Editoriales

Neftalí Reyes

Manuel Cabieses

Rosa Tristán

Reflexiones de Fidel

Discursos

Entrevistas

Libros por Entrega

Poemas

Caricaturas

Artículos Especiales

Contáctanos

Ir a Página Principal

¿CONTROL OBRERO, O CONTROL DE LA CLASE OBRERA?

Por: Neftalí Reyes

Para dar respuestas al asunto es necesario revisar la esencia del capitalismo, su diferencia con el Socialismo, y recordar  la historia de la participación obrera en la Revolución Bolivariana.

Un nombre más apropiado para el Sistema capitalista es: Fragmentalista, el término dice más, si consideramos que la fragmentación es la esencia del capitalismo. Veamos.

El capitalismo se sostiene en la desintegración de la sociedad, dividir es su consigna, aísla al humano de los otros humanos y de la naturaleza, convirtiéndolo en partícula, desintegra su actividad, lo extraña del producto de su trabajo, lo confina a su entorno, lo hace mezquino.

El espíritu del humano del capitalismo también sufre despedazamiento. El capitalismo enseña a pensar como especialista que pierde la dimensión del hombre integral, es incapaz de relacionar ideas y conceptos, de percibir la totalidad. Este hombre, que algún pensador llamó unidimensional, se convierte en sólo un añico de su potencialidad.

La economía basada en la propiedad nosocial de los medios de producción, en la competencia, es base material para este desgarramiento social. Priva a la Humanidad de su relación con la naturaleza, que ahora es mediada por el capitalista. Separa al hombre del producto de su trabajo. Impide el control de la sociedad sobre la economía, todo queda a merced de la compra y de la venta. Convierte al humano en una mercancía que debe ir al mercado inclemente a pujar por el derecho a vivir.

La fragmentación es la base del capitalismo, y tiende sus raíces hasta los más profundos abismos del alma humana. El hombre del capitalismo es un ser despedazado que percibe al cosmos, a su vida, atomizada, las soluciones que propone son parciales, aisladas, individuales o grupales, nunca sociales. Lo social está borrado de su imaginario.

Es así, el principal obstáculo que debe superar la lucha por el Socialismo es el espíritu fragmentador.

Sin pensamiento, sin espíritu integrador, social, no habrá Socialismo, o mejor, el Socialismo es la recuperación del espíritu social, es la reconquista de las soluciones sociales a los problemas cruciales de la humanidad.

La clase social que por su existencia puede recuperar el sentido de sociedad, irradiarlo, es la Clase Obrera. Entonces, podemos postular que el avance de un proceso socialista estará dado por el avance del espíritu, de la ideología integradora dentro de la Clase Obrera. Y es lícito postular que la batalla definitoria de una Revolución ocurre en el interior de la Clase Obrera, allí se debaten el espíritu integrador socialista, proletario, contra las desviaciones propias del pensamiento capitalista fragmentador heredado. Muchas revoluciones después de haber superado grandes obstáculos en el camino hacia el Socialismo, han sucumbido en esta batalla decisiva.

Las desviaciones fragmentadoras se presentan con una lírica revolucionaria, con ropaje proletario, pero siempre son fórmulas que aíslan, que confinan la visión al entorno, sea este un barrio, o una fábrica, en definitiva estimulan el espíritu capitalista.

No es fácil combatir la tentación de las desviaciones fragmentadoras, son más cómodas, con ellas podemos dar la sensación de cambio, tranquilizar nuestra conciencia, hacer como si revolucionamos, cuando en realidad estamos dejando la esencia espiritual capitalista intacta.

En las primeras etapas de la Revolución los obreros lo hicieron sin conciencia de clase, es decir, no tenían metas propias, proyecto propio, no se habían encontrado con su papel histórico. Sólo ahora los obreros encontrados con su ideología pueden esbozar un proyecto nacional.

Esto trae como consecuencia una feroz lucha por la conducción de los obreros, por sus propuestas en relación al Socialismo. Allí, se perfilan dos corrientes principales: El Control Obrero, y el Control de la Clase Obrera.

Para estudiarlos son imprescindibles algunas precisiones teóricas. Es necesaria una definición de Socialismo, sólo conociendo la meta podremos evaluar las propuestas. Veamos.

Socialismo es en esencia la integración social, la recomposición de la sociedad que fue fragmentada por el capitalismo. Es el rescate del sentido de pertenencia a la sociedad, de la Conciencia del Deber Social. Todas las acciones revolucionarias tienen ese fin, o mejor, una acción sólo será revolucionaria si tiene ese fin.

En contraste, la esencia del capitalismo es la desintegración de la sociedad, la pérdida del sentido social, la elevación del individualismo, la guerra de todos contra todos. Todas las acciones capitalistas tienen ese fin, sobre ese egoísmo se sostiene.

Es en la Revolución Cubana, con el Che y Fidel, que se llega a la completa comprensión del Salto Revolucionario. Oigamos a Fidel en el célebre discurso en la Universidad de La Habana en 2005:

“Hubo quienes creyeron que con métodos capitalistas iban a construir el socialismo. Es uno de los grandes errores históricos. No quiero hablar de eso, no quiero teorizar; pero tengo infinidad de ejemplos de que no se dio pie con bola en muchas cosas que se hicieron, quienes se suponían teóricos, que se habían empanfletado hasta el tuétano de los huesos en los libros de Marx, Engels, Lenin y todos los demás.

Fue por eso que dije aquella palabra de que uno de nuestros mayores errores al principio, y muchas veces a lo largo de la Revolución, fue creer que alguien sabía cómo se construía el socialismo.”

Es claro, Fidel se deslindó de los dogmáticos y de los reformistas, y ese rompimiento le permitió alcanzar escalones superiores en el pensamiento revolucionario, romper con las coyundas de la Unión Soviética de Stalin, y desligarse de las fórmulas capitalistas que ofrecían atajos para resolver los problemas sociales.

Fidel encierra toda la idea en un párrafo histórico:

“Y nosotros no debemos traducir el dinero o la riqueza en conciencia.  Nosotros debemos traducir la conciencia en riqueza. Estimular a un hombre para que cumpla más con su deber es adquirir conciencia con dinero.  Darle a un hombre más riquezas colectivamente porque cumple su deber y produce más y crea más para la sociedad, es convertir la conciencia en riqueza.”

Sólo desde este piso teórico estaremos en condiciones de estudiar el dilema del Control Obrero, o de Control de la Clase Obrera.

Los obreros se constituyen en Clase Obrera cuando superan su interés inmediato y consiguen unirlo concientemente con el interés estratégico: la liberación de la sociedad toda, la superación del capitalismo, la construcción del Socialismo. Es una respuesta de toda la clase, no de un fragmento de ella.

El Control de la Clase Obrera se diferencia y se enfrenta al Control Obrero en que surge y se ancla en  una visión social de los problemas, se toma conciencia de que la solución no está en la fábrica sino en la transformación de la sociedad, en la revolución, y esa es su prioridad. En este instante la Clase Obrera hasta ahora comparsa del capitalismo se eleva para ser la rectora del cambio, de la Revolución. Se hace clase revolucionaria.

Aquí vale la pena recordar las palabras de Georg Lukács, cuando dice: …“que una clase está llamada a dominar significa que desde sus intereses de clase, desde su consciencia de clase, es posible organizar la totalidad de la sociedad de acuerdo a esos intereses. La cuestión que decide en última instancia acerca de toda lucha de clases es: ¿Qué clase dispone, en el momento dado de esa capacidad, de esa consciencia de clase?”

El Control de la Clase Obrera significa, entonces, la solución de los problemas de los obreros dentro de la visión más general y más profunda de la solución de los problemas de la sociedad. Es decir, la sustitución del capitalismo.

Así, la Clase Obrera constituida en clase rectora del cambio y de la construcción del Socialismo, toma control del proceso revolucionario a través del Estado que la representa. Y con su ejemplo, con su acción, conduce el proceso.

Su principal tarea es su transformación en Clase Obrera Conciente,  entiende la primerísima importancia de la defensa de la Revolución, del Gobierno Revolucionario, del Comandante Chávez. Entiende que es la oportunidad, de en la práctica, unir sus intereses particulares con los intereses generales de toda la sociedad. 

El ejemplo del Control de la Clase Obrera lo encontramos en la Costa Oriental del Lago, allí los obreros tomaron conciencia de su papel histórico. Partiendo de la visión general, de sociedad, se encontraron y asumieron su compromiso de clase, se hicieron internacionalistas, solidarios, defensores del proceso revolucionario.

Se entrelazan en un solo esfuerzo con los directivos de PDVSA, a través de los Comités de Gestión, los gerentes dejan de ser enemigos de la clase y se transforman, como decía Gramsci, en intelectuales orgánicos.

Y, lo que es más importante, consiguieron en el Trabajo Colectivo Voluntario el instrumento concientizador para ellos y para la sociedad, la manera para llevar a toda la sociedad la conciencia proletaria.

En Resumen, el camino hacia el Socialismo pasa por el Control de la Clase Obrera. Sólo con él podremos superar la mezquindad de las propuestas pequeño burguesas, y podrán elevarse los obreros a Clase Obrera, a Clase Revolucionaria.

¡Sin Chávez no hay Socialismo!