conocen no existe excusa para no votar por ellos. Debemos votar por ellos que son los candidatos de Chávez, no podemos permitirnos una derrota en septiembre, que sería desastrosa, casi aniquiladora del proceso.

Las señales de peligro son precisas, definidas: los susurros a los militares abundan y son descarados, anuncian con claridad el abandono de la paz y el impulso a la vía violenta. Preparan un golpe.

¿Qué debe hacer la Revolución con urgencia?

Primero, dotar al pueblo de razones sagradas por las cuales luchar. Definir claramente al Socialismo de la única manera que se puede definir: como un sistema social que rescata la convivencia entre los humanos y de éstos con la naturaleza, un sistema que integra nuevamente a la Sociedad y restituye la Conciencia del Deber Social, el sentido de pertenencia a la sociedad.

Darle coherencia a la construcción socialista, fundamentar los cambios de la conciencia en la hegemonía de la Propiedad Social de los Medios de Producción administrados por el Estado Nacional.

Sólo así tendrá sentido la Conciencia del Deber Social, dejará de ser una ilusión, un sarcasmo. No es posible la Conciencia del Deber Social fundamentada sobre una propiedad parcial, cualquiera sea la forma que ésta adquiera. Las propiedades parciales ya las conocimos, allí están las experiencias: la cogestión, las Empresas de Producción Social, las cooperativas, los obreros accionistas…tarde o temprano se enfrentan a los intereses de la sociedad toda. Las propiedades parciales dan origen a pequeñas sociedades muy egoístas.  Nunca sobre esas propiedades, que siempre funcionan como entes capitalistas, se podrá construir una Conciencia del Deber Social, una Conciencia Socialista.

Y sólo la construcción de esta Conciencia movilizará al pueblo, lo transformará de una masa amorfa que sirve al capitalismo, a una masa conciente, organizada, capaz de entender las luchas por su emancipación. La Revolución es primero y fundamentalmente un hecho espiritual, es allí donde se decide la batalla por la redención del humano. Se equivocan los que piensan que el centro de la contienda es lo material.

El deber de los revolucionarios es guiar la construcción de la Conciencia del Deber Social y la hegemonía de la economía que con ella se entrelaza. El deber de los revolucionarios es la formación del pueblo, guiarlo en su emancipación.

Esta Revolución, que se prepara para enfrentar el reto más importante de su historia, cuando ha avanzado hasta una encrucijada de definición que genera una entente oligarca que la amenaza, necesita blindarse espiritualmente para que pueda protegerse organizativa, militar y económicamente. Desechar los extravíos que proponen sustentar el Socialismo sobre formas económicas, organizativas (sociales y políticas) que fragmentan, en lugar de integrar.

No podemos darnos el lujo de desechar la experiencia revolucionaria universal, la teoría que de allí emana, no podemos olvidar las enseñanzas del Che, no podemos descartarlas con el argumento reaccionario de que son otras épocas. Con ese mismo argumento podríamos desistir del Libertador, de Zamora, de Simón Rodríguez, y con más razón de Cristo. El pensamiento revolucionario es un río que se nutre a sí mismo, alimenta sus pasos, tiene continuidad. Si se trunca, si se pierde la perspectiva histórica, si abandonamos su curso, seguro nos espera el fracaso.

Tanto daño hace a la Revolución los ataques externos, como las propuestas de extravíos que nos debilitan y confunden. No existe Socialismo sin Propiedad Social de los Medios de Producción administrados por el Estado y sin Conciencia del Deber Social. Y sólo el pueblo organizado en un tejido social y político que vaya de lo capilar a lo nacional podrá construirlo y enfrentar al imperio.

El Socialismo no es un hecho espontáneo, así como la organización popular es un acto conciente, necesario para dar conquistar la conciencia. Sólo el pueblo conciente, organizado, guiado por la ideología del proletariado podrá construir el Socialismo y defenderlo de los ataques oligarcas.