
La Humanidad está en camino de su extinción, la desaparición de la especie no es una premonición, las señales son claras y no obstante la humanidad da muestras de continuar en su vocación suicida. La advertencia de Fidel en Río de Janeiro cuando nos dijo en la Conferencia Internacional sobre el Medio Ambiente convocada por la ONU, en 1992: "Una especie está en peligro de extinción: el hombre". Hoy los mejores científicos nos alertan del peligro, y hasta el Papa, nos alerta de la amenaza del cambio climático.
Al final del año 2009 concurren dos hechos importantísimos que reafirman el rumbo autodestructivo que el capitalismo impone a la humanidad.
El primero, la Cumbre de Copenhague, donde los países más desarrollados del planeta aceptan que el impacto de la civilización sobre la ecología mundial es inconciliable con la vida, se estableció con claridad la gravedad de la situación… y para asombro, no se tomaron medidas para rectificar el camino.
El capitalismo demostró que es incapaz de corregir el rumbo suicida, quedó claro que la humanidad, de permanecer en el capitalismo, desaparecerá.
Los países, con honrosas excepciones, permanecieron en la lógica del capital: ¡El énfasis fue en el presupuesto para remediar el desastre, y no en solucionar el rumbo suicida!
Los países suicidas salieron satisfechos con el éxito de sus artimañas burocráticas: reuniones clandestinas, segregación de la disidencia, corte de luz a los discursos, documentos forjados. Pero la realidad siguió su curso. El evento confirmó los vientos de mal agüero.
El segundo hecho alarmante fue el discurso de Obama recibiendo el Premió Nobel de la Paz. Veamos sólo un párrafo para darnos cuenta de la amenaza del imperio.
“Pero en mi calidad de jefe de Estado que juró proteger y defender a mi país, no me puede guiar solamente su ejemplo (de Gandhi y King). Enfrento al mundo como lo es, y no puedo cruzarme de brazos ante amenazas contra estadounidenses”.
… “Debemos comenzar por reconocer el difícil hecho de que no erradicaremos el conflicto violento en nuestra época. Habrá ocasiones en las que las naciones, actuando individual o conjuntamente, concluirán que el uso de la fuerza no sólo es necesario sino también justificado moralmente. ”
Todo el discurso está cargado del cinismo del imperio cuando quiere justificar una agresión contra un pueblo que busca rumbos de salvación.
Los dos hechos muestran el carácter del capitalismo: uno, no atienden el peligro de extinción, y dos, usan la amenaza de la fuerza para imponer su imperio, para proteger su sistema depredador. Ese es el comportamiento de los dueños del mundo, los que imponen el camino suicida.
Esta situación difícil para la humanidad, conducida por el capitalismo, sin ninguna oposición, atrapada en su lógica, en su ética, colonizada espiritualmente, avanzando por la senda de la extinción, esta situación difícil, repetimos, requiere de nuestras mejores reflexiones y acciones.
El capitalismo es hegemónico en el planeta, es casi unánime con pocas excepciones: Cuba, Venezuela, el resto se deslizaron hacia el capitalismo, y miden su desarrollo por el aumento del PIB, y podían medirlo perfectamente por los altos niveles de contaminación. Ya sabemos que China, de ser un país socialista devino en paradigma del capitalismo, lo mismo Rusia, de cuna del Socialismo Soviético pasó a ser un país capitalista más, y para colmo empeñado en reeditar la carrera nuclear, recientemente anunciaron los ensayos con nuevos y mejores cohetes.
Lo primero que debemos preguntarnos es: ¿Somos una especie que merece ser salvada, somos una especie que puede ser salvada, hay esperanza para el humano? Si las respuestas son afirmativas, debemos pasar al segundo grupo de preguntas, las que guían la acción: ¿Cómo? ¿Qué hacer?
Nosotros respondemos que sí, que la especie humana, dueña del pensamiento y del amor, está destinada al excelso papel de ser Dios, guardián de la armonía de la naturaleza, de su equilibrio vital, de su evolución, de su conocerse a sí misma. Esta especie, el hombre, merece ser salvada, y se puede salvar.
Nosotros creemos que el Hombre Nuevo es posible, que la Humanidad Nueva no es una utopía, que el Mundo Nuevo no es una quimera.
Creemos que nos espera una era luminosa cuando la Humanidad se sane de la peste capitalista. Y estamos seguros que a nosotros nos está dado un papel trascendente en este proceso de curación. Veamos.
El imperio capitalista, por boca del Presidente Obama, ha expuesto su filosofía de dominación: el eje de esa dominación es el empleo de su descomunal fuerza militar. He ahí su debilidad.
Los revolucionarios debemos oponer a la fuerza de las armas, la fuerza de las ideas, de la justeza de las ideas, son ellas el eje de la liberación, las que darán fuerza a las armas de la emancipación.
Es un equívoco pensar que las armas dan fuerza a las ideas. Los movimientos que cometen este error están destinados al fracaso.
Pero además este pensamiento equivocado de poner la fuerza de las armas por encima de las fuerzas de las ideas nos conduce a no poder luchar, liberarnos del imperio que tiene armas sofisticadas y atómicas. Si las armas prevalecieran no habría esperanzas para los países que no posean este tipo de armamento. La derrota del imperio ha sido posible por la fuerza de las ideas, no por las fuerzas de las armas, así lo enseña la historia, Viet Nam, Cuba son ejemplos. Y un poco más lejos, las guerras de independencia en el continente, son una lección de lo que pueden las ideas, de la fuerza del espíritu, de la conciencia.
De allí que la gran tarea de la Revolución Bolivariana es imbuir al pueblo, a la masa bolivariana, de la gravedad del peligro que enfrentamos e involucrarlo en la solución de la batalla. Ganarse el alma del pueblo para la causa de la defensa de la vida, y relacionar esa defensa con los problemas cotidianos, que entiendan que dentro del capitalismo no hay esperanza ni de sobrevivencia de la especie, ni de resolver los pequeños problemas de la existencia.
Sea cual sea la solución al dilema existencial que hoy afrontamos, siempre pasará por una inmensa movilización del pueblo. Es impensable una solución sin la participación activa del pueblo, sin su sacrificio, sin su ejemplo, su comprensión. Porque una de los requisitos de la solución al problema del cambio climático es el cambio drástico de nuestro sistema de necesidades, y a la manera como satisfacemos nuestros requerimientos. La humanidad no puede seguir comiéndose, desbastando al planeta.
Esa es la tarea principal del PSUV: movilizar al pueblo alrededor del reto existencial que hoy confronta la humanidad. Señalar al capitalismo como culpable de la tragedia ecológica, relacionarlo con los problemas cotidianos, y exponer al Socialismo como la solución de todos estos males.
Debemos ser ejemplo para el mundo, demostrar que hay futuro, que una sociedad puede liberarse de la lógica del capitalismo y rescatar la armonía con la naturaleza. Estamos llamados a ser guías para los pueblos de los países desarrollados. Sabemos que sin el concurso, sin el esfuerzo de esas sociedades, todo será vano.
Para eso es necesario creer en este pueblo, saberlo capaz de saltos heroicos, de entender la necesidades históricas, de elevarse por sobre lo pequeño, de reeditar las gestas de los próceres.
Hay que intentarlo, correr el riesgo. Debemos romper el círculo infernal del halago electoral, de la situación perversa de convocar al pueblo a elecciones donde sólo se percibe lo inmediato: quién da más.
Hay que decirle la verdad al pueblo, sacarlo de la mezquindad del entorno, convocarlo para la grandeza de lo universal, demostrarle que sólo siendo grandes, y dando en grande, podremos resolver los pequeños problemas.
Es nuestro deber hacerle llegar el grito desesperado de la naturaleza que muere, tener fe en que, como en la época de la independencia, acudirá al llamado.