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La Revolución Bolivariana es víctima de un inteligente asedio imperial. No es convencional, se fundamenta más en nuestras debilidades que en la fortaleza del enemigo oligarca.

Ellos tienen mucho tiempo aprovechando y estimulando nuestros errores: minan nuestras bases espirituales, impiden su consolidación. Veamos.

La fragmentación social es la base cultural del capitalismo, allí se asienta una moral, una ética que lo defiende, impide el avance del Socialismo.

El capitalismo se caracteriza por altos grados de agresividad individual, es lo que los clásicos llaman la “guerra de todos contra todos” o “el hombre lobo del hombre”.

Esta violencia intrasocial está en todas partes, y hace que el signo de los tiempos sea la división, la falta de fraternidad, el egoísmo, el individualismo en todas las manifestaciones de la vida social.

Todas las relaciones humanas, en mayor o menor grado, están signadas por esta violencia. Se manifiesta en el tráfico de las ciudades, en el metro,  en los barrios, en la clase obrera, en la vida de los partidos políticos y en la familia.

En resumen, la agresividad, la violencia, la autodestrucción de las instituciones sociales, surgen con asombrosa facilidad. Ante algún problema, una adversidad, una incomodidad, la reacción inmediata, inconciente, es la agresión, destruir la fuente del obstáculo, sea este un humano o una cosa. Este comportamiento es cotidiano.

La cultura hegemónica está al servicio de la desunión: estimula, soporta al egoísmo que ya tiene su base económica en la propiedad nosocial. La desunión es la más importante línea de defensa del capitalismo, se sitúa en los pilares del alma colectiva, actúa de manera espontánea, automática.

Basta recordar que la superación del capitalismo será, tiene que ser, una tarea colectiva de UNIÓN de los humanos, y que la construcción del Socialismo, esencialmente, es la creación de esa fraternidad para darnos cuenta de las barreras formidables que son la ética y la cultura egoísta del capitalismo.

Es labor de la vanguardia, de los dirigentes revolucionarios, educar al pueblo humilde en la nueva Cultura de la Fraternidad Socialista. Sin ella no será posible la UNIÓN, y sin unión no puede haber Revolución.

Si frente a una adversidad, una falla, una equivocación, ejercemos la lógica capitalista, si inmediatamente empuñamos la espada del verdugo e invocamos cortes de cabeza, nos comportamos como el destripador, estaremos inevitablemente estableciendo relaciones de canibalismo entre nosotros, cacerías de brujas, debilitando la fraternidad que es debilitar el hecho revolucionario en sus raíces.

Una de las más importantes características de esta Revolución es su magnanimidad: aquí no se ha perseguido a nadie, no hay guillotinas, ni físicas ni morales, al contrario, quizá se ha perdonado en exceso. Esa es una de las fortalezas de la Revolución: ha cuidado de sus hijos,  a todos, hasta los malos hijos.

Así debe ser, firmes con el enemigo, con los saboteos, con la corrupción, pero evitar los linchamientos ligeros, el canibalismo alimentado por la lógica y la moral capitalistas.

La Moral Socialista es indispensable para vencer el asedio capitalista y para crear al Socialismo. Ahora bien ¿cómo imbuir al pueblo de esa nueva moral, cómo educarlo y derrotar la moral, la ética del capitalismo?

La base material de la Moral Socialista es la hegemonía de la Propiedad Social de los Medios de Producción administrados por el Estado, sólo esta forma de propiedad puede soportarla.

El proceso ha avanzado en la fundación de esta hegemonía material: las nacionalizaciones de tierras, de empresas, el control de cambio, todos son pasos importantes en este camino. Ahora debemos completar el cuadro con la consolidación espiritual, es decir, el establecimiento de la nueva moral, de la nueva cultura.

La generalización, la Socialización de la Moral Socialista, es una batalla frontal contra la moral egoísta con siglos de colonización del alma colectiva. Dependerá de muchos factores, algunos, y no en orden de importancia, serían:

Uno, el ejemplo de los dirigentes. Los dirigentes lo son, principalmente, porque son creadores de opinión, paradigmas morales, ejemplos a imitar. De allí que su conducta tiene un papel importantísimo en la educación de la masa. Lo que ellos hagan será visto como guía.

Lo mismo vale para las instituciones: lo que ellas avalen, como se comporten, influirá en el espíritu de las masas.

Dos, los medios, televisión, prensa, cine, etc., son poderosísimos instrumentos de educación, llegan a rincones del alma colectiva que difícilmente son tocados por otras vías. Tienen la capacidad de crear ficciones que sustituyen a la realidad. Los medios tienen tanto poder que no pueden ser frente de batalla dejado a la improvisación, al descuido, la Revolución debe usarlos con mucho rigor.

Lo anterior es muy importante para la formación de la nueva moral, pero por sobre todo está la educación del hombre. Ésta sólo se consigue haciendo, construyendo, transformando su entorno. Aquí cobra importancia fundamental la movilización alrededor de objetivos políticos altruistas.

De la masa así movilizada, en la calle, juntos, alegres, brota desde lo hondo un espíritu de fraternidad inexplorado en situaciones normales. El hombre y la masa reconocen su verdadera esencia amorosa, se abren vías para el encuentro, los desconocidos se hermanan, se olvidan rencillas pequeñas, se esfuman rencores sin sentido. Se prefiguran las relaciones de la nueva sociedad. La movilización es una incomparable escuela.

El Trabajo Colectivo Voluntario es el otro pilar de la formación de la nueva moral, del nuevo espíritu, de la nueva relación entre los humanos.

Es el Trabajo Colectivo Voluntario el ejercicio de la nueva relación entre los humanos, allí la labor común es terreno para la realización plena de la individualidad. Es el reencuentro del hombre con el fruto de su trabajo, es la superación de la enajenación. El producto del trabajo colectivo voluntario es utilidad social y no mercancía.

La labor de elevar la Moral Socialista es de vida o muerte, sólo con ella podremos enfrentar con éxito los formidables embates del capitalismo.

Hoy estamos atravesando uno de estos ataques: los medios oligarcas se han confabulado contra un pilar de la Revolución, contra PDVSA, PDVAL, han conseguido crear una ficción con el asunto de los alimentos con el vencimiento cumplido. Han convertido una mentira en una verdad, en mucho hemos ayudado nosotros mismos. Ellos dicen que los alimentos están podridos, mentira, ellos dicen que hay mafias, ¿dónde están? Sólo en las páginas de sus diarios.

Los medios oligarcas han creado culpables, exponen a la picota a gerentes y empleados de PDVAL y de PDVSA, sin ninguna prueba.

Esta actitud delincuencial de los medios oligarcas, que corren riesgos de demandas en los tribunales, este resteo de ellos que siempre se cuidan de no atacar de frente, o curarse en salud diciendo presunto, esta actitud audaz nos orienta a pensar en un plan mucho más allá de los contenedores, sin duda se trata de una operación de desestabilización, desmoralización previa a una acción violenta.

Lo lamentable es que revolucionarios desprevenidos le sirven de comparsa a estos planes, repiten como loros las mentiras de los oligarcas, participan de la cacería de brujas. Obedecen de manera inconciente a la lógica que el capitalismo ha sembrado en la sociedad a través de siglos de manipulación.

Instalar la nueva moral revolucionaria es el reto más importante de esta Revolución.