
Las revoluciones no son obras de dogmáticos, ni de reformistas. Tienen un alto grado de análisis del torbellino de la realidad, análisis que requiere navegación sin el prejuicio del dogma o del miedo al cambio, reclama la audacia que sólo brota de la pasión revolucionaria.
Esa pasión hizo posible superar el dogmatismo que dictaba que la Revolución sólo era posible en países con alto grado de desarrollo, y así se abrieron las compuertas de la Revolución Soviética.
La Revolución Cubana, desde sus inicios es una lucha perenne contra dogmatismos y reformismos, allá ha triunfado la emoción, sólo el sentimiento hizo posible que se intentara la Revolución en un país sin desarrollo capitalista, con un proletariado incipiente, a noventa millas del imperio, etc. Y sólo la pasión y la audacia teórica y práctica los llevó al triunfo.
Aquí en Venezuela, mientras muchos se deslizaban al campo enemigo o se refugiaban en la comodidad de un anarquismo declarativo, y otros, los menos, rumiaban su rabia inermes en sus buracos personales, aquí surgió un corrientazo que abrió las compuertas al río de la historia que estaba represado desde Bolívar y Zamora: un grupo de jóvenes, guiados por profundos sentimientos de amor, dejaron todo por ir a buscar la dignidad perdida. Eso fue el 4 de febrero.
Después del 4 de febrero de 1992, el río de la historia arrasó con la parsimonia y trajo consigo los vientos de la Revolución. Desde ese día hemos avanzado en el camino revolucionario, más que nunca y más que nadie.
Ahora es menester un análisis audaz de la situación. Veamos.
Las revoluciones reales, se resumen, tienen como centro a una persona. Así ha sido siempre: Bolívar, Lenin, Fidel, Mao, Lumumba, Chávez, ilustran y afirman el fenómeno. No podemos imaginar esas revoluciones sin sus protagonistas.
Los revolucionarios impregnados de mecanicismos y dogmatismos muchas veces no perciben la importancia del líder. Los reformistas, siempre inventan mil teorías para minar la conexión del líder con el pueblo. Los capitalistas, astutos y rigurosos en sus estudios, detectaron temprano este fenómeno y lo usan para su provecho, asesinan a los líderes: al Libertador, a Sucre, a Zamora, a Fabricio, a Lumumba, Torrijos, Allende.
Ahora la Revolución Bolivariana es objeto de una ofensiva antisocialista que tiene un solo objetivo: debilitar el centro de la Revolución, al Comandante. Expliquemos.
La primera intención es desacreditar a Chávez. Si revisamos las declaraciones de voceros oligarcas, nacionales y extranjeros, encontraremos una línea común que viene desde los tanques pensantes del norte: todos hablan del fracaso del proyecto, de la incapacidad del gobierno y de Chávez, todos anuncian que el gobierno está cayendo. Decretan: “sálvese el que pueda”.
Algunos párrafos de un artículo aparecido en el Washington Post que El Universal reseña nos ilustra la línea dictada por el imperio. Veamos.
"El socialismo del siglo XXI de Hugo Chávez ha sido derrotado y va rumbo al colapso", sostiene en un artículo publicado el lunes en The Washington Post.
Mientras el mundo se concentraba en la crisis en Haití, América Latina, silenciosamente, "vivió un punto de inflexión en el conflicto ideológico que polarizó la región y que paralizó la diplomacia estadounidense durante la última década", agrega la nota.
Señala el diario estadounidense que durante las últimas dos semanas, justo antes y después del terremoto en Haití, Chávez se vio forzado a devaluar la moneda venezolana, establecer y luego suspender cortes de electricidad masivos en la capital de Venezuela, "mientras el país era golpeado por la recesión, una inflación de dos dígitos y el posible colapso del sistema eléctrico nacional".
En el ámbito internacional, en Honduras, "una crisis de siete meses desencadenada por el intento de un protegido de Chávez (Manuel Zelaya) de romper el orden constitucional terminó silenciosamente", con un acuerdo que le enviará al exilio, mientras un político moderado elegido democráticamente asumirá la presidencia.
Por último, pero no menos importante, en las elecciones presidenciales de Chile, la economía más exitosa de la región, se produjo la primera victoria de un candidato de la derecha desde que el dictador Augusto Pinochet fuera depuesto hace dos décadas. El presidente electo, Sebastián Piñera, un empresario y defensor del libre mercado, ya ha hecho algo que ningún dirigente chileno ni la mayoría de los países latinoamericanos ha estado dispuesto a hacer en los últimos años: confrontar a Chávez
Venezuela "no es una democracia", dijo Piñera durante su campaña. "Dos grandes modelos se han formado en América Latina: uno está encabezado por gente como Hugo Chávez en Venezuela, (Fidel) Castro en Cuba y (Daniel) Ortega en Nicaragua... Definitivamente, creo que el segundo modelo es mejor para Chile. Y ese es el modelo que vamos a seguir: la democracia, el estado de derecho, la libertad de expresión, la alternabilidad del poder sin el caudillismo", señaló en su momento Piñera, según The Washington Post.
Piñera sólo estaba diciendo lo obvio, pero dijo más de lo que su predecesora socialista, Michelle Bachelet, o el mandatario brasileño Luiz Ignácio Lula da Silva ha estado dispuesto a decir abiertamente. Ese silencio maniató los gobiernos de George W. Bush y Barack Obama, quienes sentían, con razón o sin ella, que no debían ser los únicos en señalar el ataque de Chávez contra la democracia. "Piñera ya ha facilitado a Washington una oportunidad para denunciar las violaciones de derechos humanos en Venezuela", agrega el artículo.”
Esta es la línea del norte que repiten los agentes de todo el continente. Intentan confundir al pueblo, ganar las parlamentarias, y desde allí desarrollar el golpe fascista.
Al lado de esta corriente está la vertiente del golpe tradicional, que por ahora parece no tener fuerza, y se limita a una labor de distracción. El reformismo interno, siempre ambiguo, contribuye a la debilidad.
El deber de la Revolución es defender al Comandante. No hay Revolución posible sin Chávez.
El ataque final contra la Revolución Bolivariana ya fue decretado por la administración Obama. Quedaron atrás las ilusiones de los cándidos. Al avanzar la Revolución las definiciones se profundizaron, ahora sabemos con quién y hasta dónde cuenta la causa socialista.
El objetivo principal del imperio es el Comandante, saben que sin él la Revolución será irremediablemente derrotada. El deber de la Revolución es defenderlo.
Aquí surge una pregunta: ¿Cómo defender a Chávez?
La respuesta es una sola: ¡Defendiendo al Socialismo, impulsándolo!
Los dos, Chávez y el Socialismo, son componentes de una misma causa, los dos se complementan, se influyen, la suerte de uno es la suerte del otro.
Entonces, veamos cómo impulsar al Socialismo, cómo defender a Chávez. La única manera, hoy, es construir Zonas Socialistas, que bien podríamos, de acuerdo a lo dicho, nombrar también Zonas Chavistas.
En las Zonas Socialistas, Chavistas, las relaciones humanas y económicas son socialistas. Es decir, los medios de producción son de Propiedad Social administrados por el Estado, de acuerdo a una Planificación Central. Estos son requisitos indispensables para la construcción socialista, sin ellos no es posible elevar la Conciencia del Deber Social. Esta conciencia se sustenta en el trabajo para toda la sociedad, imposible en el trabajo para una fracción de ella.
En las Zonas Socialistas se establecen relaciones humanas de acuerdo al precepto “de cada uno según su capacidad y a cada uno según su necesidad”. Éstas, al tener una elevada conciencia, serán guía y ejemplo para el resto de la sociedad. El trabajo dejará de tener la compulsión de la necesidad de sobrevivencia, y al ser trabajo para la sociedad, al ser destinado para satisfacer necesidades y no al lucro de los capitalistas, el trabajador dejará de ser un extraño para el producto de su trabajo: sabrá su destino y su finalidad, así tendrá la satisfacción del deber cumplido, se adquirirá sentido social. El humano se reencontrará con la humanidad y con él mismo.
La relación entre las fábricas será la relación de unidades productivas que pertenecen a una misma causa. Entre ellas no habrá intercambio de mercancías, sino de necesidades. Se regirán por El Sistema Presupuestario de Financiamiento que implementó el Che en Cuba.
Estas Zonas Chavistas sólo serán posibles si la Clase Obrera supera la etapa del economicismo y da el salto hacia la construcción del Socialismo, que es su mayor reivindicación.
¿Qué pasará si no somos capaces de construir las Zonas Socialistas?
Al no construir las Zonas Socialistas, dejaremos al Socialismo en una situación de debilitamiento progresivo, sin existencia real y concreta, sin contornos definidos, a merced de las formas antisocialistas propuestas por reformistas y oligarcas, y a los planes políticos que de ellas se desprenden. El proceso entrará en una espiral descendente, recordemos que el capitalismo no puede resolver los problemas sociales.
Así, el Comandante quedará expuesto a las fuerzas de la restauración. Poco a poco todos los campos de la Revolución irán debilitándose y la derrota será inevitable.